Domingo de serie

Domingo de serie: Watchmen

posted by Omar Little 22 diciembre, 2019 0 comments
De Dioses, héroes y huevos

Watchmen aterrizó sobre la parrilla de la HBO dispuesta a crear excitación. Un alboroto que el canal de cable ha logrado con una primera temporada resuelta y que no debería extrañar si se le adhiere pronto una segunda temporada dado el éxito de público y crítica cosechado. Según las instrucciones de uso ideadas por Alan Moore y Dave Gibbons en el cómico homónimo de 1986, Damon Lindelof se ha sacado de la manga esta suerte de continuación de verso libre, desplazada treinta años en el tiempo para quedar ubicada en tiempo presente (al menos su relato principal), y con otras numerosas distinciones respecto a la obra original mentada. Un inteligente campo de distanciamiento que le ha permitido abordar el segundo traslado a imagen en movimiento de esta obra seminal de la novela gráfica (recordemos la para muchos fallida película de Zack Snyder) sin esa mosca cojonera que es el fan quisquilloso.

Y su primer viraje de importancia con respecto al libreto original supone reemplazar la amenaza nuclear por una suerte de caballo de batalla contemporáneo contra el auge del supremacismo blanco representado por esa formación del séptimo de Kaballería, los herederos del Ku Ku Klan que, embutidos en máscaras de Rorschach, libran su particular conspiración en Tusla (Oklahoma) para tomar las riendas del poder. La temporada lanza su primer envite dramático – y con este queda accionado su dispositivo narrativo – con la muerte del jefe de policía de la localidad donde transcurre la mayor parte del serial. Desde ese momento todas las sospechas apuntan hacia la organización nazi. Aunque pronto el producto se despliega hacia otras coordenadas y dimensiones, y otras líneas temporales. Saltos en el tiempo al lado de una galería de personajes de indudable interés, algunos sonsacados del cómic, otros diseñados en exclusiva para el artefacto audiovisual que nos concierne.

Y es ahí donde sobresale el ingenio narrativo de su principal valedor. Con las lecciones aprendidas de Perdidos, Lindelof desarrolla un universo fascinante entre la mitología cómic y la realidad más rabiosa como recipiente potenciador de la historia. Y lo hace con clarividencia, transparencia narrativa, sin dejar cabos sueltos, ni enmarañar con esa pretensión de complejidad mediante forzados tirabuzones. Su explicación de todo el universo que le concierne, a pesar de que el misterio alojado en los primeros capítulos lleve a la desorientación, incluso a los estudiosos de la obra de Moore, es clara y transparente; utiliza sus tres últimos capítulos para dar una respuesta, sin opción a réplica, a las preguntas planteadas en los anteriores. y lo hace de nuevo envuelto por un gran paquete de hallazgos, tanto narrativos (la mera enunciación del título de capitulo clave como a “God walks into a bar” lo constata) como visuales. En ese sentido, Lindelof no solo dota de un ritmo elevado todo el conjunto – desde el capítulo 1 hasta su desenlace resulta difícil buscar algún socavón-, sino que lo ata con una prontitud narrativa ejemplar, sin necesidad de cliffhanger, ni giros bruscos (alguno hay, pero altamente justificados), convirtiéndola en una de las series más honestas y bien narradas del curso. Le ayudan a lograr esa apariencia compacta las interpretaciones de Regina King en la piel de esta justiciera agobiada por un pasado indescifrable y traumas sonados, el breve pero solvente Don Johnson, así como el impepinable Jeremy Irons como Adrian Veidt, ese personaje que aparece en las situaciones más delirantes de sus nueve episodios, y que en el tramo final cobra significativa importancia. También la música de Atticus Ross y Trent Reznor ayuda a enmarcar el recuerdo de unas imágenes que dejan varios instantes a retener.

Watchmen se resuelve así como un envidiable dispositivo audiovisual cubierto por una notoria capa alegórica sobre nuestros tiempos – no solo el mencionado auge del supremacismo blanco y la batalla racial, sino un pertinente debate sobre la conveniencia o el peligro que conllevan las identidades ocultadas por una máscara, sobre la maquinaria de la verdad para discernir el bien y el mal – e inmerso en un trepidante relato de múltiple capas y personajes, algunos de ellos con un pie en universos fascinantes, y todo ello, enlazado de una forma admirable por sus guionistas. HBO se ha apuntado otro valioso triunfo en el casillero de este 2019.

marco 75

 


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