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Juego de tronos: Review 5×05 “Kill the Boy”

posted by Omar Little 12 mayo, 2015 0 comments

Juego de Tronos 5x05

Tras el mayúsculo y vibrante “Son of the Harpy” era previsible que Juego de tronos redujera las marchas en su nueva entrega, pero aún así, el capítulo “Kill the boy” ha dejado varios momentos para guardar en las retinas, y hasta ha ofrecido descargas de alto voltaje en su tramo final.

Si no te has topado con La roca zombie, mejor que no pases esta aduana.

Juego de tronos ha vuelto a las clases de política, a las negociaciones arduas de los políticos haciendo malabarismos para encajar sus programas con aliados afines, incluso con la propia oposición, con el único fin de poder jugar sus cartas, con tal de avanzar en el tablero hacia el trono que ocupa Tommen.

Y lo ha hecho nada más arrancar, con una Daenerys cada vez más perra, con la sangre alterada por el impulso de venganza después de tener que enterrar a su fiel Ser Davos. Lejos de retroceder, Daenerys se lanza al ojo por ojo, a tirar por la vía de la la mano férrea. La primera medida ha sido arrestar a todos los lideres de la familia de esa región hostil con ella. Y uno de ellos lo ha ofrecido de sabroso aperitivo a sus dos hambrientos cachorros dragón.

Sin embargo Daenerys es la Ada Colau de Juego de Tronos, tan capaz de marcarse un cosplay para la galería como de sacarse de la manga una propuesta inesperada que pilla a todo el mundo por sorpresa (a los Colau coins me refería). Tras pedirle consejo a la mulata – su consejo de sabios se ha disuelto -, ha optado por suavizar las tensiones, y ha decidido ceder terreno, actuando más con una líder hábil, que como una perra tirana que se deja llevar por la acumulación de poder incluso cuando ni ha puesto su pompis en el trono. Y lo ha hecho primero aceptando las reclamas del pueblo para abrir las arenas, con la norma de que los esclavos no pondrá el pie en ellas solo los hombres libres. Y luego ya para romper la cuerda, y como acto de buena voluntad entre los dos pueblos, se ha comprometido a casarse con uno de los líderes de la familia, que no es otro que ese pobre chico que yacía en una celda asustado y que minutos antes ha estado a punto de formar parte de la barbacoa de los dragones. Sin duda le ha tocado el Euromillón. Veremos cómo lleva los celos el noviete de Daenerys.

También en Castle Rock se ha dado una lección de política. Guiado por las sabias palabras del maestre: “Mata al niño, y saca a pasear al hombre” (Omar Little dixit), Jon Snow se pone en la piel del líder que debe tomar decisiones en contra de su electorado, en contra de un pueblo que no ve con buenos ojos, más bien todo lo contrario, su plan para unir fuerzas con el enemigo para luchar contra un mismo objetivo en común, más letal y peligroso. Los salvajes compartiendo residencia con los guardianes de la noche, es cómo ver a Podemos pactar con el PP. Habrá que ver con los propios ojos en qué termina todo ese plan. Antes de partir Jon Snow con el gigante pelirrojo, a quien libera como primer acto de buena voluntad para estrechar lazos entre los dos pueblos, y tras pedirle prestada la marina a Stannis, éste, con su propio ejército, decide que ya es hora de apoderarse de Winterfell, antes de que caiga el invierno.

En Winterfell las cosas siguen jodidas. Lady Sansa tiene que vérselas con los jueguecitos macabros y sádicos de la escoria andante que es Ramsay Bolton, quien pasa un buen tiempo con su celosa amante, antes de ese compromiso que tiene que unirlo con la Stark. Entre medio mucha burla, y jueguecito del hijonico de los Bolton, el cual dejará de serlo pronto, si es que no se carga al bebé, o irrumpe antes el ejército de Stannis. Ante ese infierno que le aguarda, el único consuelo que le queda a la pobre chica es saber que tiene un guardaespaldas, ni más ni menos que Brienne, a la espera de ir a socorrerla desde el preciso momento que encienda una vela en la habitación más alta de la torre. Desde el momento en que te enseñan el procedimiento, sabemos que eso va a suceder. Sansa las va  a pasar verdaderamente canutas en esa familia hasta que lleguen los refuerzos.

Y un capítulo más calmado, con un ritmo más cómodo para la aorta, ha terminado con un pasaje vibrante, con Jorah Mormont y Tyrion embarcándose por una travesía por Valyria, algo así como el equivalente en Poniente del pasaje “Holiday in Cambodia” de Apocalypse Now. Una civilización abandonada, por la que cruzan a través del río en plena calma hasta que avistan un dragonaco, y poco después son atacados por una criaturas rocosas mucho peores, y más hábiles, que los zombis de TWD. Hasta el punto que han asaltado el barco, y Tyrion, mientras el otro se deshacía de algunos de los intrusos, ha tenido que decidir entre morir ahogado o convertirse en un enano de piedra (solo le faltaba eso), con lo que obviamente, con las manoplas aún atadas se ha lanzado al río al verse atrapado por esas horribles criaturas, y ha empezado a sumergirse, más cuando uno de ellos le ha agarrado de la pezuña. Cuando ya lo dábamos emulando a Amy Winehouse a base de vino ante tanta maldición, lo hemos recuperado sano y salvo en una orilla alejada de ese follón, donde al parecer ha sido arrastrado por Mormont, quien no ha tenido la misma suerte, y al parecer ha sido tocado por una de las rocas. Plano con el que concluía el episodio de esta semana, la semana que viene volvemos a Poniente.

PD: ¿Pero Tyrion no tendría que transformarse también?, ¿o lo salvan los pantalones?


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