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Los 5 momentos más brutales de Breaking Bad

posted by Omar Little 4 agosto, 2013 0 comments

Breaking Bad: Lily of the Valley

Jodida felicidad. La muy puta nos da, para luego quitarlo. Si alguien va a sufrir esta cruel paradoja en los próximos días, somos los desdentados teleadictos que hemos sido glorificados por la meta de Heisenberg a lo largo de cinco increíbles temporadas. La serie de la AMC pretende chutarnos una sobredosis de alegría para dejarnos tiritando en la cuneta más cercana.

Es el crudísimo peaje que hay que pagar, y el de este serie promete ser antológico, visto lo que son capaces de cocinar sus guionistas, y el punto caliente en el que dejamos el asunto. Son ocho nuevos capítulos (y últimos para cuando el psicólogo pregunte) que darán por zanjada una de las ficciones más alucinantes de los últimos años.

Para preparar el momento, calentar el ambiente y honrar a las futuras víctimas y a todo el equipo implicado, hemos decidido recopilar los 5 momentos más acojonantes y demoledores que nos ha dejado la ficción de Vince Gilligan.

La muerte de Jane, la novia de Jesse (Temporada 2. Capítulo “Phoenix”)

La muerte de Jane

 

Fue la primera mordedura en la nuez. Era la primera vez que Walt cruzaba la línea roja, que nos enseñaba su rostro más perverso y despreciable. Era probablemente la primera vez que la audiencia empezó a distanciarse del protagonista. Y no había para menos después de que éste permaneciera impávido mientras presenciaba cómo una Jane, puesta hasta las cejas de heroína, se ahogaba en su propio vómito al estilo 1967. Fue tan contundente el golpe que costó días encajarlo. Pero las imágenes no engañaban, ¿acaso los motivos eran paternalistas  o bienintencionados (dentro de la gravedad)?, vista luego la evolución de la relación entre Walt y Jesse, parece claro que no.

Hank tiroteado por los primos de Tuco en un aparcamiento (Temporada 3. Capítulo 7  “One minute”)

No podía faltar en una lista así uno de los secundarios más gloriosos, no ya de la serie, sino de la televisión. El cuñado de Walter se ve en la encrucijada más puta de su vida cuando en el séptimo capítulo de la tercera temporada decide ir a un centro comercial a comprar flores para Marie. De repente recibe dos llamadas sin identificar de una voz distorsionada alertándole: “Dos hombres vienen a tu encuentro a matarte”. “Tienes un minuto”. Hank empieza a darle verosimilitud al tema cuando la calma arrecia en el aparcamiento. Desde dentro del coche ve como se aproximan los primos de Tuco, e intenta hacerse inútilmente con su pistola, la cual ha sido retirada por haber sido inhabilitado de la DEA escasas horas atrás. Es entonces cuando empieza una escaramuza cruel y visceral por la supervivencia propia del mejor noir contemporáneo norteamericano. Hank atropellando a los mejicanos y éstos enzarzándose a disparos con éste. El resultado no es fatídico, pero marcará de forma profunda el futuro de este genial personaje.

“I’m the danger” (Temporada 4, Capítulo 6)

Una de las aproximaciones más reveladoras sobre la brillantez de la serie, y  la genialidad de los que la escriben, se produjo a través de un diálogo. Una discusión que caló a fuego en las mentes de los telespectadores al nivel de las imágenes y secuencias más virulentas de la serie. Fue realmente hiriente porque se produjo en el ámbito doméstico, entre dos personas que al principio de la serie permanecían unidas, en parte, porque Walt había conseguido mantener sus trapicheos a gran escala como un gran secreto en su matrimonio. Sin embargo, este fue un punto culminante, una base de no retorno, en el que Walt, no sólo demostraba su faceta más terrorífica y malsana, sino que lo hacía ante su propia mujer, la misma madre de sus hijos. Y lo más salvaje de la secuencia no fue ver a un Walt descontrolado, sin intención de aplacar a la bestia que lleva dentro (Heisenberg), sino la reacción de una mujer acojonada, engañada, y lastimada por una persona que, desde ese preciso momento, se da cuenta que un extraño peligroso,  o peor, que el Walter de antes era solo una una proyección inocentona del verdadera criatura que en esta escena aflora. En definitiva una escena, que de producirse en la vida real, hubiera sido caso flagrante para denunciar a la asociación de mujeres maltratadas.

