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Mad Men: Review 7×14 “Person to Person”

posted by Omar Little 18 mayo, 2015 5 Comments

Mad Men 7x14

Guardo con oro en paño los finales de las series que de algún modo están marcando mi recorrido vital. Recuerdo con exactitud lo devastado que quedé, y a la vez lleno de alegría y satisfacción, con el “Felina” que puso punto y final a Breaking Bad un 30 de septiembre del 2013. También recuerdo la sensación de subidón descontrolado que me provocaron algunos finales de temporada de Lost, así como un final que me pilló en Nueva York un 24 de mayo del 2010. Ahora hay una nueva fecha que engrosará mi proprio carrusel de la memoria catódica. La del domingo 17 de mayo del 2015, el día en que Mad Men bajó para siempre su persiana de oro macizo. Y la recordaré con el estado con el que he terminado este capítulo final, “Person to Person”, mirando la negritud de la pantalla de mi ordenador con los ojos llorosos, y una sonrisa eterna.

Si no has completado uno de los viajes más memorables de la televisión cantando en grupo y máxima comunión “it’s the real thing”, no tiene sentido arruinar tu existencia ahora mientras sigues leyendo.

Era de esperar, pero no por ello, iba a ocurrir por obligación. Aunque desde el preciso momento que he visto el nombre de Matthew Weiner como director impreso en los títulos de crédito sabía que iba a ser una certeza y que mi cuerpo no estaba preparado para controlar las ráfagas de emoción deparadas…como ha resultado siendo. Electrocutazos por todo el cuerpo, alguna lágrima que no he podido contener, y una sensación de vacío placentero, llevando al máximo estadio lo de la sensación agridulce.

Y perdón que me pierda describiendo mis sensaciones ante una despedida así, pero creo que son un buen termómetro para comprender lo profunda que podía ser la huella dejada por esta serie en los espectadores, y por ende, del calado que ha supuesto en la cultura popular del siglo XXI.

El capítulo ha arrancado ya por todo lo alto, con un Don Draper conduciendo un coche a toda castaña por un desierto de Utah. Una secuencia  inesperada, que buscaba el impacto inmediato, la adhesión interrogativa y que alarga con Don llegando a un hangar con el bólido, y con el look más informal con el que lo hemos visto nunca, charlar con unos jóvenes, mientras se toma una cerveza y suenan The Doors en la radio. Un Don calmado, y lo más alejado que nunca del director creativo de Madison Avenue.

Aunque su placentera y relajada vida lejos del mundanal ruido de la gran manzana pronto se ha venido abajo cuando Sally Draper le ha hecho llegar las malas noticias desde casa. En una demostración de entereza antinatural en una chica de 13 o 14 años, Sally le ha instigado varias veces a no regresar a Nueva York por Betty, que es precisamente lo que ésta desea. Aunque tras el golpe, como era de esperar, Don ha hecho la llamada obligada a Betty,y nos ha dejado con ella, una de las notas más tristes de toda la serie. Lo que ha empezado como recriminaciones torpes ante la incapacidad de expresar los sentimientos de cada uno,  enfocadas básicamente como queja hacia la voluntad de Betty de querer a los niños cerca de su esposo y su hermano, manteniendo a Don al margen, con el mismo trato del que ha gozado hasta ahora, ha terminado con los dos sollozando cuando Don le ha soltado el apodo cariñoso (“birdie”) con el que solía llamarla, dando pie a su vez a sollozos fuera y dentro de la pantalla, potenciados por el terrible e irrevocable destino que le aguarda a Betty.

Lo dijimos con anterioridad en uno de estos reviews semanales, el arco para Don podía volver a cambiar con 60 minutos por delante. Y así ha sido tras enterarse de lo de su exposa, cuya respuesta inmediata tras colgar, ha sido mitigar el golpe con el alcohol, antes de que esos dos chicos que habíamos visto en el hangar se lo llevasen a LA, en la soleada california que intuíamos como destino final en ese viaje kerouaciano.

