Piloto

Mad Men: 6×01 y 6×02 “The Doorway”

posted by Omar Little 14 abril, 2013 4 Comments
Los fantasmas atacan al jefe

Mad Men The Doorway

El doble capítulo con el que arranca la sexta temporada de Mad Men es la constatación del corpus y espíritu cinematográfico que destila la serie de Matthew Weiner. No exagero (ya saben  que apenas lo hago) si digo que esta entrada triunfal de Mad Men se encuentra entre lo más preciado de la cosecha televisiva y cinematográfica del año. 93 minutos que le dan mil patadas al 90% de las películas en la cartelera actual.

Si aún nos has llegado a la sexta planta del edificio de la AMC en Madison Avenue, será mejor que te bajes en el próximo piso.

“The Doorway” arranca en un clima enrarecido, en una situación atípica, confusa, casi en un tono onírico pero a la usanza publicitaria (algo que se repetirá en otros parajes del capítulo). Una radiante Megan y un descolocado Don Draper comparten vacaciones enlatadas en Hawai. A Megan se la ve eufórica, pero a Draper, bajo esa falsa apariencia de control y seguridad, le corroe algo por la entrañas. Su mutismo acrecienta esa sensación. La primera palabra que musita es en la barra del hotel, después de haberse fugado de la compañía de Megan en la habitación. Ahí entabla conversación con un soldado de permiso, que ha cambiado el infierno del Vietnam por las coronas de flores y los alohas del paraíso artificial que promulga Hawai. Don se ve reflejado en el personaje, y decide aceptar su proposición de asistir a su boda en calidad de acompañante de la novia. Una vez más el pasado del que intenta desprenderse, y que tan profundamente, y clandestinamente lo ha marcado, vuelve a su encuentro.

Con esta extraña instantánea, de Don participando en la boda de ese soldado desconocido, se concluye el periplo en Hawai, y el relato se traslada al frío New York. Ahí Don y Megan entran en el vestíbulo de su lujoso apartamento, cuando al portero le da un ataque al corazón. Por suerte, un vecino de la pareja, y nuevo personaje de la serie, el doctor Rossen, se encuentra a su lado y le practica los primeros auxilios mientras Don observa atónito una escena que lo marca y lo hará para el resto del capítulo, y puede que la serie.  Con esta secuencia, Weiner aprieta los tornillos a su sofisticado relato, introduciendo un nuevo elemento, en la ya de por sí compleja y atormentada mente de su protagonista…la muerte. Una muerte que acecha, que por primera vez se puede palpar, y que agrieta la mente de Don Draper.

Un tema, el de la muerte, que vuelve a salir a la luz cuando la madre de Roger Sterling (otro de los pilares de la serie) muere ante la total indiferencia (en un principio) de su vástago. Y que luego encuentra una divertida, loca y agridulce réplica en ese funeral incómodo, desvariado que le precede, y sobre todo, con la respuesta emocional en la que estalla Roger una vez se entera de que su limpiabotas de toda la vida también ha fallecido. ¿Para quién derrama esas lágrimas?, ¿el limpiabotas desconocido o su madre?, ¿es un ser vacío emocionalmente o simplemente va cubierto de tantas máscaras y prótesis que le impiden mostrar sus verdaderos sentimientos? Me inclino por la última, pero son respuestas ambiguas que resaltan la grandeza de una serie tan enmarcada en el subtexto, y en la interpretación abierta del espectador.

Pero hay mucho más en estos 93 lujosos minutos. La agencia sigue prosperando y expandiéndose (al piso de arriba) con una Joan como socia del entramado, pero desaparecida en combate, así como Pete Campbell, cada vez más crecido y odioso. Por otro lado, sorprenden, pero resultan adecuadas, las pintas que se marcan los del sector creativo, ese Stan con barbucas, o el mostacho de Ginsberg. A la vez reseguimos de forma paralela la escalada profesional de una Peggy Olsen como directora creativa de otra agencia, que decide infringir a sus empleados el marcaje estricto y severo al que el propio Draper la sometió cuando estaba a sus ordenes, dando fe de la admiración que siente hacía Draper, aunque le doliesen tantas de sus decisiones.

Betty Draper vuelve a cobrar fuerza en este arranque. Su preocupación por la amiga de Sally ( quien anda inmersa en una edad del pavo insoportable),  una violinista en la que Betty se ve reflejada cuando ella tenía su misma edad, y que tras una conversación nocturna, y su repentina marcha, decide ir en su búsqueda a St Mark Place, convencida de que la chica habrá optado por coger ese camino que tanto le fascinaba, y que a su vez,  tanto le preocupa a Betty en pos de preservar su inocencia. Lo que allí encuentra es la otra realidad, la otra cara de este gran relato de la América de los 60’s, que a veces se olvida porque los protagonistas no forman parte de él, sino que conviven en sus márgenes, sin apenas interferir. En Greenwich Betty conoce a unos jóvenes contraculturales malviviendo en una casa okupada. Les intenta aportar algo de instinto maternal, que sin embargo ellos rehúsan, y finalmente tampoco sirve para dar con la amiga de su hija.

