Domingo de serie

Domingo de serie: Transparent (Amazon)

posted by Omar Little 28 diciembre, 2014 0 comments
A dysfunctional modern family

Transparent

Amazon ha aterrizado en la ficción norteamericana para patear algunos culos, pispar varios fajos de dólares más de las carteras de los contribuyentes y poner en alerta programadores y jefes de producción de otros actores en el juego. Y esa entrada se ha producido de la mejor manera posible, tanto para inversores, como para usuarios/espectadores. No han necesitado de los servicios de David Fincher y Beau Willimon, ni del jeto de Kevin Spacey ni Robin Wright Penn para llamar a la puerta de los grandes. Se han colado en la liga con una ficción austera, sin caras conocidas, de duración breve, que sin embargo ha ido calando en la seriéfilia gracias al boca y oreja, hasta el punto de colarse en la próxima edición de los Globos de oro con dos merecidísimas nominaciones en el apartado de comedia. Este triunfo responde a Transparent, y es una de las mejores series de este 2014 que abandonaremos en un respiro.

Si aún somos incapaces de borrar el aspecto “trans” de Dustin Hoffman en Tootsie, y del malogrado Robin Williams en Sr. Doubtfire, ya debemos sumar al imaginario colectivo las pintas que se marca el enorme Jeffrey Tambor como Maura Pfefferman. Centro sobre el que gravita este relato, pero no su único polo de atracción. Todo arranca en el momento en que el padre de una familia judía, poco ortodoxa, decide rendirse a la llamada interna del transexualismo tras años de mantenerlo oculto a sus seres queridos. Una noticia que alterará la de por si enredada convivencia de los miembros de esta familia norteamericana alejada del prototipo más clásico que explotan la mayoría de sitcoms.

No hay que caer en el error de pensar en el primer referente que se cruce en la cabeza, como podría ser Las aventuras de Priscilla, reina del desierto – la película que más palo da ver de la historia (¿está bien?)- porque Transparent es Maura, pero también las reacciones que desencadena en sus tres hijos el descubrimiento de que su padre es una “loca” de tomo y lomo, y que a partir de ahora deberán cambiar el chip de dirigirse a su padre como “ella”. De hecho, es donde la serie sonsaca algunas de sus más divertidas notas… en cómo cada hijo recibe y acata el notición.

Pero el transexualismo del padre es solo el nexo para aglutinar las relaciones de esta familia disfuncional y entrar en materia con la psicología que define a cada uno de sus miembros, a cada cual más campeón: La hermana mayor que decide romper con su matrimonio para abrazar de nuevo un antiguo amor lésbico, el “fucker” del hermano mediano, más desamparado emocionalmente que el personaje de Michael Fassbender en Shame, que ansia desesperadamente encontrar algo de amor entre sus conquistas de lecho, y por último una hermana menor que se mueve un poco en el rol de la oveja negra, como la desplaza, ignorada, y a veces, menospreciada de las piezas que componen este divertido fresco familiar.

Lo más reconfortante del producto ideado por Jill Soloway es comprobar la facilidad por saltar del drama más discreto y elegante (prodigioso en ese sentido la secuencia final del capítulo 9) a la comedia más entrañable, chisposa y descantillada, creando con la fuerza de ambos polos un producto que se desenvuelve igual de bien como tierno, que como delicioso o conmovedor retrato de una familia entrañable y especial. En buena parte por la gran modulación de personajes, a los que corresponden perfectamente cada uno de los actores implicados, que logran que el espectador se identifique con ellos a pesar de que sus vidas (en la mayoría de los casos) estén separadas por millas. Pero también rezuma brillantez los agudos diálogos, en que son capaces de sacar virutas de oro cómicas con la simple confusión genérica que produce la nueva identidad del pater familias, o también a través de la ingeniería narrativa utilizada que da pie a situaciones enrevesadas y tensadas, que por acumulación, terminan por estallar en un hermoso clímax cómico, como es el caso, de todo su esplendoroso capítulo final.

Ese atino, ese gusto, ese sabor de producto moldeado con mucho tacto y amor se aprecia ya desde el instante en que arranca sus milagrosos créditos iniciales, en los que con una simple montaje de vídeos caseros familiares en tono sepia, y una deliciosa melodía barnizando por encima, son capaces de tocar la fibra emocional del espectador al enfrentarlo contra su propia nostalgia familiar, pero también contra su propia nostálgica seriéfila, remitiendo a la apertura de Aquellos maravillosos años, un relato con la que la serie de Amazon comparte ese anhelo mágico de recoger en un tono tierno y mágico el mundo interno de una familia. Pero si la serie de finales los 80’s estaba tocada por el halo de la melancolía, el caso que ocupa navega más por un realismo cañero, destapado, que busca deliberadamente desmarcarse de las férreas corazas y bozales que las networks aplican sobre sus productos.

No ponen ningún tipo de filtro al abordar cuestiones sexuales: desnudos integrales, diálogos cargados de chispa, tríos, squirt, y muchos polvos de una sola noche, que de no ser abordadas con la elegancia que destila el producto, hubieran encajado perfectamente como categorías de pornotube.

Y lo aborda con una formula de lo más natural (ese Transparent tan elocuente elegido como título), realista y minimalista, con el mumblecore como principal referente estético, pero también temático por la proximidad de las temáticas y la valentía de abordarlas mediante diálogos y situaciones, pero del cine indie norteamericano en general, con guiño incluido a David Lynch en el capítulo 7.

Lo peor de Transparent, nada se ajusta al deseo del que observa, es lo breve que resultan sus 30 minutos de media por capítulo. En una temporada que además solo cuenta con diez capsulas que se ingieren como si uno estuviera poseído por el espíritu de John Belushi. Transparent no ha venido solo a dar un golpe de atención en el tablero de la ficción moderna, sino que además lo ha provocado con un producto modélico, que coge el arquetipo de la familia moderna  para reconfigurarlo a su gusto, y con el resultado, se permite reírse a la cara a productos como Modern Family.

8


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