Walter  fuera de sí en el sótano tras perder su botín (Temporada 4. Capítulo 11 “Crawl Space”)

Pocos capítulos después de la secuencia de más arriba, los guionistas de la serie nos volvieron  brindar una de esas secuencias que permanecerán intactas en nuestra memoria hasta que el cabrito alemán venga a usurparlas. Ésta empieza con un Walt nervioso, removiendo las bolsas de dinero en el sótano para poder pagar la deuda a Gus Frings y salvar a su familia. Cada vez más fuera de sí, irrumpe  Skyler para contarle que ha sido ella quien ha cogido ese dinero para costear lo de Ted, el compañero de trabajo a quienes unos falsos atracadores lastimaron de forma accidental. La reacción de Walt ante el mayor y más terrible disgusto de su vida no sería la esperada en el 99% de las series, sino la propia de una, que si  por algo se distingue es por su no-normalidad, su  ruptura de esquemas y su excepcionalidad, de ahí la piel de gallina cuando se asiste a los distintos cambios de humor de Walt al conocer el paradero de su dinero, de la consternación, a la rabia, pero sobre todo, a la risa enloquecida. Por primera vez, el personaje parece superado, sin control sobre su delicada situación, sin posibilidad de escape, por eso que una de las secuencias más brillantes de toda la serie, sea un travelling en cenital y ascendente que va alejándose del primer plano de Walt para terminar enseñando su rostro ido a través del pequeño agujero que separa el sótano de su casa, y que simboliza la propia tumba del personaje.

Duelo a muerte en la residencia (Temporada 4. Capítulo 13 “Face off”)

Otro de los instantes más antológicos de la serie llegaba en forma de enfrentamiento final entre los dos sujetos que batallaban por el control de la distribución de la meta. La secuencia resulta magistral por su desarrollo, pero especialmente, por la habilidad de los guionistas y equipo técnico para construirla de forma impecable, para prepararla con brillantez, dotándola de pleno sentido. Ésta arranca con Gus Frings saliendo de su coche, justo en el momento que empieza “Goodbye” de Apparat, una canción escogida con criterio no solo por lo que predice el título sino también por su cierto deje a western crepuscular, y que casa a la perfección con lo épico y trascendental que se avecina. Ciñéndose a esa iconografía del western y los duelos en el ok corral, la cámara sigue a Mr. pollo hasta la habitación, donde le espera un Hector postrado en la silla de ruedas. Por el momento ni rastro de Walt, parece que no le han tenido una trampa como le alertaba Mike. Sin embargo, Héctor empieza a mover nerviosamente su dedo sobre el famoso timbre de su silla de ruedas, y finalmente acciona la bomba depositada en los bajos. Un fuerte estruendo lo precede, y bajo el fuego, y el polvo sale un Gus impasible. Cuando las imágenes de Superman e Iron Man empiezan a cruzarse a modo de sinapsis, la cámara descubre su otro perfil, y vemos parte de su cara desfigurada por la bomba, al estilo Terminator, instantes antes de caer muerto. Una forma mayúscula, inteligente, elegante, inesperada, épica, y poética si me apuran, que tiene  Walt (erigido como el vencedor intelectual) de terminar con su gran villano. Ahora solo le queda enfrentarse a los enemigos íntimos en lo que resta de este manjar excepcional.

Mencion especial

La mosca tse-tse (Capítulo “The Fly”)

Son tantos los momentos aturdidores y sobrecogedores que nos ha dejado la serie que resultaba más complicado decidirse por cinco que elegir la mejor peli sobre juego de la historia. Pero hubiera resultado injusto e ingrato olvidarse de un capítulo en concreto. Un episodio anómalo que define la categoría excelsa de la serie, pero también su singularidad y su posición aventajada sobre el resto, y su libertad ante las convenciones televisivas. El capítulo en cuestión se llamó “The Fly” (La mosca), y lo que debía convertirse en un capítulo de transición se convierte en una pieza magistral de la mejor televisión moderna, en un culto a los argumentos disparatados, en una oda a la creatividad desbocada, en una epopeya costumbrista. Un tripi alucinante en la que seguimos el día a día de Walt y Jesse en el laboratorio hasta la llegada de un intruso inesperado: una jodida mosca. A partir de ese instante es una lucha sin cuartel de Walt para atrapar el minúsculo insecto en el esquema de un argumento de lo más hilarante y humorístico. Buena parte narrado través del punto de vista de la mosca atrapada allí. Con dos cojones, pero vaya dos cojones de oro. No extraño entonces que el capítulo lo dirigiera Rian Johnson.


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