Domingo de serie

Domingo de serie: The Night Of

posted by Omar Little 4 septiembre, 2016 0 comments
Larga será la noche más oscura

The Night Of portada

Ahorrémonos la vista oral, las diligencias preliminares, la instrucción fiscal, la determinación de la causa…el sujeto puesto aquí en juicio es la serie del verano y de la temporada (hasta la fecha), y sin apelación posible. Vayamos al veredicto también de su única pega: The Night Of debería adoptar el formato de un reality de 24h, en el que se permitiera al espectador seguir en multipantalla las novedades en los tres frentes temáticos, y sus respectivos personajes, mediante esas cámaras que pueblan Nueva York y que tan cruciales resultan para la trama.

Si no has asistido a la pesadilla criminal más apasionante del año, bájate de dónde estés y súbete al taxi de “Naz”.

Lo último de la HBO se atreve y puede con todo. Drama criminal, carcelario y judicial. Dando bandazos de un territorio a otro, estableciéndose, según avanza la trama, mayor tiempo en uno u otro, y siempre saliendo airosa de la tesitura. Empieza como un noir negrísimo, con un piloto de órdago que dispone el tablero para uno de los relatos más pluscuamperfectos vistos en la ficción televisiva reciente: Él, Nasir “Naz” Khan, un joven musulmán a punto de vivir la noche más excitante y dramática de su vida cuando recoge a una problemática chica con el taxi robado a su padre y acaba teniendo sexo tras una buen cocktail de drogas. Los problemas, como siempre, se presentan con la resaca, cuando se despierta y encuentra a la chica brutalmente apuñalada en la cama y a él con una amnesia de un par de dosis de ketamina. A partir de ahí se origina un vía crucis para intentar desmontar lo que parece obvio y evitar una cadena perpetua en Rikers por parte de un picapleitos que se va creciendo con el caso.

Sin embargo, desde esta sugerente base, el producto de la HBO nos transporta a un fascinante y adictivo tour por todas las implicaciones legales, vitales, policiales y morales que conlleva ser acusado de un brutal homicidio. Aunque lo verdaderamente admirable es la pericia y la exactitud con la que se describe cada detalle de esos tres ejes que sujetan la serie, y que cobran entidad a través de los cuatro personajes centrales, con un Nasir que actúa de nexo de unión de esos mundos unidos pero tan dispares.

Gracias a la titánica labor de un curtido en la materia como es el escritor Richard Price (reputado novelista y guionista de The Wire y El color del dinero) se nos abre la puerta a las comisarías de Manhattan, a la trastienda del oficio de abogado, a las cortes, y a Rikers Islands, la prisión más salvaje (y segura) del área neoyorquina. En todas sus áreas de acción The Night Of no solo se sale como un producto de un realismo abrumador y absorbente, sino que en algunas de ellas, la carcelaria y la policial, por ejemplo, marca un techo en la ficción respecto a aproximaciones hiperrealistas. Los diálogos, los personajes, o el más mínimo detalle en la descripción de esos ambientes respira una autenticidad que solo es reproducible por el que ha palpado esas realidades de primera mano. Ni el logrado acabado cinematográfico de tonos oscuros de la serie logra sonsacar al espectador de esa ficción empujando las puertas de la no ficción en cada tramo. Un apunte al natural que en televisión habíamos presenciado guiados por David Simon, y ya.

Y luego está John Turturro, demostrando de nuevo lo colosal que es como actor en lo que probablemente sea uno de los mejores papeles que se le ha ofrecido. Desde el pasado domingo un personaje catódico al que dar entrada al Hall of Fame de la televisión norteamericana. Porque su picapleitos de moral inquebrantable, corazón blando y justo, y curtido con el desprestigio en su campo profesional y unas alergias cutáneas terribles que lo llevan a lucir look de vagabundo, roza lo milagroso. Desde su encariñamiento inicial con el acusado recién esposado y completamente desabrigado en esta fría celda de la comisaría, hasta toda la parte en que se convierte en atrevido investigador por cuenta propia, hasta obviamente, la preparación del juicio y ese speech final que enmudece hasta un berrinche de Belén Esteban, entran de lleno en el panteón de la ficción contemporánea.

No se queda muy atrás Riz Ahmed en el papel de ese chico inocente que el encuentro más inesperado, y lo que prometía ser la noche de su vida, le lleva a un infierno cuyas consecuencias (como se ve en el desalentador epílogo) son irreparables. Un daño físico, moral, espiritual y mental que a medida que se complica la trama, vamos viendo como hace mella en él sin poder remediarlo. Un caso más en la negra historia judicial de los Estados Unidos, donde inocentes pagan el plato de la ineficiencia, las prisas y la presión de otros. Y ahí precisamente radica otro de los grandes logros del serial, el de mantener constantemente la duda alrededor de la culpabilidad del acusado en el que observa. Cada nueva prueba,  cada mentira, cada recoveco de su pasado descubierto siembra nuevas dudas, mientras vemos como su YO en el entorno carcelario con la ayuda de su mentor y protector (el siempre enorme Michael Kenneth Williams) lo va llevando a un callejón sin salida, donde se sobrevive a base de lapidar el futuro y extirpando cualquier brote de bondad e inocencia.

Porque The Night Of, al fin y al cabo, es una serie humanista y moralista. Hay trazos obvios de Serial, Making a murder, The Wire, la literatura policíaca del co-creador Richard Price, incluso de Malas Calles en el piloto, pero también de Dickens, y hasta de Zola. En ese final donde todas las almas convergen en bondad y una ética irreprochable – quizá la única nota no realista de la serie, bueno eso, y ciertos tramos forzados como el abogado John Stone jugándose la vida persiguiendo a Duane Reade, o la facilidad con la que Naz se pasa a malote en la prisión y empieza a endurecer su físico- se evita el malditismo y la tragedia tan propias del género negro – aunque la cuota la llena Naz con su inadaptación fuera de prisión y su destino abocado al mundo de las drogas y los trapicheos -para dejar salir un rayo de luz de esperanza – de ahí ese milagroso plano final que encapsula el drama y la comedia siempre implícitos en el personaje de John Stone -, la primera señal lumínica tras un descenso a los infiernos. Larga y vibrante fue la noche más oscura.

8,5


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