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Las 10 mejores series de 2018

posted by Omar Little 30 diciembre, 2018 0 comments

Stephen Hawking

En menos de 48h daremos su merecido portazo a un año de inquietantes sombra políticas que, sin embargo, no han impedido disfrutar de una cosecha cultural soberbia y frondosa. Extensible a la parcela televisiva que ha vuelto a postergar los anuncios de declive que llevamos (algunos Nostradamus de pacotilla) avistando desde hace algún tiempo. Este, por el momento, tendrá que esperar. Si bien es verdad que no hay una serie totémica que aglutine fervores y desate pasiones ciegas y sectarias (la marcha de Juego de tronos incidirá en este vacío). Aunque igual de cierto es que no hay motivo aún para la alarma ante las cantidades insalubres de ficción anual (este mismo servidor se ha pasado las últimas 72 horas apegado a pantallas y poniendo al servicio de esta lista el desprendimiento de retina) que recibimos. Unos picos de producción rozando la saturación y el sobre estímulo que no se ven correspondidos con una mayor calidad en las propuestas pero tampoco en una menor. El panorama de la ficción televisiva, lejos de declinar en cuanto a avalancha de inputs, seguirá aumentando en los próximos meses con las cada vez más firmes apuestas de los nuevos actores en liza (Facebook, Apple y Youtube) y la calidad parece que seguirá en niveles estables. Lo que es más preocupante es que cada vez haya más gente invitada a la fiesta, y, por el contrario, los días del año (como el salario de este) nunca crezcan en proporción, con lo que digerir toda esta sobre producción debería ser uno de los puntos claves en la próxima cumbre del G8.

En este esquema empresarial de a ver quien la tiene más grande (que no más admirada), Netflix sigue reinando con una política que apuesta descaradamente por sepultar al suscriptor con horas y horas de sus producciones (sean excelsas o pura bazofia). El algoritmo manda, y como tal,  poca chicha del gigante online encontraréis en la lista que sigue. Tampoco la HBO pasa por su momento más boyante (pese a las dos incorporaciones en esta lista), sin terminar de definir con exactitud su línea editorial ante el empuje de Netflix y sin una claraboya firme una vez su dragón de los huevos de oro prenda el vuelo (aunque vuelva poco después en la forma que sea). Una desorientación que también causa mella en la plataforma AMC desde la salida de sus dos jinetes del Olimpo (Mad Men y Breaking Bad). Parecían haber encontrado un alivio incontestable en el mejor spin off de la historia, pero este año las dosis de Better Call Saul no han estado a la altura de otras ediciones, de ahí que, por primera vez desde su emisión, no pasen el corte del Top 10.  Sí lo hacen nuevas llegadas (de hecho solo repiten dos), varias de ellas marcadas por un pulso cinematográfico, uno que ha tenido una guía estilística en el cine setentero (al menos, tres de las series que siguen rebuscan en la estética definida por el Hollywood de la generación de oro). La factura de las ficciones se ha encaramado hacia lo más alto en los últimos meses, y esta ha sido correspondida con actuaciones de órdago. Una competición entre Julia Roberts, Amy Adams y Patricia Arquette para proclamarse reina de la interpretación femenina de 2018 tendría poco, o nada que envidiar, a la que depare la próxima gala de los Oscar. Lo mismo se podría aplicar en el lado masculino, donde Benicio del Toro, Shea Whigham, Brian Cox y Wyatt Russell han brillado con luz propia.

Otra gran noticia es la cada vez más innecesaria separación entre ficción nacional e internacional. La llegada de los nuevos actores (con Movistar + al frente y a toda máquina, pero también con los gigantes online y sus sucursales peninsulares) ha influido (y mucho) en que los seriales españoles no solo se hayan puesto las pilas, sino que sus acabados, dinámicas narrativas y temáticas empiezan a ser diseñadas para el asalto internacional. Lo ha demostrado a gran escala La casa de papel (el Rosalía de la televisión española), pero también tiene deje exportable algunas que se han quedado a las puertas de entrar en esta lista (El día de mañana, Fariña).

