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El Ministerio del Tiempo: Review 2×1 “Tiempo de leyenda”

posted by Paloma Méndez Pérez 17 febrero, 2016 0 comments

MDT 2x1 Tiempos de leyenda

Leía hace poco a un periodista de política que aconsejaba que en el caso de temer algún tema en un debate, lo mejor que un candidato debe hacer es sacar el dichoso tema, de forma que ya desarticula totalmente la opción de su oponente de utilizarlo. Por lo tanto, como personas inteligentes que son, los creadores de El Ministerio del Tiempo han dedicado su primer capítulo a una decepción y a explicar cómo se lidia con un fracaso. Por lo que pudiera pasar.

No les ha hecho falta porque el capítulo ha sido extraordinario como es habitual. En realidad los dos capítulos, porque esta bloguera ha visto ceremonias de entregas de premios más cortas que el resumen de la pasada temporada que era como una lista de invitados de boda en un pueblo, que por no quedar mal con nadie acabas en un salón de fiestas con 400 desconocidos.

Como en la película esa de Andy García, Geena Davis y Dustin Hoffman en el que un vagabundo era un héroe privado de su reconocimiento por uno que iba mejor vestido, aunque no salvara la vida de nadie, resulta que las historias del Cid no eran finalmente tales, o si lo eran, pero con un protagonista improvisado. Resulta que por un capricho de Charlton Heston, a quien Menéndez Pidal llama botarate de todas las formas que el castellano bien hablado permite, unos funcionarios del Ministerio acaban en mitad de Siglo XI grabando al Cid para darle alguna referencia al hombre amigo de los rifles. Pues te mandan a semejante tarea y vas tú llevado por la emoción del rodaje cámara al hombro y se te muere el Cid en un despiste, ¡Ay, Ortigosa!. Es entonces cuando el personaje interpretado por Sergio Peris sustituye al muerto Cid para mayor gloria y admiración de este, dicho sea de paso, dando lugar al desajuste de ADNs entre los restos del auténtico Cid y los del funcionario. Para culminar la historia de sustituciones del Cid, es Alonso de Entrerríos quien lucha en su nombre en su última batalla. Un fracaso, el de los funcionarios que ven como muere el Cid antes de tiempo, y una decepción, la de la persona del auténtico Cid, que derivan en una historia de héroes anónimos que nos sirve de escenario para la confrontación de Amelia Folch (Aura Garrido) y Ambrosio Spínola (Ramón Langa).

Ya era hora de ver a héroes militares de la guerra de Flandes no integrarse tan bien en el mundo contemporáneo. Alonso de Entrerríos es un hombre noble con la única idea de servir a España en su mente. Si para eso recibe órdenes de Amelia Folch, culta, preparada y poseedora de cierto buen criterio, no es más que rendirse ante la autoridad. Esta apertura de mente ante la igualdad de género no es compartida por Spínola que está más acostumbrado a dar órdenes que a recibirlas. Entonces la señora Folch tiene que explicar que allí manda ella y que si a alguien no le gusta, ya sabe donde está la puerta y bienvenida sea esta muestra de autoridad, porque parecía hasta ahora que las mujeres para dar órdenes, tienen que pedir 100 veces disculpas antes.

La misma Amelia tiene su propio conflicto personal con Julián. O cree que lo tendrá, porque pruebas de ello ha visto. Era una tensión a la que era difícil darle continuación en esta temporada enfrentando continuamente a los personajes, esto iba a acabar desgastando a la serie. La solución ha sido sacar a Julián de la partida, tras tomar conciencia de su responsabilidad después de una conversación con el de “Malviviendo”, nunca se sabe dónde está la inspiración.

Con Julián abriendo no se sabe qué puertas, Amelia con las cosas de la edad e Irene de vuelta con responsabilidad en el Ministerio, hemos vuelto a cerrar un nuevo capítulo convencidos de que los viajes en el tiempo son posibles, sin hacernos ni media pregunta más. Nos esperan más episodios, antiguos y nuevos.


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