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Midseason Finale Breaking Bad: 5×08 Gliding Over All

posted by Omar Little 6 septiembre, 2012 0 comments

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Aún rondan gilipollas por ahí que hablan de la cuesta de septiembre, y lo achacan exclusivamente a la política, los estragos económicos, la vuelta al cole de los chavales, su propia en las aulas, o el observar las fotos de las vacaciones con lagrimones en las córneas. Y que sin embargo se olvidan de mencionar lo más importante…BB. Así es señores, esta jodida masterpiece nos deja con el culo al aire (no solo a los espectadores) hasta el próximo verano mediante uno de esos cliffhangers agarra pelotas a la altura del que protagonizó Jessse enfundando una arma en la season finale de la temporada 2, o la mismísima escotilla de Lost.

Hasta aquí puedes leer, lo que sigue es un campo de spoilers que te puede destrozar aún más la vida

Los curtidos en la materia sabemos que una fórmula ampliamente aplicada en estos casos consiste en cargar de pólvora el penúltimo capítulo y en el último sacar un poco el pie del acelerador. Algo así se ha optado para esta primera parte de la última temporada de Breaking Bad. Si el mayúsculo 5×07 «Say my name»  nos dejaba en estado catatónico con la muerte del gran Mike, este último capítulo arranca a medio gas. Adquiriendo en su recorrido formas típicas de epílogo conclusivo de signo happy.

Durante este recorrido se dan dos momentos brillantes los cuales me gustaría destacar. El primero de ellos es un excelente montaje musical en el que somos testimonio de cómo los amigotes malotes del tío de Todd (el que tiene contactos en la cárcel) ejecutan, a inspiración de Tommy Devito en Godfellas, y por orden de Walter, los asesinatos de los 9 + 1 hombres de Mike en apenas dos minutos. Todo esto en un magistral montaje en el que suena la agradable melodía “Pick yoursefl Up” de Nat King Cole mientras se degollan cuellos, se acuchillan yugulares y se calvan punzones en la espalda, con un Walter Heisenberg metiéndose en la piel de Boss mafioso regocijándose de su perfecto plan desde la distancia.

Luego, más entrados en metraje, nos vuelven a sacudir mente y vista con otro montaje musical. Esta vez Walter y Todd cocinando meta, preparando encargos transnacionales, con la ayuda de la mujer histérica, y como resultado de todo ello empaquetando fajos y fajos como si de la película Blow se tratará. Un primer aviso de que Walter tiene todo bajo su control, y de que las aguas van calmadas.

Algo que va más allá cuando Walter, tras una visita inesperada con Skyler donde le enseña la cantidad de dinero incalculable que han acumulado y que es incapaz de blanquear, decide dejar el negocio, no sin antes, proporcionarle a Jesse la parte que le debía más una cuantiosa suma de intereses, pese a la desconfianza inicial de éste.

Hasta aquí todo correcto, nada fuera de lo normal. Pero ocurre una cosa…lo que consumimos esta droga televisiva a dentelladas, a lo largo de las temporadas, hemos pillado algunos de los mecanismos narrativos que rigen las dementes mentes de sus guionistas. Y como intuíamos, toda esa calma previa a la tormenta tenía que estallar con una última carta.

Una calma muy dilatada y apacible, que ha encontrado su genial contrapunto en la secuencia final. Walter y Skyler parecen haber hecho las paces, los niños están de vuelta al hogar, y lo celebran con comida, buen vino y caras alegres junto a Hank y su esposa. En un momento dado Hank se ausenta de la mesa para dirigirse al lavabo donde aspira a plantar un pino. Para amenizar la espera busca alguna lectura, encuentra un par de revistas de moda femenina y decoración que no logran captar su interés, pero sí lo que hay debajo de ellas, un libro de Walt Whitman titulado Leave of Grass. Le da un par de hojeadas cuando descubre algo que le suscita toda su atención. En las primeras páginas encuentra una dedicatoria de un tal G.B. para W.W., de inmediato la sangre le deja de fluir en las partes bajas para concentrarse en las altas, su rostros se paraliza mientras toda una cascada de recuerdos pasa por delante suyo en nanosegundos. En una de estas sinapsis se le dibuja una libreta confiscada en el apartamento de Gale Boetticher en la que aparecía esa misma letra y las siglas de W.W., con la cual mantuvo una conversación con Walter en la temporada 3… todo esto le lleva a …un momento…… Holy Shittttttttttt!!!

Así, con Hank alucinado con el descubrimiento que acaba de hacer mientras pierde el control sobre su esfínter concluye esta primera parte de la quinta temporada. Patadón en toda la boca, mediante una secuencia construida con gracia e inteligencia. Un momento del que ni Hank ni Walter podían escapar desde el momento que los conocimos.

Lo peor, para todos (serieadictos especialmente), es que lo mejor está por llegar…en 10 meses.

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