Tras estos tres brochazos simplistas y generalistas sobre el estado de la ficción de los últimos meses, y ante el aviso de la imposibilidad de cubrir toda la cosecha estrenada (facilito el ataque de trolls confesando el no visionado de algunas candidatas a haber entrado en esta lista:  The Looming Tower, Pose, Barry, The Terror, Yellowstone, An English Scandal, Gomorra), pasemos a desglosar los atracones más excelsos de una producción (y ahí va la moralina) que ha brillado con intensidad, pese a su incapacidad, conocida de antemano, por cubrir el efecto Teller-Ulam que desencadenó el genio David Lynch con la irrepetible e inigualable Twin Peaks: el regreso durante el pasado curso.


10. Heavies tendres (TVC)

Showrunner: Juanjo Sáez

Heavies tendres portada


Tuvieron que pasar nueve años de la despedida de Xavi Masdeu, ese alter ego de animación de Juanjo Sáez sobreviviendo a los altibajos emocionales de su incrustado peterpanismo en la Barcelona moderna del cambio de siglo, para reencontrarse con el mismo trazo (característico de su autor) y las mismas enseñanzas sentimentales en pocas viñetas. Una espera que fue recompensada con creces con esta precuela que fija su escenario en el barrio de la Sagrera de la Barcelona pre-olímpica mediante las memorias de la pre-adolescencia del propio Sáez y su amigo del alma de entonces, el Miquel. Un entrañable recorrido por las angustias propias de la edad del pavo y de esos primeros pasos eufóricos y aterradores por la vida, las definitorias e imborrables emociones de niños experimentado, por ver primera, las mieles y los sinsabores de la edad adulta a través de una serie de aventuras y desventuras protagonizadas por la entrañable pareja. Una serie movida por un músculo emocional admirable, de una ternura y una sensibilidad muy por encima de la media, y todo ello capturado con esos trazos de dibujo que con lo mínimo expresan lo más profundo e inefable.


9. Mr. Robot (USA Network)

Showrunner: Sam Esmail

Mr Robot 3

El thriller cibernético conspiranoico de USA Network ha recobrado durante su tercera temporada los ademanes de grandeza con los que nos hackeó la voluntad a un puñado de serieadictos en su primera temporada. Sam Esmail ha reconducido su criatura tras los desfallecimientos de la anterior entrega, recuperando ese atrevimiento (en todas sus esferas) impulsado por un antihéroe nihilista, esquizofrénico, antisocial, perfil exacto de consumidor de prozac y otras lindezas, liderando una revolución invisible, silenciosa, de parquets y números binarios, pero arriesgada, enfrentada a los actores que pueblan esa agenda oculta que gobierna el mundo y a quien la serie lanza unos dardos de crítica agria (poco habitual en un producto de consumo de las características), perfilada por una perspicacia y agudeza irrebatible. Todo ello envuelto en una forma desbordante, a ratos deslumbrante.


8. The End of the F***ing World (Channel 4)

Showrunner: Jonathan Enwistle

The end of the fucking world

Fue una de las primeras ficciones elogiadas del curso y, poco después vilipendiadas cuando el consenso a favor se expandió como la pólvora por las redes sociales (el ying y el yang se nutren a gran velocidad en la era digital). Un caramelo de ficción británica imbuida por las facciones, las estéticas y las actitudes de la road movie norteamericana. Pero lo que funcionaba, y funciona sin fisuras, en este producto de Channel 4 puesto en conocimiento global por Netflix, era una formulación narrativa sencilla que partía del amor (trágico) entre una pareja teen bonnieclydiana en pleno angst de la edad del pavo. Notas nada desdeñables de amargura y de gamberrismo, y una mala baba digna de elogio, compensaban con creces lo convencional de su trama y su desarrollo. Todo ello potenciado además por esta estética resultona con anclaje en el cine sesentero, la nouvelle vague, Wes Anderson (y la paleta cromática de Utopia) coronado por una banda sonora de órdago (Graham Coxon a los mandos) y las interpretaciones de dos personajes magnéticos y carismáticos. El boca oreja funcionó a las mil maravillas para esta comedia negra que se prestó a ello, de consumo ágil, redoble efecto en las reservas de endorfinas y recuerdo prolongado como demuestra su inclusión en esta lista.

