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Impresiones piloto The Get Down

posted by Omar Little 11 agosto, 2016 0 comments

The Get Down piloto

Se ha hablado mucho, demasiado, de The Get Down. Tanto que las expectativas alrededor han sufrido más vuelcos que un speech de Donald Trump con bebés. Por fin mañana se despejarán las dudas. Mientras tanto uno las intenta desenredar con el siguiente texto sobre su piloto.

The Get Down será irremediablemente comparada con Vinyl. Por compartir escenario, tiempo, jaleo musical, y porque ambas son las apuestas más ambiciones de la temporada para los dos grandes productores de ficción del momento. Mientras que la primera ya ha sido ajusticiada, la segunda (reitero viendo solo su piloto) tiene visos de convertirse en el último hit del verano y terminar abriendo franquicia en Broadway.

Eso no quiere decir que sea mejor, de hecho el piloto de Vinyl sigue estando en lo más top de la temporada televisiva, pero The Get Down desconcierta y apabulla al mismo ritmo endiablado que el piloto de Scorsese. Baz Luhrmann también se empapa de estimulantes para llevarnos a un tour eléctrico y caótico durante su primera hora y media. Un trayecto casi esquizofrénico, de un montaje empapado de speed, que apenas permite ahora relatar lo que ocurre por el camino. Un ritmo que resulta una salvajada para los socios de la fundación Valentín Fuster, y que lleva incluso a desbarajustes, pero que poco a poco va calando impidiendo el parpadeo.

Lo esquizofrénico, u osado, es cruzar a ritmo vertiginoso la historia de amor principal de los dos chicos protagonistas, con la situación bélica del Bronx, las bandas, un puto Shaolin graffitero rey del parkour, las fiestas, la especulación, incendios a destajo, política de panfleto arrugado, la represión familiar, los soundsystem de Grandmaster Flash, la música disco, el hip-hop (por supuesto), bailes a punta pala, la droga y cualquier referencia o idea de esa época que genere dopamina. El cruce es diabólico, y contraproducente, pero por alguna extraña razón acaba cuajando.

Y no es por precisamente por su continente: no funciona como Narco mezclar imágenes de archivo del Bronx en ruinas con imágenes grabadas en el set….se produce un cambio de formato muy acentuado. Tampoco ayuda que esos sets parezcan una mala atracción de Terra mítica, ni que todo el Bronx esté pintado por la brocha colorista y excéntrica que acostumbra el de Moulin Rouge. Sin embargo el producto engancha, funciona, es efectivo. Quizás por la sencillez de sus tramas, los conflictos tan precisos e identificables, por el ritmo avasallador que no deja ni pensar si estamos ante un musical casposo o de verdad mola su escenario.

El piloto va dejando sus dudas sin conclusión definitiva, especialmente con momentos un pelín patéticos de personajes de gomina y purpurina cegadora que dejan los clichés de Vinyl en realismo social escuela británica, pero luego lo compensa con notas de humor, con desmedida estética y musical sin pretensión, y especialmente, y ahí se gana el reino de los melómanos, por una selección musical de aupa. Desde el primer tema, hasta ese último de Michael Kiwanuka de rabiosa actualidad. Solo un pero en su banda sonora, salta un poco ver temas actuales en el contexto en que se desarrolla la serie, pero esas licencias ya sabíamos que son muy del gusto del cabronazo que engendró algo como El Gran Gatsby.

No es la repanocha, pero esta mezcla a ritmo de perico entre Grease, Ciudad de Dios, West Side Story, The Warriors y Vinyl (como en su piloto, el prota tiene momento de revelación) se ha ganado de entrada la atención de todos nuestros sentidos y tiene números de reportar holgadas satisfacciones para lo que queda del verano.


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