Domingo de serie

Domingo de serie: Years and years

posted by Paloma Méndez Pérez 8 septiembre, 2019 0 comments
Perturbadora obra maestra

Del mejor Orwell aunque en realidad de la mente creativa de Russel T. Davies, un guionista de Queer as Folk, nos llega esta típica obra inglesa, en el mejor de los sentidos, donde se da cabida a lo más exquisito del género distópico en una creación que es la rebelión de las masas en el más puro estado.

Tras el Brexit, Trump y dramas varios acontecidos en el mundo, como quemar una selva porque somos así de chulos, era de esperar que las series respondieran de alguna manera a explicar, sino a calmar, el ansia quema coches de una población atropellada por la realidad.

Con ello en Years and Years toman cuenta de lo mejor que nos ha dado la ficción y la realidad.

En un primer lugar tenemos a la familia Lyons varios hermanos alrededor de una abuela para que la distancia generacional sea más evidente y para evitar que la relación padre hijos centre la atención. A través de ellos se canalizan las distintas líneas arguméntales.

Los Lyons cuentan con un hermano, Rory Kinnear grande sea como Stephen, dedicado a las fianzas con una esposa dedicada a las finanzas. ¿Qué puede ir mal? Los bancos cierran, crisis mundial, aislamiento del Reino Unido… esta familia protagoniza un corralito de más de un millón de libras. Acaban repartiendo paquetes en bici. La única de la casa que parece capaz de encontrar algo que hacer con su vida es una hija dedicada a la tecnología con el sueño de mudarse definitivamente a la parte virtual de la vida; la carnal no parece gustarle mucho y por lo que la pobre va viendo la entiendo. Gran personaje el suyo. Puede que sea una de las pocas ocasiones en las que la tecnología se ha revelado después de un gran impacto negativo inicial en la gran esperanza para una población cada vez más indefensa.

Otra de las hermanas, Edith (Jessica Hynes), protagoniza una historia de activismo social. Famosa en Gran Bretaña por su actuación en distintas causas está en primera fila en un ataque nuclear de Estados Unidos a China. Regresa a casa y mientras que los demás parecen sorprendidos, Edith parece bastante curada de espanto y muy pragmática en su preferencia a la hora de elegir pelea. Ella es, si se me permite, el icono de la serie y la que toma partido de forma más activa aunque no necesariamente sonora. Un ejemplo que raramente se encuentra en la sociedad actual, hartos como estamos de expertos, tertulianos y demás gentes, que aparentemente saben de lo que hablan y a los que no paramos de dar voz.

Gays con estudios, buen trabajo en una agencia pública, ni atisbo de discriminación allá por dónde avanzan. Ese es Daniel Lyons, interpretado por Russel Tovey. Típica clase media europea con buenos ingresos, estables, casas bonitas y coches nuevos, que aunque tienen una sensibilidad social evidente, la escena con la señora que visita el campo de refugiados es clara, viven en una burbuja naïf en la que la gente tiene derechos y hay una clara idea de lo que “puede llegar a pasar en Gran Bretaña” y lo que no. Error y grande. Suyo es el voto conservador en la urna, última esperanza para un hombre a quien se le hacen incomprensibles muchas cosas. La escena que propicia su muerte son los minutos más sobrecogedores que yo he podido ver este año. La conciencia de clase media europea te lleva continuamente a pensar qué hacía ese hombre en ese barco y no dejas de imaginarte que hace años, igual había otros ciudadanos despreocupados en Siria cuestionando qué haría la gente cruzando el mar en barco.

La más feliz de todos, la chef de la familia, es vivo retrato de las encuestas del Brexit. Cuando preguntan en Gran Bretaña quienes son los que votaron por el Brexit y buscan a esos ciudadanos que viven con algunas ayudas y parecen bastante a favor de poblar el país, aunque no sepan muy bien cómo poner el plato de comida en la mesa (figurado, que la muchacha es chef). Que miren a Rosie, su voto, sus niños y su camioneta de comida.

Ante todo este jolgorio familiar hay un personaje que destaca sobre manera. Emma Thompson en el papel de Vivienne Rock.
La primera escena en la que la vemos es una suerte de tertuliana un poco sacada de madre a la que no le cuesta faltar al respeto, insultar y reclamar como suyos valores y fórmulas de dudosa procedencia. No se corta en el engaño, ni en la simulación y cuando se hacen evidentes se defiende con más altivez. Se jacta literalmente de ser una inculta y de tener un absoluto desconocimiento de las políticas fiscales, y encima con eso gana votos. Dictadora de manual y una persona a la que mantener alejada del bien público. Carisma del peor, ejemplo dudoso, con muchos colores presidenciables, canal de televisión y mensaje como para animar en el fútbol. Imagino a los guionistas pensando si se habrían pasado y luego encendiendo la tele y dándose cuenta de que iban cortos. Una payasa haciéndose rica y poderosa, matando criaturas como moscas y sintiéndose impune.

Una interpretación extraordinaria de Emma Thompson. Creíble hasta en los momentos más esperpénticos. Ella da el toque que Vivienne Rock necesita para que todas las majaderías al final a los espectadores le suenen posibles.

Es Years and Years una suerte de hipérbole de lo que puede pasar y pasó retratado a través de una familia. Serie de gran sensibilidad que no se corta en apuntar con el dedo al grito de vergüenza de manera sutil y elegante. Una llamada de atención especialmente a una generación, los nacidos en los 80, que piensa que ya ha visto lo peor.

Muchas elecciones, bombas atómicas, ataques terroristas, pánico bancario, refugiados hacinados en barracones… algunas cosas pasan aquí, otras en otros sitios, pero no puede decir nadie que la distopía que aquí se narra es algo absolutamente ficticio. La gente tristemente se ahoga en el Mediterráneo en vez de en el canal de La Mancha, los bancos ya cerraron en Argentina y varios países no paran elegir bufones millonarios por presidentes.

Igual es que queremos verlo arder todo. Quien sabe.

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