 

7. Fuga en Dannemora (Showtime)

Showrunner: Brett Johnson y Michael Tolkin

Fuga en Dannemora

La mini serie de Ben Stiller ha supuesto uno de los picos de reconfort para las retinas más exigentes y más adaptadas al formato cinematográfico. Porque aquí estamos ante una modélica película de 7 partes sobre la sonada y única fuga de una prisión de máxima seguridad en el estado de NY acontecida en el año 2015 por parte de dos reclusos con la ayuda de una interna. Triángulo de protagonistas a los que da vida el trío más ilustre de la interpretación televisiva en 2018, el tridente más imbatible de cualquier escuadra seriéfila. Hablamos de fucking Benicio del Toro (a ver cuantos actores nos pueden hacer que temamos y suframos por un personaje en cuestión en pocas escenas de separación) , la antológica Patricia Arquette (olé sus ovarios por haberse metido en un personaje tan feísta pero que le debería volver a reportar laurel a las vitrinas del hogar) y el siempre solvente Paul Dano. Un producto que recupera el género carcelario (el de la fuga carcelaria, por si no quedaba claro) poco resolutivo en televisión pero con imborrables muestras en el séptimo arte, de cuyos rastros, Stiller y sus secuaces artísticos, siguen con modales ejemplares. Pero es que además, y como demuestra ese rotundo capítulo 6, pero también el grueso de la serie, Escape en Dannemora es una exploración de los deshauciados por el capitalismo, de los seres parasitarios que alimentan el sistema desde los márgenes (en ese sentido, la serie es un logro en nivelar la vida de los de dentro y lo de fuera de los barrotes). Su retrato de esa América profunda de la grit-lit, de esos ambientes deprimentes, asfixiantes, con el No Future apuntando a la sien, haría erizar el vello púbico de Edward Bunker, Harry Crews, Donald Ray Pollock y demás francotiradores del sueño americano en los páramos más marginales y desoladores, justo donde la criminalidad hace acto de presencia como un pus salvaje inextirpable.

 

6. Succession (HBO)

Showrunner: Jesse Armstrong

Succcession

Uno de los personajes de esta nueva llegada de la HBO recomienda a uno de los personajes más descacharrantes que la pueblan que se aleje del nido de víboras que forman la familia Roy. Pero el efecto que ejerce esta serie a medida que avanza (no termina de convencer en sus dos primeras dosis) es justamente la contraria, la de no despegarse de esta manada de perros hambrientos, egoístas y rabiosos envueltos en una terrible lucha interna por el control del poder. Las dentelladas fratricidas y cainitas de esta familia de ética podrida que mueven los hilos del mundo desde sus cúpulas de vidrio en las zonas más adineradas de Manhattan sigue poniendo en valor la síntesis perversa, vergonzosa y retorcida del ser humano que Shakespeare recogió con maestría en su obra. Aunque los dramas edípicos, las tragedias griegas y Macbeth, Lady y su puta madre, o sea, la corrosión que el poder ejerce en el alma, y el choque entre la vieja guardia y los nuevos tiburones salidos de las escuelas de negocio, cobra un nueva dimensión con este artefacto ficticio cargado de astucia, ritmo e intensidad desbordante. Cada personaje se desenvuelve tan pletórico, así como sus líneas de diálogo, y los actores que los interpretan, que resulta de lo más jodido quedarse con uno (aunque no puedo esconder mi debilidad por el tándem cómico que conforman Tom y Greg. Spin off crossover con The Office ya, por favor). Estamos ante uno de los retratos más fidedignos, agudos y certeros de esos hijos de perra que tienen pillado por los huevos el rumbo de la economía mundial mientras se degollan en los despachos que cubren, momentáneamente, el vacío de sus miserables, e influyentes, existencias. Y lo más meritorio de la propuesta de Jesse Armstrong es que consigue que empaticemos con estos seres despreciables y miserables. Deal With It, Oliver Stone.

