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“Little Kiss”, capítulo doble de la quinta temporada de Mad Men

posted by Omar Little 1 abril, 2012 0 comments
Madison Yé-Yé

Mad Men Little Kiss

La travesía ha sido eterna. Estos dieciséis meses de parón han sido más duros que la espera de cuatro años que separan los Mundiales de fútbol. Pese a los intentos por parte de la AMC de hacerlo más llevadero con  Breaking Bad y destellos intermitentes de The Walking Dead, la llegada del hombre, de Don, Don Draper, se antojaba absolutamente necesaria para estas fechas.

Y tras el inmenso parón han cargado de nuevo con una doble ración que se degusta en un santiamén, dejando ya de entrada, las pupilas dilatadas y el paladar extasiado. Contentos estarán los guionistas de lanzar del carruaje de la quinta con un doble capítulo de altura, pero también los productores, al ver que la audiencia les ha respondido con los índices más altos de toda la historia de la serie.

Si en la primera parte de Little Kiss se asiste a una actualización de estos iconos televisivos moldeados con mano finísima por Matthew Weiner, en la segunda se torna en un ejercicio humorístico brillante e ingenioso, en el que se percibe la sombra del maestro Billy Wilder y la de los hermanos Marx, e incluso, gotas de Douglas Sirk. Pero mejor vayamos también nosotros por partes.

El abusado parón no solo ha afectado a los telespectadores, también a los personajes que pueblan la serie. La ficción retoma la acción alrededor de un año después del punto en que se dejó al final de la cuarta temporada. Estamos en el año 1966, un año de precipitaciones convulsas, de grandes cambios, de logros, de espíritu revolucionario, de luz optimista y de magia musical. Y como no se entiende de otra manera, porque el contexto es parte fundamental de la trama y los personajes de Mad Men, se verán reflejados, en mayor o menor medida, a lo largo de la temporada. Y así se demuestra con un primer plano que ya pone sobre la mesa uno de los primeros temas fundamentales: la segregación racial y la lucha por los derechos civiles de la población negra.

Por su parte los personajes han cambiado, bueno…no todos ellos. Asistimos a un Don Draper entregado a su nueva esposa, feliz y despreocupado (¿hasta cuándo?). Por su parte Roger Sterling sigue igual de incorregible, tirador de fichas infatigable, cínico y sarcástico. Peggy sigue sintiéndose infravalorada, especialmente por su admirado jefe. A Joan se la ve superada y débil como madre novata y sin el apoyo del marido, que sigue en el ejército. Pete Campbell sigue siendo el empeñado hombre que quiere triunfar profesionalmente y presumir de estatus, siempre a semblanza de Don. El descolocado Lane Pryce parece cada vez más cómodo en la empresa, e incluso en los rictus y costumbres de la sociedad norteamericana ¿Y Betty?… la avinagrada exesposa aun no ha hecho  acto de presencia, pero su mal rollo contagiable se espera con ansias.

El primer capítulo se ha ido sucediendo a modo de “update”,  presentando las nuevas situaciones, preocupaciones y motivaciones que definen a los personajes de la agencia Sterling, Cooper, Draper & Pryce hasta concluir toda esta primera parte con un fabuloso guateque, orquestado por Megan (la nueva musa de Draper), con motivo del cuarenta aniversario del creativo. Una fiesta muy propia y genuina de la época en que se inspira (me pareció ver a Peter Sellers en un rincón, arrasando con los daiquiris), que abre las primeras grietas entre Don y Megan y que pone de manifiesto  un tema que de bien seguro recorrerá la temporada de algún modo, el cómo afecta a Don la crisis de los cuarenta.

La segunda parte se inicia con Lane Pryce encontrándose una cartera en el asiento del taxi que lo lleva hasta el trabajo. Desconfiando del taxista negro, el flemático personaje decide guardarla para si mismo  y fantasear con la foto de una atractiva chica que encuentra en su interior.

Es la primera de un conjunto de situaciones anormales y disparatadas que convierten  las oficinas de SCDP, por 45 minutos, en el escenario de una comedia de enredos. Creo que servidor ha reído más en estos 45 minutos que sumando todas las cuatro temporadas anteriores. Los guionistas dan lugar a coloridas notas de humor a través de subtramas disperas que se van cruzando. Resultan realmente inspiradas  con  todo el conflicto que monta Pete Campbell al exigir un despacho más decente para recibir a sus clientes, y en cómo Roger Sterling, a modo Donald Trump meets Vito Corleone, lo soluciona a golpe de fajo de dólares. No menos genial son las consecuencias de la sonada fiesta de Draper, que da lugar a una pifia descomunal de Harry Crane, con Megan detrás oyéndolo todo. Terminan anotándose otro brutal tanto con el malentendido que provoca un anuncio publicado en el diario, que los lleva a abrir un proceso de selección para contratar a un empleado negro, después de verse casi obligados cuando la entrada de sus oficinas se llena de aspirantes de esa raza.

Broche de oro para un doble capítulo que vuelve por todo lo alto. El ritmo dilatado, los detalles sutiles en los personajes, el guión apurado e inteligente, la forma de narrarlo, el minucioso tratamiento de toda la puesta en escena, la excelente dirección. Todos. Todos estos elementos siguen ahí. Y parece que han vuelto más en forma que nunca, y potenciados, algo que anticipa que a Weiner y a su equipo la pausa les ha sentado de maravilla , con lo que los amantes de esta serie, deberíamos esperar una temporada esplendida, quien sabe si la mejor de todas. Al fin y al cabo, 1966 fue un año histórico…un gran año.

PD: ¿Pasará por alto la quinta temporada el nacimiento y eclosión del nacimiento hippie? ¿Se verá Megan atraída por  el hippismo? ¿Rescatará Don a Megan? ¿Qué papel jugarán las drogas en la vida de los personajes de la agencia? ¿Se sumergirá alguno de los personajes en el ambiente contracultural de Greenwich Village? ¿Quién será el primero en tener relaciones interaciales? Son algunas de las preguntas que me genera esta temporada, y que espero, que se les dé respuesta

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