En la otra costa, – sorprendente para quien escribe. La daba como despedida con ese plano de salida de McCann-, nos hemos reencontrado con Joan, a quien se la ha dedicado bastante minutaje, en su rol de mujer emprendedora que antepone la carrera a una relación. La que cumplía con el vaquero millonario, tras varias lunas de miel, una con cocaína de por medio – un apunte que me ha parecido algo forzado. Weiner ha tenido millones de planos y secuencias en las oficinas de Madison Avenue para introducirla, que es donde verdaderamente se mueve esa droga-, antes de despacharlo en el momento que decide no renunciar a sus sueños de mujer de negocios, que ahora pasan por crear una productora, donde pretendía hacer socia a Peggy Olson.

Sin embargo, ésta, la otra gran protagonista en la costa Este, declina la oferta para seguir batallando en las oficinas de McCann, con la idea de seguir escalando en el mundo de la publicidad. Aunque el foco en ella se ha centrado en algo que ya se intuía, su relación con Stan. Ambos se han declarado amor en una conversación telefónica algo disparatada, y no demasiado natural, entendiéndola dentro de los parámetros de genialidad y realismo de Weiner. Sin embargo, el resultado ha dejado al personal satisfecho. Por fin, Peggy abraza el amor que tan esquivo le ha resultado, encontrando en brazos de Stan esa chispa ansiadamente buscada, y que se ilustra en los dos fundiéndose en un beso en medio de su oficina.

Por su parte Sally Draper regresa al hogar para pasar con su madre sus últimas semanas. La cercana, y temprana, muerte de la madre la obliga a madurar de golpe, a saltarse la etapa de la adolescencia, de ahí, que la veamos en un par de secuencias, una con la madre, y la otra con sus hermanos, adoptando el rol matriarcal de la época en el hogar.

También ha habido un último recuerdo para Pete, que insultante, deja Nueva York con su familia. La aparición de otros históricos, que han mantenido su nómina desde los inicios, como Ken y Harry, se ha reducido a meros cameos.

Otro que se aleja de NYC y ¿de McCann?, es Roger Sterling, casado con la temperamental madre de Megan, aportando hasta el último minuto las notas de humor, y la salidas verbales más divertidas, cínicas e ingeniosa, y haciendo un último bonito acto hacia Joan, cuando decide asignar la mitad de su herencia al hijo de ésta.

Aunque la atención y la mente se dirigían hacia la costa oeste, la suerte de Don aún no estaba echada, y los interrogantes seguían ahí presentes pese a que los minutos pasaban de forma angustiosa. Tras dejarse caer por la casa de su familia californiana, donde se topa con una de las únicas personas en la faz de la tierra que lo conoce por su verdadero nombre, ambos se embarcan en una excursión hacía una especie de comuna de autoayuda y actividades ultra hippies. Una idea que ya señalamos como posible en ese Lost Horizon, y que aquí se ha concretado.

Pese al escepticismo general del propio Don de su paso en esa estancia – al igual que para el espectador más crítico ante el temor de estar cayendo en algo demasiado obvio (al fin y al cabo, este energúmeno fue capaz de vislumbre esa salida)-, las cosas se han llevado con coherencia y consistencia, y finalmente genialidad en la última curva. Primero esa decisión excesivamente obvia de concluir el viaje de auto-exploración, y quema de toxinas por parte de Don en un paraíso de meditación y terapia de grupo lo han suavizado con divertidas notas de humor, la que más carcajadas ha arrancado sin duda la secuencia en que la vieja le da un empujón a Don en medio de una clase de exploración grupal. Pero no se ha tenido que esperar demasiado para que los acontecimientos se recrudecieran, asomando, incluso, el peor escenario de los imaginados para el final de Don y la serie. Después de que la chica rubia desapareciera de la comuna, y con su espantada Don volviese a fracasar en su intento de convertirse en alguien valioso y querido para los que le importan, de ejercer de padre a tiempo completo, en lugar de a tiempo parcial, come se lo limita en la otra costa tras su historial de fechorías digna de Tiger Woods, a Don le ha cogido una especie de ataque de ansiedad (más bien, existencial) severo dejándolo paralizado, desolado, perdido e ignorado. La causa, después de desplante de la persona que lo había levado allí, ha saltado con esa conversación que Weiner estaba obligado por contrato a sacar a luz . La llamada que Don hace a Peggy. Los dos personajes centrales de la serie, la relación que tantos momentazos había ofrecido, se despedían del público, pero también entre ellos. Y Don lo hacía además en un acto de sinceridad cruel y despiadado hacia sí mismo, expresando sus demonios internos, sus fracasos, sus debilidades, sus cagadas, ante una Peggy que empezaba a sentir no solo lástima, sino preocupación por verlo tan hundido. Tal ha sido así, que al colgar, Don se ha derrumbado, y Peggy se ha quedado en el otro lado de la linea pensando en los títulos de crédito de la serie (aunque no por mucho, porque después ha sucedido lo de Stan, con lo que hacía ese episodio aún más antinatural).