 

5. Homecoming (Amazon)

Showrunner: Eli Horowitz, Micah Bloomberg y Sam Esmail

Homecoming

De nuevo Sam Esmail cincelando uno de los continentes más absorbentes y arrebatadores de la temporada. De nuevo Esmail ampliando la mancha de la América conspiranoide post 11-S. Aunque esta vez no vaya de lobo solitario, sino acompañado por Eli Horowitz y Micah Bloomberg en la adaptación de este podcast alrededor de la prácticas secretas que acontecen en un centro militar, a priori, preparado para la reinserción de soldados yanquis lastimados por los traumas de guerra. Mediante una doble línea temporal (presente y pasado, cada una con un formato de pantalla distinto), el espectador asiste, de la mano de la angustiada Julia Roberts, a un carrusel de enigmas, verdades ocultadas, blackouts del copón, e identidades difusas. Una trama cocida a fuego lento, sin tirabuzones innecesarios ni salidas de tono, que queda realzada por uno de los andamios estéticos más perdurables, sólidos y envolventes de la temporada (fuera y dentro de la televisión). El que edifica Esmail con ayuda de su director de foto (Tod Campbell) y que rastrea sin disimulo (las citas y referencias son bastante explícitas)  la estética del thriller político setentero de Pakula, Pollack, Coppola y compañía.

4. The Deuce (HBO)

Showrunner: David Simon y George Pelecanos

The Deuce 2x01

Repite cuarto lugar, aunque la creación de Simon y Pelecanos crece medio punto en su segunda temporada. Más alejada de las calles mugrientas y sucias de la primera, ahora pone el foco en las bambalinas del cine porno a través de una galería de personajes más fornida y magnética, más preparada para trascender el simple visionado. Sobresale también en esta nueva remesa una dinámica más orgánica entre las historias que representan cada personaje, las subtramas asociadas y la conexión entre todas las esferas que, como en cualquier creación del Dios Simon, son diseccionadas con precisión quirúrgica. Es como si la radiografía de las capas marginales  hubiera cobrado vida propia y empezara a fluir a su antojo, un ecosistema televisivo con vida propia del que resulta jodidísimo sustraerse y alejarse pese a la dureza de las vivencias que retrata. Puro Simon, puro realismo estrujante de realidades hirientes pero tremendamente magnéticas.

3. Wild Wild Country (Netflix)

Showrunner: Chapman y MacClain Way

Wild Wild Country

Los hermanos Way han logrado otra victoria incontestable para el True Crime. Lograron instalar una revuelta de duda y escepticismo al anonadado espectador, incapaz de discernir, entre el mar de inputs inverosímiles, si la sucesión de WTF’s en pantalla eran reales. Y al parecer, y hasta que salga otro documental a desmentirlo, lo son. La estrambótica historia de esta secta, sus intrigas de poder internas y su confrontación externa, a todos los niveles, con sus críticos y perseguidores, ha sido un regalo caído del cielo para sus realizadores que lo han servido a la audiencia planetaria de Netflix de la forma más astuta, ágil e intencionada. Utilizando mecanismos propios de la ficción, y valiéndose de personajes grabados a fuego en la retina como héroes ambiguos, y villanos más ambiguos, de esta función que instala, sobre el mismo espectador, la incerteza moral de los actos que recoge. Esa pregunta de ¿una panda de chalados o gente firme con unas libertades cuestionadas por salirse de la norma? Por no mencionar toda su acertada reflexión sobre el cuestionamiento del status quo. En definitiva, estamos aquí ante la voladura de mente más perseverante de la temporada. En un hito de la no ficción que dejó al personal con la boca desencajada y a tres palmos de su nivel natural y que recuperó eso tan entrañable de la era sin Netflix, la tertulia (no la basta y linchante que se produce en las redes), sino la de devotos de la serie teniendo que buscar anclajes de verdad a través de las discusiones con otros fieles o no fieles de esta visión alucinante sobre una secta que, sin saberlo, estaba escribiendo el storytelling más alocado y fascinante de 2018 (casi igual de inaudito que el propio relato es que su conocimiento por estos lares hayan tardado décadas en producirse). Team Sheela (por si quedaban dudas).

