Domingo de serie

Domingo de serie: Transparent (temporada 4)

posted by Omar Little 22 octubre, 2017 0 comments
En zona familiar

Transparent temporada 4

La grandeza de Transparent traspasa los límites de la narrativa televisiva para estimular materia insondable de la propia existencia humana. Ver la serie de Jill Soloway es presenciar un álbum de fotos familiar de color sepia y abrir la compuerta a un tsunami de emociones. Ya desde sus fascinantes títulos de crédito nos parecen enunciar que lo que sigue en un paseo de alto voltaje por los intríngulis familiares más profundos. No solo seduce por el deseo de formar parte de una de las familias disfuncionales más carismáticas de la televisión, sino porque además, en estos estimados personajes, uno puede encontrar su propio linaje familiar, identificar su árbol genealógico en los miembros de la familia Pfefferman, debido a la lucidez, la agudez y la osadía temática de Soloway para capturar sus conflictos, miedos, secretos y deseos ocultos hasta trasladarlos a un dimensión universal, donde cada uno de nosotros nos sentiremos parte de esa família, ya sea por afinidad o disyuntiva.

Una magia emocional que ha logrado mantener a lo largo de cuatro temporadas, aunque esta podría ser la última en hacerlo con ese grado de lucidez y atino ya que Soloway ha confirmado que, a partir de ahora, se centrará en su otra criatura Amazon, I love Dick. Pero si esta era su despedida de la alta complejidad sentimental insertada en moldes dramedy, no hay nada que recriminarle.

El núcleo dramático de la cuarta temporada ha estado bastante equilibrado entre los distintos personajes que alimentan la serie: la búsqueda de una identidad estable en Ali, la sombras sexuales en Josh y sus rifirrafes con su madre, los experimentos sexuales de Sarah como fuga de la rutina matrimonial, la búsqueda del autoconocimiento pretérito en Maura, etc. Si cada personaje ha gozado de su tiempo para bucear en esos conflictos nuevos y arrastrados, el marco de estos se ha trasladado a Israel, la tierra santa que ha cautivado a Ali y ha cortocircuitado a Maura ante la revelación inesperada de la existencia de su padre – brillante la manera de introducir ese descubrimiento. Aunque el traslado de LA a Israel y a la zonas ocupadas de Gaza y Cisjordania ha obedecido también a una pulsión política y social en bullicio, que Solloway ha querido trasladar a su ficción a través del personaje de Ali. Esa capa crítica apuntando a Israel, y a sus irrenunciables aliados norteamericanos, respecto a la situación palestina, se le han añadido modestas notas de humor a la propia situación local mediante un nuevo personaje, el novio de Maura, que responde por el nombre de Donald, y que se ajusta al perfil del votante de Trump.

Una profundidad que no ha afectado a la hermosa visión incisiva de su principal artífice para destapar los recovecos más profundos del alma humana. Ni tampoco ha interferido a la hora de plantear situaciones delirantes rebosadas por un humor desarmante y diálogos sublimes. Para el recuerdo por ejemplo, esa zozobra de Ali en una cena familiar y la posterior charla con sus hermanos para llegar a la conclusión de que todos padecen rasgos de adicción al sexo, o la impagable secuencia de Maura y Ali pasando por el control del aeropuerto bajo los efectos de la ingesta de un osito de marihuana y todo el posterior oleaje de ridículo, esperpento e indignación que sufre Maura cuando el personal de seguridad se ve obligado a cachearla y no saben cómo actuar.

Descartando algún viraje algo forzado, y algún fleco de dramatismo excesivo, la cuarta temporada ha vuelto a endulzar nuestras encías, a untar de miel nuestras sinapsis, y a dejarnos un regadero de sonrisas y pieles enternecidas a cada broche final de capítulo. Una mezcla de emoción y aplauso mental ante un producto sellado por el tacto, la calidad y el aprecio al espectador inteligente que suma cuatro temporadas de recorrido intachable.

8

 


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