Y volviendo al pobre Don, ahí yacía acurrucado al lado del teléfono, completamente desamparado, sin hallar consuelo por parte de nadie. Pero quizás esa galopante crisis le pillaba en el mejor sitio si la intención no era saltar por ese acantilado, que la cámara, de forma muy cabrona, se ha encargado de enfocar un par de veces. Don, agarrado por una de las guías espirituales del lugar es dirigido a una terapia de grupo, donde un oficinista se abre al grupo para explicar mediante una metáfora de un frigorífico esa sensación de no tener a nadie a tu lado, de no haber encontrado el amor, porque sencillamente no tienes ni puñetera idea de lo que es. Mejor expresado sin duda, por este desconocido oficinista: “You spend your whole life thinking you’re not getting it; that they’re not giving it to you. Then you realize that they’re trying and you don’t even know what ‘it’ is.” Tras oír el discurso, cambiarle el rostro, e iluminarse los ojos ante el grado máximo de empatía que lo sacude en su interior, Don se levanta y acude hacía este hombre para consolarlo, mientras termina él mismo llorando, en una catarsis que al principio se desvela algo cursi, simplona, y rídicula, pero que poco a poco, se torna milagrosa y emotiva, quizás porque ese gesto descartaba el final nihilista que nadie quería para Don. Ya en el plano siguiente, veíamos un Don completamente integrado en las actividades del hippie camp, practicando yoga de espaldas al acantilado, con un sol reluciente asomando por detrás. Poco a poco la cámara se acercaba a él, para descubrir en un primer plano como se dibujaba de nuevo en él esa sonrisa que ya nos arrancó más de una sacudida corporal en el anterior “The Milk and the Honey Route”. Don Draper o Dick, ¿acaso ya importaba?, pon fin había vencido a sus demonios internos, el viaje de auto exploración había llegado a su última etapa (inesperada) en esa reunión, y por fin, podía identificar la fuente de toda tristeza. Don había podido identificar a tiempo el cáncer que lo devoraba. Y lo había hecho en la cuna de lo inmaterial, despojado de seres queridos y de todas sus posesiones…. el viaje de exploración cobraba pleno sentido…con un nuevo Don.

Pero aún quedada una última carta amagada, la última muestra de virtud e inteligencia del genio detrás de este producto. Un anuncio real de Coca-Cola ideado por McCann Erickson en 1971 protagonizado por un grupo hippie reunido al aire libre y cantando un jingle pegadizo sobre el amor, el compartir..”It’s the real thing”. Voilà, mascleta de neuronas, tormentas de sinapsis sobre la cabeza de Weiner. No me puedo imaginar el nivel de orgullo engorilador cuando dio con esa idea para narrar el destino de Don, ese clase de clic que el creativo reconoce como la idea definitiva, la genialidad anhelada. Y Weiner la ha encontrado en el spot real de abajo, una manera nunca antes vista de anticipar los hechos futuros que nunca veremos en pantalla, porque Weiner, es mucho más mago, y prefiere que sea el espectador quien le ponga los detalles a la vida de un Don realizado y en paz consigo mismo cuando decide pisar de nuevo las oficinas de McCann. Chapeau.

Mad Men ha sido el “it’s real thing” durante muchos años. Simplemente, gracias

– ¿Quién no ha llorado con ese epilogo con los personajes y esa música de fondo?