2. La guerra de Vietnam (PBS)

Showrunner: Ken Burns y Lynn Novick

La guerra del Vietnam

El mastodóntico esfuerzo desempeñado por Ken Burns y Lynn Novick  durante 10 años se traduce en diez horas (17 alcanza la versión sin adulterar) sobre el conflicto bélico que sacudió las placas tectónicas del siglo XX. Una titánica labor por detallar la cronología de la funesta e interminable guerra, la sangría social en los dos países implicados y todos los movimientos políticos durante sus distintas fases, haciendo especial hincapié en la contestación de una crispada y revoltosa sociedad en plena era del cambio. No solo estamos ante una obra de no ficción enciclopédica y totémica, de una rigurosidad que sobrepasa, sino que además conserva el interés magnético durante todo el trayecto gracias un barniz emotivo sobre unas imágenes de archivos de valor incalculable, una densidad apaciguada y un montaje ejemplar. Además, hay que valorar la buscada equidistancia entre las distintas facciones, al menos, hasta el máximo al que pueden llegar dos americanos explorando minuciosamente la guerra que traumatizó a su país, y al mundo entero en su expansión de incomprensión y rabia.

1. Atlanta (FX)

Showrunner: Donald Glover

Atlanta season 2

Que este ha sido el año de Donald Glover es una premisa que todo parece indicar que se va a convertir en una constante en años venideros si la mala fortuna (o la fama) no causan estragos en su desbordante riego creativo. Su vis renacentista cobra su máximo apogeo en esta ficción, cuya primera temporada ya se deslizó con facilidad entre las diez mejores ficciones de 2016, pero que con la segunda parece haber alcanzado la estratosfera. Un producto que deleita con sus inesperados y alucinantes quiebros narrativos, tonales y de género. Una ficción voluble, dinámica, burbujeante que se escapa de lo convencional para convertir la incerteza y lo inesperado en una expresión creativa asombrosa. Palabras quizá abstractas y poco certeras para una criatura tan bien diseñada, pensada y impermeable al revisionado. Impresiones sin embargo sin cláusula hiperbólica a cuestas, porque cuando la fusión de masa gris entre Glover (showrunner, guionista y actor de la maravilla) y Hiro Murai (su brazo audiovisual, armado de una finura y solvencia estética incuestionable) perpetran techos de ficción, por no decir el Everest del curso, como “Teddy Perkins”, una obra maestra de 30 minutos que solo podrán ver en sus distribuidores catódicos más cercanos, quedan pocos superlativos que puedan igualar el embiste de genialidad. Estamos sin duda ante una dupla privilegiada, desenvolviéndose sin ataduras de ningún tipo por los mecanismos saltarines (sin muelle de repetición) de este dramedy que, en el fondo, resigue un mismo hilo conductor desde su primera temporada: experimentar durante cápsulas de treinta minutos la angustia (hilarante, delirante y terrorífica) que supone ser negro en los Estados Unidos de América actuales.

 

Y otras a considerar

Heridas abiertas (HBO)

Better Call Saul (AMC)

 


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