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Leaving Neverland – Dan Reed (HBO)

posted by Omar Little 13 marzo, 2019 0 comments
La segunda muerte de Jacko

Leaving Neverland poster

Tras haberse instalado en los corrillos, las tertulias televisas y la opinión pública estadounidense, el pasado sábado aterrizó en suelo español (Movistar +) uno de los documentales más sonados y trascendentes (por su amplitud mediática) de la temporada. El terremoto de escala 8, y el que está por venir, tiene su origen en los atroces pasajes que contiene Leaving Neverland, un documental de cuatro horas de la HBO que corroboraría, y daría el testimonio gráfico, a esas sospechas que acompañaron la vida personal del que fue la gran estrella pop del pasado siglo, Michael Jackson.

Sin querer entrar en la veracidad total o parcial o las dudas que pueda albergar la mancha de pus que destapa Dan Reed en su trabajo (¿de verdad algún adulto puede tener un recuerdo tan vivido de la primera etapa de su niñez?), Leaving Neverland se edifica como un documento testimonial alrededor de las vivencias de Wade Robson y James Safechuck, dos de las supuestas víctimas de los abusos sexuales que colgaron sobre Jackson. No es este un documental con una tesis, ni una obra de investigación que siga cierto procedimiento policial, sino un trabajo de trituración del aura venerada de una estrella del pop a través de la captura del testimonio de dos líneas de acusación parejas que ponen sobre la mesa no solo la culpabilidad del icono del pop, sino su maldad retorcida según detalles gráficos (y hasta escabrosos) de esos encuentros sexuales entre el cantante norteamericano y los dos sujetos,  menores en ese momento. Reed tiene muy clara su posición al respecto y las pocas decisiones formales que toma en este trabajo de aspecto televisivo, van dirigidas con vehemencia a destrozar la imagen del excéntrico cantante. Un juicio que queda justificado (al menos a nivel periodístico) por la supuesta verdad incómoda y demoledora que destapa (o reafirma, según la imagen mental que ya tuviera cada espectador sobre el mentado cantante). El documental se desenvuelve así cómo un testimonio de cómo los abusos de Jackson, su manipulación y su sombra durante años destrozaron la vida de esos chicos y las de sus familias (especialmente trágica fue en el caso de Wade). Sin embargo, todas esas voluntades tan expuestas del material, no permiten un espacio para otros apuntes, otros puntos de vista, reflexiones, o miradas incisivas que permitan hallar respuestas en ese infierno que se escondía detrás de los dulces y las norias. Con o sin el supuestamente, el trabajo pierde firmeza y credibilidad en el momento que decide usar una voz unidireccional, un dardo cargado de la ira de nuestro tiempo para destronar al último rey del pop. No se entienda esto como la defensa de un personaje que para este servidor nunca fue digno de aprecio, ni tan siquiera por su legado artístico (quizá los más destacado de su creatividad me resultaban sus clips), sino la exposición de un trabajo tosco, arrinconado en el morbo y la lapidación. Porque no solo no esquiva (o suaviza) los detalles más espeluznantes que envolvieron las prácticas sexuales que habrían tenido lugar en la mansión del músico, sino que las alienta, a veces, incluso interviniendo y guiando con su propia voz (como un Ferreras de turno), con la intención de subrayar algo que ya manifiesta desde el propio montaje, la realización y el uso de la música. La ausencia de esa voz distante o parcial que aporte matices, o que cuestione la versión de las víctimas (la nota ambigua) no tiene lugar en un trabajo que ofrece su veredicto a las primeras de cambio, no solo sin posibilidad de réplica, sino ajustando esta a un esquema repetitivo y dilatado, sin necesidad de llegar, bajo ningún caso, hasta las cuatro horas de duración. Lo mismo hacen con la segunda escala de culpabilidad, esas madres y su criticable ingenuidad con todo el asunto. Un tema de tal seriedad merecía un tratamiento más respetuoso y elegante, a mi entender.

Aunque es su envoltorio lo que más refleja la pobreza de la propuesta. Sin contar el material de archivo, el estilo televisivo que desprenden las entrevistas y los recurridos planos aéreos denotan las debilidades de Reed para dotar de consistencia formal su marcado asedio al ídolo pop. Y en un sentido, la obra tiene ese valor intachable, el de haber oscurecido las escasas áreas de luz que quedaban sobre Jackson, pero como documental ni tiene fuerza, ni está bien estructurado, y, muy notablemente, se aprecian sus intenciones y su escaso preocupación formal. Causará alboroto por el contenido aterrador que se describe, pero dejará desabrigado en la forma elegida para hacer llegar el relato al espectador. Como interés periodístico e informativo lo tiene, como documental apenas.

5

 


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