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La conjura contra América, primeras impresiones

posted by Omar Little 18 marzo, 2020 0 comments

“Quien se apodera del relato, escribe el curso de la Historia”. No sé de quién es la cita, y si no es de nadie, pongan mi nombre en los títulos de crédito. Pero esa sentencia sobrevuela angustiosamente desde los primeros fotogramas de la serie que está llamada a ocupar los puestos altos de las listas a final de esta fatídica temporada. La entrada de La conjura contra América anticipa un Chernobyl a la inversa, es decir, la explosión está por llegar, y será gradual con algún pico alarmante, pero las señales empiezan a propagarse como esa temida nube de la radiación cerca de Pripiat. Volviendo a la cuestión del relato, las analogías con el presente estremecen. Hace pocas pocas horas hemos podido ver a Trump declarar que él tenía conocimiento de la llegada de la pandemia desde hacía semanas, y que incluso ya lo había alertado y tomado el pulso. También los líderes europeos y mundiales deberán manipular y perfilar sus discursos si quieren sortear la guillotina. Y en eso se centra precisamente la introducción a esta ucronía de una América a las vísperas de un shock devastador, cuadno se empieza a perfilar la construcción de un relato político demencial.

Y para entrar en los pormenores de esta pesadilla ucrónica que parte de la obra maestra homónima del añorado Philip Roth, la serie capitaneada por otros dos gigantes, David Simon y Ed Burns (The Wire), se sumerge en la cotidianidad afable de una comunidad judía del Newark (lugar de la infancia y tierra literaria de Roth) de 1940. Mientras algunos miran con temor el avance de Hitler y sus tropas en la segunda contienda mundial, empiezan a salir voces fascistas y antisemitas en los propios Estados Unidos. El temor se va intensificando cuando Charles Lindbergh (reconocido filonazi y el primer piloto de avión en cruzar el Atlántico, o sea, popular personaje de los Estados Unidos de la época) se plantea presentarse a las elecciones generales por el bando republicano con una consiga clara: evitar que Estados Unidos se involucre en la misma Guerra Mundial que ganaron en el plano real. ¿Hace falta qué aclare los derroteros dramáticos que marcarán la miniserie? bueno, pues los interesados que repasen los comicios norteamericanos de 2016.

Lo encomiable de estas primeras exhalaciones (se harán cortas porque solo son seis) es la habilidad del producto para ir fraguando un ambiente de pesadilla de crecimiento sostenido. O, como lo inconcebible, la llegada de un filonazi a la presidencia del país del dólar, se puede volver tangible con pequeños temblores y episodios de odio escalonados. El trazo para describir a la familia me recuerda a la película Prohibido querer, aunque los flotantes movimientos de cámara también parecen inspirarse en el Malick de El árbol de la vida. De momento, el capítulo introduce a la familia, poniendo el acento en cada personalidad: el padre colérico y preocupado por los avances antisemitas, un niño pequeño ajeno a todo (representando la mirada inocente ante el desbarajuste que se acerca), otro no tan pequeño con dotes artísticas y fascinaciones algo desviadas  y una madre preocupada y que vela por el interés de los suyos. Además se presenta a un primo díscolo  y una tía frustrada por su suerte con los hombres y que se intuye que será arrastrada hacia el lado oscuro en este infierno en ciernes.

Como digo el material del que parte y que ya se empieza a desplegar en esta entrada es tremendamente estimulante, necesario incluso para entender el curso de la historia y sus loops actuales. Pero es que además la cosa se redondea con una dirección artística impecable, una realización por encima de la media, actores de la talla de John Turturro, Winona Ryder, Zoe Kazan, y, obviamente por la batuta genial de Dios Simon. Así que ya no hay duda (ya no las tenía de antemano), La conjura contra América no es solo un placebo exquisito en época de cuarenta, sino uno de los productos más nobles y de calidad que uno se va a poder enchufar durante esta temporada de augurios pesimistas fuera y dentro de nuestras pantallas. Como mínimo el que centra el relato de esta serie, con resonancias en nuestro presente, pertenece a un pasado…y además alterado.


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