Domingo de serie

Domingo de serie: True Detective (1ª Temporada)

posted by Omar Little 16 marzo, 2014 3 Comments
TV is a flat circle, but not always

True Detective poster

Hoy hace justo una semana que concluyó la primera temporada de uno de los fenómenos televisivos más repentinos y aplaudidos de los últimos años. True Detective se ha desenmascarado a lo largo de ocho semanas como la producción televisiva del momento, y salvo sorpresas de última hora, de la temporada. Algo que se intuía con sus prometedores avances con los que fuimos dando la lata como predicadores iluminados, y que ahora, una vez finiquitada, parece darnos la razón a pesar de la creciente masa de seguidores que se han visto traicionados por un final anticlimático y que ha dejado varios enigmas sin resolver.

Pero como expuse en estas precipitadas impresiones tras ver “Form and void“, la clave de la serie no estriba en el misterio, ergo en su desenlace, o en la historia pura y dura, sino en la descripción de personajes. Y en eso, Nic Pizzolatto y sus becarios nos han dado una lección. Porque hay que recordar que la última baza de la HBO no se desarrolla como un whodunit al uso, es más una buddyserie sobre dos tipazos a los que no vamos a borrar fácilmente del cerebro, y el vínculo estrecho, casi homosexual, que establecen entre ellos a través de la búsqueda de este asesino que los obsesiona durante tanto tiempo.

Pero en realidad creo que True Detective pasará a engrosar la lista de grandes ficciones de su canal, y del universo de la ficción yanqui en general, por muchas de sus cualidades intrínsecas, que a su vez, se destapan como anomalías en el panorama televisivo norteamericano. Y es su naturaleza poco convencional lo que me sorprende y me maravilla aún más de su repentino y caudaloso éxito de audiencia, con un cierre de 5 millones de espectadores. O bien el espectador tiene cada vez mejor educación audiovisual, o bien las redes sociales son un motor de empuje incalculable.

Sea como sea la serie ha planteado nuevos esquemas para la ficción del todo novedosos, y a la postre, acertados. Empezando por el concepto de temporada corta y resolutiva, una formula totalmente implantada en el país de Rupert Murdoch, pero de poca presencia en el de  Ted Turner. Otro de los aspectos con los que ha innovado y se ha distinguido del resto, ha sido por desarrollar la serie como una pieza autoral. Cada temporada concebida alrededor de una sola historia ideada por un mismo autor/creador,  Nic Pizzolatto, y un solo director para dar continuidad a la estética y al desarrollo de la historia, tarea encargada a Cary Joji Fukunaga. Una seña, que más allá del dato diferencial, marca (y para bien) el desarrollo de los capítulos, imprimiéndole este toque autoral y una unidad semántica y estética más que notable.

Pero hay muchos otros aspectos que la convierten en una serie única y excepcional. La contratación de Matthew McConaughey, último ganador del Oscar y actualmente capo de la interpretación en Hollywood (olvidaros de una vez de DiCaprio). Esta cuestión que puede resultar baladí, no lo es en absoluto. Primero porque la serie sin McConaughey se hubiera podido llevarse a cabo, pero sin él, resulta, una vez vista, impensable… Rust Cohle era él y nadie más. Segundo porque me juraría mi dañado hígado a que es la primera vez que un actor triple A (quizás Dustin Hoffman tiraría por la borda este apunte) trabaja en una serie. Y encima a su lado, otro actor reconocido, Woody Harrelson y sus caretos de paleto.

También su desarrollo ha sido digno de estudio. El propio artífice declaraba en esta entrevista, que la serie se dividía en tres actos muy diferenciados. Un primero de aire funerario, los tres primeros capítulos que servían para introducirnos en el malsano ambiente de Louisiana a través de estos dos extraordinarios detectives.  Un segundo más acelerado, más dinámico, con cambios de ritmo repentinos, incluso de ambientes y personajes, y que concluía con la llegada del capítulo 7. Los dos últimos capítulos forman un último acto, que al contrario de lo que cabría esperar, vuelve a mitigar el ritmo, se desacelera, en un proceso anticlimático pocas veces asimilado en productos de este alcance, y que por ello mismo, ha provocado reacciones aireadas e irritadas de sus seguidores.

Una excepcionalidad que también se recoge en los dilatados diálogos, los apuntes filosóficos acogidos por el personaje de Rust Cohle, y las conexiones con otras obras literarias de culto. Es evidente, que el universo está estudiado al detalle y deliberadamente expuesto, lo impensable, es que haya calado con tanta naturalidad y fervor entre una audiencia muy amplia.

Una audiencia que por su parte estaba deseosa de que le volaran la cabeza con una conclusión que juntara todas las piezas del puzzle repartidas. En ese sentido, doy parte de razón a los decepcionados, a Pizzolatto, como le ocurría a Aaron Guzikowski en Prisioneros, se le puede recriminar haberse excedido en disposición de pistas, guiños y conexiones, que al final no resulta más que masa inerte enrevesada, que sin la resolución de los enigmas, resulta como si todo hubiera estado dispuesto para dar un aire de complejidad que al final ni rastro. Un cul de sac al que muchos veces se llega con investigaciones poco elaboradas y conexiones burdas o inverosímiles. Cuestiones menores, porque como digo, la serie se dispone sobre otros anclajes, y estos resultan muy sólidos.

Me podríais tener hablando sobre esta ficción hasta el estallido de la III Guerra mundial (Ups, un momento…) , de su impecable fotografía, de la excelente banda sonora, de los sórdidos ambientes de Louisiana (que bien conoce el autor del libreto), de sus apasionantes y delirantes diálogos, de la actitud nihilista de Rust Cohle, hasta de la papiroflexia que se marca con las latas de cerveza. Pero la conclusión sería la misma que saqué la primera vez que presencie sus títulos de crédito y me empapé con los primeros fotogramas de impecable factura cinematográfica (que le da en parte el formato en desuso del 35mm), estamos ante un producto excepecional y glorioso para el que disfrute de los guisados cuidados y de cocción lenta. Gustará más o menos su trama, sus personajes, el encaje de sus piezas, pero desde que se emitió, muchos tuvimos la acertada sensación de que llegó para erigirse en la serie de la temporada.

Con dolor nos despedimos de Martin Hart y Rust Cohle, y sin uñas en los pies aguardamos las sorpresas que Pizzolatto prepara para su segunda temporada.

 

8,5


3 Comments

Keniuski 17 marzo, 2014 at 02:24

No lo he leído porque la semana pasada en una clase del posgrado nos hicieron ver los primeros veinte o treinta minutos del último capítulo y ahora tengo ganas de ver la serie al completo. Saludos.

Reply
Omar Little 17 marzo, 2014 at 20:53

Es una gran serie Keniuski, si con esos 20 o 30 minutos te enganchó, y el tempo no se te hizo excesivamente lento, apostaría a que la vas a disfrutar. Lo que comentas sobre tu clase de posgrado no es más que otra prueba de la calidad adquirida

Reply
David 18 marzo, 2014 at 10:33

Muy buena serie! Ayer precisamente yo también le dediqué un post en mi blog. Os lo dejo por si tenéis curiosidad 😉

http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/03/louisiana-detectives-club.html

Un saludo!

Reply

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.