Domingo de serie

Domingo de serie: Westworld (Temporada 1)

posted by Omar Little 11 diciembre, 2016 0 comments
¿Sueñan los androides?

Westworld temporada 1

La HBO necesitaba Westworld, como la necesitaban los tifosis de la cadena. Tras el fiasco de Vinyl y su ejecución tras la primera temporada, el canal de cable requería urgentemente de un producto con el que plantar cara al avance insurgente de Netflix, así mismo de una llegada con solera que le permitiese abrir mercado en nuevos lares, como ha ocurrido con su reciente aterrizaje en suelo español. Y Westworld no solo cumple con esas necesidades, sino que dada la anormal comunión entre crítica y público conseguida podría ser el soñado relevo de Juego de Tronos.

Basada en la peli de culto homónima de Michael Crichton, la llegada más sonada de la temporada del canal por cable absorbe multitud de referencias del género sci-fi para crear un masa sólida con la obra de Crichton de base argumental, que no temática. A la sugerente premisa de un parque temático ambientado en el lejano oeste en el que la peña con pasta paga por dar rienda suelta a sus instintos más primarios sin demasiados peajes morales, hasta que un día los androides que actúan como huéspedes se empiezan a amotinar, Jonathan Nolan y Lisa Joy le incorporan un calado más filosófico y existencial, tomando como base de ese aporte temático más nutritivo la obra de Philip K. Dick e Isaac Asimov. A todo ello hay que sumar un diseño de guion sofisticado, enrevesado y complejo, en ocasiones excesivamente lioso. Un laberinto que puede recordar al de Lost, por los enigmas e incógnitas y rarezas que se plantean, pero que a diferencia del de Lindelof y compañía, aquí todo parece algo más atado, aunque no siempre de la manera más modélica. Bajo esos referentes, más Jurassic Park, El planeta de los simios, El show de Truman y A.I de Spielberg, las series Deadwood y Prisioner, o incluso el videojuego Red Dead Redemption – y el género al que este pertenece: acción en mundo abierto – los sucesivos directores arman un universo ficticio de una factura impecable. Un espacio fascinante, tanto el parque como las bambalinas de los que actúan como dioses de éste. Ambos mundos suponen un imán para que el espectador acuda con curiosidad.

Aunque de nuevo hay que encontrar en su guion – al producto HBO siempre se le presuponen unos estándares de calidad – su apartado más complejo, admirable, y cuestionable. Westworld plantea una trama de protagonistas múltiples. Un drama coral de personajes compartiendo un universo excepcional pero bajo objetivos distintos que posibilita que el desarrollo se lleve a cabo con variadas subtramas. Así tenemos la historia de Dolores (Evan Rachel Wood) y el florecimiento de un mundo de memoria y consciencia que le hará replantear su realidad programada, Ford (el mejor Anthony Hopkins en lustros) como el mesiánico creador del parque balanceándose constantemente en los claroscuros de su legado, los dos invitados humanos descubriendo y/o ajustando su verdadero YO, Bernard (Jeffry Wright), el fiel aprendiz de Ford, la madame (Thandie Newton) con un plan de escape, o el misterioso pistolero de negro (Ed Harris) que parece saberlo todo sobre el parque menos el sentido y la ubicación del laberinto, uno de los enigmas que unirá a los personajes en varios trayectos. La verdad es que con tanto personaje y línea argumental en paralelo sería de lo más fácil perderse con tanta pizarra, flecha y post it en la sala de guionistas. Sin embargo, lo nuevo de la HBO se sale bastante bien del trance, a excepción del tramo final cuando, como en el capítulo final, se apoderan del ímpetu innecesario de mindfuck constante, llegando a resoluciones un tanto descabelladas e inverosímiles que en lugar de soldar la propuesta la desajustan un poco. Una traca final en la que se da un exceso del giro “volador de cabeza” y eso lo pagan con el poco noble arte de tener que emplear a los propios personajes y sus diálogos para aclarar esos recovecos y tramos de guion demasiado confusos y ocultos, con tal de no caer en el riesgo alto de que el espectador se pierda en ese laberinto y no logre descifrar todos sus tramos a partir solo de las imágenes. Un detalle que puede parecer de quisquilloso avinagrado pero que distingue al guion inmaculado del notable – “No expliques con palabras algo que puedas explicar con imágenes”,  es una de las máximas de la escritura de guion.

Tampoco es que la serie mantenga agarrado al espectador en todo su recorrido. Tras un prometedor arranque en que se nos sitúa y se nos especifican las particularidades de ese mundo ficticio, Westworld necesita de cinco capítulos para dar el salto de calidad en cuanto a ritmo.  Cuando los primero secretos empiezan a florecer, los glitch dejan de tener esa categoría y se emplazan como problemas de consciencia de los robots, y saltan al tapete temas de mayor profundidad alrededor de la tecnología, la humanidad y la ética, la creencia y la fe, la inteligencia artificial y las realidades programadas o de libre albedrío – ¿No es el hombre de negro más que la reencarnación de un gamer de pro exigente en ese universo ?, ¿y no es Lee Sizemore el típico creativo odioso de cualquier estudio? . Es a partir del capítulo seis hasta su recta final, pese al exceso de intentos de voladuras de sesos, algunos de categoría Deus ex machina en la season finale, que la serie no da un salto de calidad y te atrapa.

Así que nos refugiamos en lo dicho en la entrada, Westworld nos deja a todos satisfechos: directivos, audiencia, responsables del producto y crítica. HBO puede haber dado con una mina de entretenimiento, y las posibilidades que se abren de cara a una segunda temporada ya confirmada para 2018 merecen una cascada de tinta…¿pero eso no sería ya para un post aparte?…a soñar con androides, humanos.

marco 75


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