– Todo en esta serie tiene sentido, a veces hasta dos y tres sentidos, los cuales, pueden estar más o menos ocultos. Por ejemplo uno de los más potentes y alucinantes solo lo hemos podido descubrir en la última genialidad orquestada por Weiner: Que a Don le ofrecieran Coca-Cola, no solo expresaba ese caramelo que para cualquier directivo creativo señalaría la asunción máxima de éxito profesional, sino que como se ha visto, lo han ligado también con la narración de la forma más  original que uno recuerda haber visto, mediante ese spot inolvidable que cuenta, una vez más sin contarlo explícitamente, lo que el futuro tiene preparado a Don Draper. Y no se detiene ahí, porque a su vez, pensando en los conceptos con los que estuvo ligada la marca durante muchos años: “Felicidad”, “compartir”, “la sed de la vida”, y esas cosas, parece señalarnos una sútil e inteligente pista sobre los estados de ánimo más luminosos que acompañarán a Don a lo largo de la nueva década, quien presumiblemente supere definitivamente sus sombras, y abrace la felicidad durante mayor tiempo del que nunca podría haber imaginado.

– Pese a los momentazos rellenos de emoción que ha dejado, propio de las circunstancias contextuales que lo rodeaban, no creo que “Person to person” se encuentre en la cumbre de los episodios de la serie, algo que encaja en la idiosincrasia de las temporadas y sus finales, ya que el capítulo de oro suele ir antes, en esta última tanda, por ejemplo, la obra maestra se la adjudicó “Lost Horizons”. La satisfacción es absoluta, pero ha habido un par de detalles que no los he visto completamente finos. Uno la manera en que saca a relucir la declaración de amor entre Peggy y Stan, y el otro, lo de la comuna…un episodio que al principio me generó sus dudas, pero creo que luego las disipa de forma bastante eficaz y satisfactoria. No ha habido que llorar en directo la muerte de Betty, y lo aplaudo pero quizás a Weiner le ha faltado algo más de mano dura con sus personajes. Es evidente que nadie quería el suicido para Don, de hecho ese final, hubiera sido al fin y al cabo, el más simple de todos, pero creo que ha repartido flores y caramelos en exceso a todos sus personajes, como si sintiera demasiado amor hacia ellos como para diseñarles un futuro negro. No sé, quizás es mi enferma mente, pero creo que se me hubiera hecho todo más creíble con una nota disconforme, con un personaje desviándose de la senda del bien y la felicidad, con uno extraviado… andando por borde del precipicio como Don solía hacer. Eso, a mi modo de ver, le hubiera reportado ese realismo que fue un compañero fiel en toda la serie.


5 Comments

Christian 19 mayo, 2015 at 02:21

aun estoy completamente extasiado con el final, lo unico que puedo decir es que el final es BRUTAAAAAL! sucedio finalmente los del opening. Don cae y cuando uno piensa que ya esta todo acabado, vuelve a estar sentado like a boss. WEINER ES UN PUTO GENIO

Mas rato comento con calma, mi cerebro en cualquier explota ante la genialidad que acabo de ver

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Juan Jesús 22 mayo, 2015 at 11:54

… y Mad Men nos dijo adiós. Y se ha despedido siendo fiel a su estilo: con una calidad narrativa e interpretativa endiabladamente perfecta. El personaje de Don Draper/Dick Whitman es una creación, como tantas veces he dicho, que pocas antes se ha visto en televisión. Como bien dice el título de esta temporada, nos han mostrado el “fin de una era”. Y, al mismo tiempo, el principio de otra. Y esa otra era que comienza, que es lo que vino después, nos lo muestran con un anuncio de Coca Cola. Muchos piensan que ese anuncio demuestra que Don Draper es, como ya aventuraba desde hace tiempo algún que otro crítico experto de la televisión americana (a Sepinwall me refiero), en realidad Bill Baker, el autentico publicista de ese anuncio para Coca-Cola en el año 1971. Fue uno de los anuncios más importantes de Coca-Cola y el que empezó a dar una imagen y un eslogan que aun hoy en día siguen “vendiéndonos”: la felicidad mundial. Si esto es así, solo puedo pensar que en un posible retorno a Madison Avenue por parte de este “nuevo” Don/Dick (qué bien nos recuerda su nombre su sobrina de pega, que reconozco ha aparecido en un momento muy interesante para nuestro publicista más querido) sí que seguirá siendo un “ad man”, pero con la concepción de haber llegado a sentirse feliz aunque solo fuera un momento (esa sonrisa en el final es, ¡puf!, sincera y más que justa para un personaje tan lleno de crisis personales y de identidad como lo es Don). Y, lo que pretendía realizar con sus anuncios para esta gran empresa multinacional es “repartir esa felicidad” que a él le ha costado tanto llegar. Claro, esto es una interpretación.

