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Louie is back in town

posted by Omar Little 11 mayo, 2014 0 comments

Louie temporada 4

¡Cómo echábamos de menos al gordinflón pelirrojo!  Ahora que se confirma que Community no tendrá sus six season and a movie, ya no hay discusión posible par señalar la mejor comedia del momento. El propietario absoluto es Louie, que tras un año de descanso, regresa en plena forma con su genuino humor cafre, desdichado, pero impecable en su objetivo.

Tras ese brillante final de la tercera temporada, donde se nos quería hacer creer que Louie podía abrazar, por primera vez en su carrera,  el reconocimiento y éxito masivo, cuando lo eligen como candidato a sustituir a Jay Leno en el late night estadounidense, la cuarta temporada arranca poniendo de nuevo las cosas en el lugar que le corresponden al looser más divertido de la ciudad de los rascacielos.  Un 4×01 construido como una instantánea rápida de la situación del cómico, sus deberes como padre, sus obligaciones laborales y su infortunio generalizado. Un capítulo con instantes que triplican la cotización del imperio de Mark Zuckerberg. El primero de ello, es toda la secuencia surrealista e hilarante de los basureros de Nueva York provocándole un mal despertar de dos pares de cojones. Por no mencionar su lamentable incidente cuando entra en una tienda para comprar un vibrador y sale de ahí con un tirón en la espalda que le obliga a pasar por una de las consultas médicas más especiales de NY, donde le espera un cretino doctor más preocupado por su desayuno que por la espalda de nuestro stand-up comedian preferido.

Una rentreé más que correcta que nos recordaba lo mucho que extrañábamos al pelirrojo cabroncete. Sin embargo, los sabores más reconfortantes y prolongados se brindan en el 4×02, uno de esos capítulos aventuras en el que Louie, sin comerlo ni beberlo se encuentra metido en un Cristo épico. Un episodio que lo lleva a embarcarse en un acto benéfico con la flor y nata del estado por petición de Jerry Seinfield,  donde termina realizando una de sus actuaciones más lastimosas y deplorables de su carrera. Hundido, y ahogado de encontrase en ese ambiente de cuentas bilionarias, parece que sus dardos envenenados ha calado en una joven rubia, maciza y millonaria desplazada, quien no duda en invitarlo a subir a su lujoso descapotable para vivir un fugaz e increíble idilio. Lo que se prometía como uno de los pocos golpes de suerte que le caen a Louie del cielo, da un giro brusco, dejando por el camino varios instantes tronchantes e impagables.

Louie ha vuelto con las reservas cómicas por los topes, sin modificaciones en su esquema, pero manteniendo ese disparatada cabezota para ingeniar situaciones hilarantes e imprevisibles, y abocarnos a la carcajada de la mano de su lastimosa presencia y desdichada fortuna. Louie ha vuelto por la puerta grande, como te añorábamos cabronazo (y creo que ha quedado claro).

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