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El ministerio del tiempo: Review 2×08 “Tiempo de valientes II”

posted by Paloma Méndez Pérez 6 abril, 2016 0 comments

El ministerio del tiempo 2x08

Localizado al fin Julián en Filipinas y siendo conocedores de la peligrosidad a la que se enfrenta y que seguramente desconoce, Salvador, Ernesto e Irene deciden enviar a Alonso en su rescate. Tras infinidad de peripecias que no nos muestran, Alonso alcanza al fin a los últimos de Baler. Es decir a Los últimos de Filipinas. Yo desconocía la historia, no había visto ni la película del debut de Toni Leblanc, ni leído el libro que Irene Larra entrega a Julián al final del capítulo.

Agradezco en suma manera que trasladaran la historia de Julián de Cuba a Filipinas, para que hayamos tenido la oportunidad de saber sobre este episodio de las tropas españolas que parecía más glorioso desde fuera. Al final el empeño de unos pocos en hacer lo que les parece correcto, en una guerra con un ejército de panaderos, albañiles, cocineros y maestros… y de todo aquel que no podía permitirse pagar para evitar ser reclutado, lleva a la masacre de un batallón de españoles. Al final lo que muchas veces sucede en España, que el coraje de la mayoría acaba dotando de heroicidad a la malas decisiones de los que están al mando. Ni que decir tiene que ya podremos aguantar lo que nos echen, porque si esas criaturas estuvieron más de 300 días en Baler encerrados en una iglesia, ajenos a las cartas que les pedían volver a España, sin pegarle un ladrillazo en la cabeza al Teniente Martín Cerezo es que no lo hemos visto todo todavía. Así que buena manera de recordarlos aunque haya sido con ese errático comportamiento de Julián de ahora me quedo, después me voy pero con todos, para al final dejar a dos chiquillos amarrados a una pared para preservar el curso de la historia. Cambiar de opinión también es una cosa muy española, para que nos vamos a engañar.

Parte de “culpa” de que el Teniente Martín Cerezo caiga mal sin necesidad de abrir la boca la tiene Pedro Alonso. Está magnifico en su interpretación de desquiciado que despeñaría a sus hombres por un terraplén si tuviera la impresión de que es lo que hay que hacer. Imprime la mirada de la locura y el sinsentido a alguien que siguió sus convicciones hasta que la verdad se hizo tan evidente que ya solo quedaba dar la vuelta y marchar rumbo a España.

En Madrid quedaron los recientemente liados Amelia Folch y Pacino. Ese juego, como no me haces caso me hago como el ofendido, es más antiguo que la tos, pero no tan antiguo como Amelia porque ella no se lo sabía. Era cuestión de tiempo. De todas maneras el policía madrileño va de vuelta a 1981 para hacerle sitio en la trama a Julián. Adiós a esa frescura que imprimía el personaje de Hugo Silva y saludos otra vez al un poco más espeso Julián interpretado por Rodolfo Sancho.


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