Otros pensaran, de manera más que respetable, que Matthew Weiner ha sido un cínico poniendo ese anuncio. Me explico. La explosión de Don Draper en los últimos episodios dejaba claro que había cambiado, aunque la posibilidad de retorno no estaba completamente descartada, no se apreciaba en él la necesidad de “regresar a su triste vida”. Estaba conociéndose como de verdad necesitaba. Y cuando llega al culmen, al “Paraíso” pues en el Cielo ya estaba (recordemos “Time & Life” -7×11- cuando el nuevo boss les “mató” para resucitarlos a lo más alto del negocio -aunque luego ya sabemos que Judas se quedó corto en falsedad en relación a este individio), de repente suena esa “campanita” justo antes de empezar la cámara a acercarse a la cara de Jon Hamm sonriente (¿se refiere el sonido de esa campana al surgimiento de la idea del anuncio en la mente de Don Draper?) y, justo después, el maldito/bendito (a libre interpretación, yo me decanto por lo segundo) anuncio. Don no ha cambiado nada, seguirá siendo el mismo y todo este tiempo ha sido para buscar una idea más que a sí mismo.

Yo me decanto por la primera opción que he contado: la felicidad sobre el cinismo que muchos ven. Bien es cierto que esta segunda en cierto modo está también muy bien planteada. Que Matthew Weiner nos haya dejado como legado el destino de su personaje insignia creo que es digno de agradecer.

Por lo demás, el episodio nos ha dejado un “final feliz” para casi todos (¡ay, Birdie!). Peggy parece que ha podido encontrar una satisfacción personal fuera del trabajo con el correspondido amor con Stan, en una escena por teléfono forzada pero necesaria. Muy triste me ha parecido que Sally, esa niña que ha intentado evitar lo negativo de sus padres, acabe de esa manera: sin madre, al cuidado de sus hermanos y convirtiéndose en una mujer antes de tiempo, pero aun así bravo por este personaje que tantos momentos épicos nos ha dejado (y que como muchos claman a AMC un spin-off no le vendría nada mal). La escena al teléfono de Don con Betty no es apta para corazones sensibles, ¡qué maravilla, de verdad!, pero lo raro es que con el vicio que han tenido estos personajes a lo largo de sus vidas solo una muera de cáncer.

No quiero acabar sin olvidarme ni de Pete Campbell, Roger Sterling, Joan Harris, Bert Cooper y un sinfín más de personajes que nos han acompañado durante todos estos años, en una recreación de una época a la altura. AMC, gracias a ti también, por darle la oportunidad a Matthew Weiner (ahora sí que sí, Dios) una serie sublime. Para mí ya se encuentra en el sitio que le pertenece en la Historia de la televisión: el Olimpo. Y puedo decir que ha ocupado la primera posición de mi top 3 personal por muchos aspectos, siguiéndola Breaking Bad y The Wire, en ese orden.

Me ha encantado leer tanto vuestras reviews como los comentarios de la gente que también se nota que disfrutan esta serie. Aun así esto es un adiós a Mad Men, pero no al Destilador Cultural, del que seguiré muy al día. Un saludo y… ¡qué viva Mad Men para siempre!

