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Season finale The Walking Dead: 4×16 “A”

posted by Omar Little 1 abril, 2014 0 comments

TWD 4x16 "A"

Con The Walking Dead uno se pasa todo el visionado tenso, no por desconocer por dónde saldrán sus inofensivos zombis sino por saber en qué momento se cometerá una resbaladiza sonora, o en que instante se nos sorprenderá con una gallardía inesperada. Es la serie Calgon por excelencia, una de cal y otra de arena, y os diría con qué proporción de cada, si supiera que significado entraña cada elemento de esta manida frase hecha. Y así lo ha sido en una cuarta temporada de claro signo ascendente, lastrada, y de que manera, por un primera parte infumable (hasta el parón), de esas que te hacen perder cualquier atisbo de esperanza, incluso, que parecen invitar a uno a despegarse de ella de manera definitiva. Pero todo eso mejor lo destripamos el próximo domingo cuando le dedique su correspondiente domingo de serie.

Ahora es momento de escupir todo lo que ha dado de sí, que ha sido bastante, su season finale. Un capítulo final que no se ha desprendido del espíritu “una de cal y una…” que atenaza a la ficción de la AMC. La primera cagada, y oliente, ha sido arrancar con un flash-back que marcaría la estructura y diezmaría el ritmo para el resto del capítulo. Un flash-back que no buscaba otra intención que despistar al fan a la usanza Lost pero con una ejecución mucho más lastimosa, y sin el efecto ni el sentido con la que atizaba, en su buena parte, la serie de la ABC. Unos flash-backs que se han ido repitiendo como un compañero lisiado al que tener que arrastrar por las largas vías a Terminus.

Por suerte, y anulando el farragoso recuerdo de este inicio, la serie ha dado un brusco y salvaje salto. Un salto de pértiga a lo Sergei Bubka que ponía de manifiesto, como pocas veces se ha visto, el amplio grosor de la entrepierna de los guionistas, precisamente cuando le sales de ahí. Y ésta ha sido una de esas ocasiones. Cuando Rick, Michonne y Carl se han visto rodeado por el grupo de American white trash que acogió a Daryl, con intenciones muy bárbaras, que me han recordado a la espeluznante The Road, va y se nos noquea con una salida a lo Tyson, mordedura en toda la yugular y seguimos para matanza del cerdo. Un golpe certero y directo a nuestras expectativas, que ha dejado bañados en sangre los teclados, la tapicería del sofá e implosionado las mentes de los haters más escépticos.

Un canibalismo propio de la última peli de Eli Roth que no ha pasado desapercibido para nadie. Carl traumatizado, Michonne alucinando pepinazos, y Darryl sintiéndose una niña. Tampoco el propio sujeto, Rick, se ha sentido muy bien tras la hazaña. De hecho, parte del metraje posterior ha incidido en esa frontera que convierte a los hombres en bestias, en la que el mal y el bien se difuminan, y en el que la entereza y la sensatez quedan enterradas por los peores instintos de supervivencia Algo a lo que la serie debería recurrir con más insistencia, en esa idea de llevar a las máximas consecuencias la supervivencia, y especialmente, cuando está en juego la vida de tu único lazo con la humanidad y la esperanza.

Por si no fuera poco, el grupo resultante, los tres más Daryl, han llegado al final de las vías. Donde les esperaba una Terminus inquietante, donde reflotaba en el ambiente los campamentos de “The others” en Lost. Unas sospechas que se han materializado en un lapso de tiempo muy corto, todos esos buenos modales escondían otras intenciones más malévolas, y una vez más, lo hemos descubierto muchos antes del tiempo estimado por los guionistas, (de hecho hubiera sido de agradecer que alargaran esa calma tensa) en el momento en que Rick ha enterrado parte de las armas, y ha soltado un “por si acaso”. Sea como sea, esa Terminus esconde secretos, nos han ofrecido un Tour Express por sus instalaciones a ritmo a de ráfagas de metraca, y parece que hay chicha que cortar.

Nada mal tampoco ese plano final, del grupo de Rick, ya reencontrado con los demás, Glenn, Maggie, la tribu WWF de los 80’s,, etc. cuando Rick ha aprovechado para destaparse como un líder crecido para arengar a su grupo con un: “No saben a quien han ido a joder”. Plas, plas. Dos ganchos en un lapso de 43 minutos que hacen que recuperemos la fe en Rick, y en la serie que protagoniza, aunque por el camino haya que tragarse mucha mierda.


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