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Counterpart, el espía que surgió de la dimensión paralela

posted by Omar Little 1 febrero, 2018 0 comments

Counterpart

Qué nadie se alarme prematuramente con el título elegido, porque esa realidad paralela, (prácticamente) duplicada, se desvela en los primeros compases de Counterpart como el hecho diferencial de este producto de espionaje maquetado por Starz y lanzado aquí por HBO España.

Principal baza narrativa y diferenciadora de una serie, que por lo demás, tanto por ritmo, como por trama y realización, se entronca en los raíles de la ficción de espías clásica. La singularidad la proporciona este hombre anodino y gris que trabaja en una agencia secreta en Berlín – el decorado de moda para la ficción internacional – hasta que por circunstancias ajenas entra en contacto con su otro “Yo”, una réplica exacta pero con mucho más carácter, perspicacia y en definitiva, los huevos más bien puestos. Esa dualidad de personajes conviviendo en el mismo espacio para truncar los planes de sabotaje de unos indeseables del otro lado (o no, hay que ver por dónde van los giros) plantea una nueva línea de conflictividad (acaso la más efectiva) donde las dos personalidades chocan, una por un tema aspiracional, y la otra por la decepción causada por el nulo recorrido profesional de su clon tras 30 años trabajando para la misma agencia. Ingenioso embrollo que no termina de materializarse en pantalla del modo más atinado ni con la interpretación en dual de J. K. Simmons ni con la decisiones obvias en vestuario.

Tampoco terminan de sacar el máximo rendimiento, al menos tras la sacudida inicial de un notable piloto que engancha por todas las preguntas de difícil respuesta que pone sobre la mesa, a esa particularidad de incrustar la ciencia-ficción a al relato clásico de espionaje (tanto por tramas,  como por personajes arquetípicos – a Stephen Rea lo tienen excesivamente encasillado desde hace varias series- como por puesta en escena). O sea, no se intuye una explotación inspirada de cruzar Alias con Fringe.

De hecho, van un paso más allá, en un acto de valentía, cuando optan por despreciar la radicalidad de formas entre los dos universos, el choque que permita abrir una puerta a un universo plenamente diferenciado del otro.  Los cambios de una realidad a otra son sutiles, pequeñas alteraciones en la puesta de escena, lo que da paso a burdas transiciones. Deshabilitada esa carta, la serie imprime su fuerza en el conflicto humano comentado, en el choque de personalidades de dos cuerpos físicamente clavados, mientras se desarrolla una trama conspirativa ya pisada, puede que no tanto con el Berlín actual de fondo.

No hay duda de que la serie dirigida por Morten Tyldum (Headhunters) entretiene dignamente y sin vergüenzas, pero por el momento, vistos los dos primeros episodios, no deja de ser un entretenimiento sano, sin edulcorantes, pero sin un plus  que justifique diez horas de sofá. No sé, El espía que surgió del frío no llega a las dos horas, El topo 127 minutos , y si no se busca la excelencia, Juego de patriotas tiene una duración similar.


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