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Omar Little 23 mayo, 2015 at 20:25

¿Y si hay cinismo más felicidad en ese plano/secuencia final? Una excelente idea, como ha demostrado en incontables ocasiones esta serie, puede tener doble lectura, dos capas de comprensión. Weiner se ha caracterizado por lo ambiguo y lo sutil, con lo que mi interpretación de su final con Don es que ha querido dar a su personaje la enésima reinvención, devolviéndolo al mundo de la publicidad pero distinto…. purificado, nuevo, rejuvenecido, y con parte esencial de sus angustias extirpadas, pero no por ello, ha perdido su olfato de genio de la publicidad, de ahí ese clincc de la campanita, el clic que despierta la idea en la cabeza de Don para concebir el anuncio que le sigue, pero a la vez es un clic guiño al espectador, empujándolo a llegar a esa interpretación, avanzando el significado implícito en toda la secuencia. Simplemente, sublime, como todo lo de este hombre. No me atrevo a encumbrar la serie por delante de The Wire, ni de Twin Peaks, pero lucha a muerte por el puesto que ocupa a día de hoy Breaking Bad.

Eso espero, Juan Jesús, aquí siempre tendremos sitio para las series, el vacío es profundo, pero habrá que remplazarlo con algo…¿ideas?

Un placer leer vuestros comentarios

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Christian 30 mayo, 2015 at 05:17

Ahora más calmado, y con la perspectiva que da el tiempo, hare un par de comentarios respecto al final en su conjunto, refiriéndome principalmente a Don.

El final me pareció sencillamente brillante, pero requiere de una segunda lectura, para capturar su significado (como en todas las grandes escenas de Mad Men en realidad). Aquí no hubo sobresaltos de última hora, pero tampoco fue un final explicito, en cambio tuvimos un movimiento jazzístico muy sofisticado, con ese cierre del comercial de Coca Cola que abrocha el final con un golazo de media cancha, porque sencillamente nadie se lo esperaba. Jamás me imagine que la serie podría terminar así, me puse en miles de casos antes de ver la finale y Weiner me sorprendió por enésima vez con una bomba atómica inesperada (Incluso en su momento se me paso por la cabeza el suicidio de Draper!). Pero su jugada requería del ejercicio comprensivo y analítico del espectador para unir las pistas y los hechos, cosa que sucedió a cabalidad. Durante las horas posteriores al estreno del capítulo, la visión respecto al final era inequívoca: Don Draper termino haciendo una de las publicidades más icónicas de la historia. Hasta la mismísima McCann bromeo al respecto: https://twitter.com/McCann_WW/status/600139668382982144

Si bien es cierto que el final es abierto y un tanto ambiguo, hay poco espacio para la interpretación, partiendo por el hecho de que Weiner y Hamm en entrevistas recientes, terminan por confirmar a su modo el hecho de que Draper volvió a New York para hacer el mejor comercial imaginable

http://magazine.decine21.com/noticia/103666/reportajes/el-creador-de-mad-men-desvela-el-secreto-de-quien-invento-el-anuncio-mas-famoso-de-coca-cola.html

http://www.cnnexpansion.com/lifestyle/2015/05/19/que-paso-con-don-draper-jon-hamm-resuelve-la-duda

Ahora algo que recalca Weiner, es que este comercial proviene de un estado de entendimiento e iluminación no antes visto en Draper, y aquí quiero hacer un alto para explicar mi interpretación del final en términos subjetivos del personaje. Don Draper recorre Estados Unidos de este a oeste, se adentra en sus venas para vivir en carne propia la América más profunda, travesía que tiene por objetivo, poder hacerle desprender de todas aquellas cosas que lo convirtieron en Don, para reconvertirse en Dick; borrar el presente para abrazar otra identidad, pero justamente eso es una actitud muy Don Draper. Este proceso siempre va a estar fragmentado por las cosas que ha ido objetivando en su camino, siempre tropieza con la misma piedra hasta que tiene esta experiencia catártica con Leonard, lo que le permite llegar al entendimiento de que la única forma de seguir adelante con su vida es haciendo que Dick haga las paces con Don, como ninguna de estas identidades puede desaparecer, ambas deben aprender a convivir en armonía. Por tanto ese abrazo catártico yo lo veo como un abrazo de Don con Dick, momento en el que ambos rompen sus espejos, es la experiencia mediante la cual ambos se aceptan como parte de un solo relato biográfico. Don Draper se exculpa de sus propios defectos, miedos e inseguridades. Se da cuenta de que no hay nada de malo en no poder cumplir las expectativas de los demás. Que su abismo existencial es compartido por otros. Después de toda la experiencia catártica de la terapia, se da cuenta que debe abrazar su naturaleza atormentada y aceptarse a sí mismo como la persona que es. Todo esto concluye con el anuncio de Coca Cola, las pistas durante estos capítulos respecto a la unión de Don con la marca han sido múltiples y no creo que valga la pena enumerarlas. Así que también concuerdo que Don vuelve a McCann, no como un hombre nuevo, pero si más amable, purificado y centrado. El personaje supera en sus últimos instantes en pantalla la crisis de sentido que sobreviene con la medianía de la vida.

