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Lost 6×04: Impresiones “El sustituto”

posted by Omar Little 21 febrero, 2010 0 comments
Lost comes around

John Locke el substituto

Más tarde de lo habitual me dispongo a vomitar las impresiones sobre el último capítulo de Perdidos. Y por fin me alegro de poder decir a los cuatro vientos que “El sustituto” es el principio de lo que todos estabamos esperando. Tras quejarme como una niña llorona por los tres flojos capítulos iniciales, sobre todo el protagonizado por Kate, los guionistas han querido dar un vuelco de timón y dirigirse hacia las respuestas, respuestas a medias, pero al fin y al cabo con “The substitute” se han arrojado algunas luces al tema.

Los que querais seguir en la oscuridad de la ignorancia sobre el transcurso de los losties no sigáis leyendo, porque a continuación se va arrojar mucha luz en forma de Spoiler.

Revisionando el capítulo ayer por la noche bajo la tutela de un par de ojos más avispados que los del miope que escribe, me di cuenta de lo bien que funciona este capítulo en todos los niveles y de la gran cantidad de detalles que corren por él. Sabía que la cosa funcionaría cuando ví a Richard (AKA el Emo de la isla) atemorizado por la presencia del humo de negro bajo la piel impotente de John Locke. Este último le suelta a Richard que ha sido engañado, y se sorprende al saber que Richard desconoce su misión durante todos estos siglos que llega pululando por ahí, en esas un escalofrió recorre mi espina dorsal, cuando yo y el AntiJacob/Locke (No Richard, pero sí más tarde Sawyer) vemos a un niño rubio con las manos ensangrentadas en medio de un claro de luz de la selva. Hay quien dice que el chico puede ser Jacob, o incluso Aaron, sin embargo, yo me inclino a pensar que es el chico del lago azul que ha enloquecido tras perder a Brooke Shields.

Pero cuando de verdad sentí la primera sacudida estomacal, no fue por un tema narrativo, sino más bien por uno de estético. Ver al señor antiJacob desplazarse en cámara subjetiva por el poblado Dharma y con el inconfundible chascarrillo eléctrico que lo acompaña resultó muy grande, más aún si cabe al llegar a uno de esos momentos musicales que hacen que la serie adquiera una tonalidad distinta (¿recuerdan el “Downtown” de Petula Clark al principio de la 4?), pues a eso me refiero. Sin embargo en esta ocasión, cuando Locke entra a una de las casas, se encuentra a un Sawyer destroyer dándole a la botella mientras escucha “Search and destroy” de Iggy Pop and The stooges . Ahí tiene lugar uno de esos diálogos que tanto he encontrado a faltar, uno de esos en que se mezcla el humor con la tensión, y que como resultado destapa frases eriza vellos como: ¿Y si te dijera que puede responderte a la pregunta más importante del mundo?…¿por qué estás en la isla?, todo con ese tono y esa interpretación que sólo Terry O’quinn es capaz de hacer. Un Sawyer con nada por lo que vivir, le pica el gusanillo y emprende un viaje hacia las respuestas.

Mientras en el flash-sideways hemos ido viendo la vida de un John Locke que sigue con parálisis. En estas secuencias Locke vive con angustia su incapacidad, como cuando se cae con la silla del coche, cuando intenta subir a él, pero un coche aparcado a su lado lo impide, o cuando lo chutan del trabajo por haberles mentido. No sé como se lo hace Locke pero en un capítulo de 42, siempre cortos, minutos va recibiendo cameos: Hugo, Rose, y finalmente Ben Linus de ejemplar profesor de Historia europea. Pero sin duda lo más sorprendente ha sido verle con Helen, no por el hecho en sí, sino por ver que Helen no es más que Katey Sagal, la misma matriarca hija de perra que domina con mano de hierro a los Sons of Anarchy. Verla en un registro tan diametralmente opuesto me ha trastocado.

Volviendo a la isla, que es donde hemos encontrado más chicha. Magistral el momento en que Locke/AntiJacob llega con Sawyer, después de haberlo salvado de una muerte al vacío, a una cueva a lo Alatamira en donde nada más entrar encuentran una balanza con una piedra blanca y una negra. ¿Equilibrio entre el bien y el mal, el ying y el yang, la luz y la oscuridad, los destellos y el humo?, ahí cada uno que lo lea como quiera, lo único claro es que AntiJacob coge la piedra blanca y la arroja al mar, dejando claro sus preferencias, y al animadversión que siente hacía el blanco. Mientras Sawyer, después de casi perder la vida, le suelta un “¿me estas tomando el pelo?, ¿estoy aquí para ver una balanza con dos piedras?”.  A lo que el otro se apresura para encender una antorcha y adentrarse en la cueva. Y ahí por fin, el clímax del capítulo, una cueva llena de nombres, algunos tachados y otros no, y algunos con unos dorsales bastante reconocibles; con el 4… Locke, con el 8… Reyes, con el 15..Ford, el 16…Jarrah, el 23… Shepard, y el 42… para Kwon. En este ambiente tan mágico y desencajador de mandíbulas, AntiJacob explica que todos esos nombres son las apuestas de Jacob para sustituirle, forman los candidatos a erigirse en los nuevos salvadores de la isla. Y es en ese momento cuando mediante unos flashes se ve a Jacob conectando con todos esos personajes en un momento u otro de sus vidas. Simplemente brutal.

Por fin nos encontramos ante un capítulo de gran talla, con grandes momentos, acción, emoción, donde se revelan aspectos importantes, y donde las dos tramas temporales protagonizados por el mismo actor pero en diferentes roles, se conjunta con criterio y coherencia, haciendo constantes referencias y guiños. Esperemos que la línea cogida por “The substitute” no se abandone ya para el resto de capítulos que nos quedan.   


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