Hay dos escenas que me gustaría destacar la primera es la conversación de Peggy con Don. Aquí sucede algo fundamental y es que durante la conversación Peggy de forma implícita le recuerda a Don que la agencia es su hogar y que ellos son sus familiares. Son el único que comprenden su naturaleza atormentada y su excéntrica genialidad creativa, no por nada las palabras de Peggy son: “Don, come home” expresión genuina de que su lugar está entre los monstruos publicitarios de New York. Bueno la conversación en si es muy emotiva, ver a estos dos es un deleite en todos los sentidos. Otra escena que me impacto hasta los cojones es la de Leonard, creo que él expreso con profunda claridad la sensación de alienación del hombre moderno provocada por el éxito inocuo, la tecnología, la cultura y la sociedad. Sus palabras podrían pertenecer perfectamente al ciudadano del siglo XXI, un abismo existencial derivado de la perdida de sentido en la vida, escena brillante y muy emotiva que cumple varias funciones en el argumento, creo que muchos espectadores se habrán sentido identificados con Leonard

Respecto al resto del capítulo, se cerraron los arcos argumentales de forma fina, con felicidades imperfectas, pero felicidades al fin y al cabo (excepto para Betty) la escena de Peggy y Stan me pareció que obedeció mas a un capricho de Weiner por hacer una escena romántica sacada de una película de los años sesenta que a otra cosa. Algo forzada pero que no alcanza en empañar en absoluto al capítulo y la serie en general. ¿Que el final podría haber sido mejor? Probablemente sí, ¿pero qué serie puede presumir de llegar con su calidad intacta hasta el final? (si Lost! Te estoy hablando a ti) Final redondo que cierra la gran novela americana de nuestros tiempos, como todo buen vino Mad Men con el tiempo adquirida una belleza nueva y deslumbrante. Así que siéntanse unos privilegiados por ser espectadores de tal fenómeno televisivo.

Me quedo con las palabras finales del instructor: “El nuevo día nos da una nueva esperanza. Las vidas que hemos llevado, las vidas que aún hemos de llevar. Un nuevo día, nuevas ideas, un nuevo tú”…… un nuevo Don Draper.

Jure en algún momento durante estos capítulos que la serie podía terminar con esta canción de Nilsson: https://www.youtube.com/watch?v=2swOlajJ-zU

Como dice la canción:

I say goodbye to all my sorrows
And by tomorrow I’ll be on my way
I guess the Lord must be in New York City
I’m so tired of getting nowhere
Seein’ my prayers going unanswered
I guess the Lord must be in New York City

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Omar Little 3 junio, 2015 at 23:13

Coincidimos de nuevo en la lectura final de la serie. Creo que no hay discusión sobre el camino de vuelta que emprende Don, pero sí que quedaba más abierto lo de la nueva identidad de Don, una purificada, en la que se logra asimilar sin estridencias su pasado como Dick. Yo también saqué la misma conclusión.

La llamada entre Peggy y Don además de brillante, era obligada…como dije en mi review solo lastrada por el capítulo tan seguido que tiene Peggy con Stan. Y sobre la otra secuencia que comentas..la del oficinista…no la encuentro sublime, aunque sí muy cargada de significado, en cuanto activa el clic definitorio para que Don descubra el mal de sus males. Lo meritorio de esa escena, es la facilidad con la que podría haber caído en el ridículo – terapia de grupo, comuna hippie, Don levantándose, abrazos, lloros, etc.- y sin embargo, de nuevo, mediante un tacto fino incuestionable, lo bien que lo resuelven en pantalla.

Aunque para mí, mucho más redonda, y tremendamente emotiva, es la de Don con su birdie.

Gracias por comentar, también echaré de menos estas charlas constructivas

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