Otra de las secuencias más brillantes de este capítulo tiene lugar en una reunión en la agencia, cuando Draper, Sterling, Campbell y Stan se citan con los directivos de Sheraton para discutir la campaña que están elaborando para ellos. Tras un magnífico discurso de Don, presentando la campaña, los directivos del Sheraton Hawai se muestran descontentos y extrañados por el concepto oscuro y fatalista que mueve el anuncio y deciden no dar luz verde. Entonces observamos a un Draper dolido por la negativa de lo que creía una gran idea, sin embargo, más contrariado y angustiado se muestra con que ese boceto se haya interpretado como una invitación al suicido. Una vez más Weiner y los guionistas juntan conceptos de forma magistral, recalcando a través de una campaña los temores y preocupaciones que se ciernen sobre la mente de Draper.

Tras otros instantes a memorizar, la serie concluye en una cena de fin de año en el apartamento de los Draper, quienes han invitado para la ocasión a sus vecinos los Rossen, y a otra pareja. La velada sigue su curso a base de alcohol, comida, miradas lascivas, diapositivas del viaje a Hawai, y charlas eruditas. De repente suena el teléfono, y una voz que no llegamos a oír requiere de los servicios de urgencia del doctor Rossen. Con la intensa nevada que cae en Nueva York, y la imposibilidad de coger un taxi, Don y el doctor Rossen se despiden de la cena para cumplir con sus obligaciones. Mientras el doctor decide irse al hospital con unos esquíes, Draper lo mira con respeto y admiración (parece que a Don le gustaría ser como el doctor, otra vez el juego de roles identificativos), y una vez se despide, le toca también cumplir con sus obligaciones…

Don regresa al apartamento, abre la puerta y se encuentra con una mano femenina que le da la bienvenida, una vez en la cama, y cuando el director decide abrir plano, vemos a Don acostándose con la mujer del doctor Rossen, y explicándole que lo suyo tiene que terminar. Definitivamente Draper ha vuelto a las andanas, el Don promiscuo parece insalvable.

Un año más, Don Draper se enfrenta a sus propios fantasmas…. a sus propios demonios. Por eso no resulta nada gratuita la cita al Infierno de Dante. Por lo que se aprecia en este glorioso capítulo doble, llegan tiempos oscuros y atormentados a su vida, incapaz de cambiar o avanzar, y absorto por los tormentos que lo afligen desde la primera  temporada, más uno nuevo, la muerte, esa muerte que inevitablemente llegará a esta producción el próximo año,  con su última temporada.

Hasta entonces a disfrutar de este gran relato americano que tantas dosis de brillantez y maestría acumula.


4 Comments

maría 15 abril, 2013 at 09:49

“Una muerte que asecha”: se escribe “acecha”; “pero resulta adecuado, las pintas”: no se separa el sujeto del predicado y, en todo caso, sería “resultan adecuadas las pintas”. Etc, etc…

Reply
Omar Little 15 abril, 2013 at 19:12

Gracias María. Corregido

Reply
Starman 16 abril, 2013 at 21:05

Yo no he visto ninguna falta de ortografía, será que me estaba fijando demasiado en el contenido…
Bueno, estoy de acuerdo en avrias cosas pero discrepo que este episodio haya significado una entrada triunfal ya que hay algunas tramas que me aburren soberanamente. Cada vez encuentro más pointless el personaje de Betty Draper y sus historias parecen ser creads para que January Jones llene su cuota de pantalla… También el personaje de Megan parece insignificante ya que desde un buen principio se vé que la boda no iba a ningún sitio, el único interés siempre ha sido ver como se acabarían sacudiendo el personje de Megan. Desde mi punto de vista, Joan tiene que ganar más protagonismo y tengo curiosidad por ver como evolucionará Peggy.
Finalmente destacaría tal como has dicho las pintacas, muy bien conseguidas, y la escena en que Don fracasa con la explicion de la campaña de Sheraton Hawai, un genio incomprendido vs directivos mainstream, esperemos que haya ás momentos así.

Reply
Omar Little 22 abril, 2013 at 19:50

Creo que esa intrascendencia que subrayas en algunos de los personajes femeninos es parte de la quintaesencia de la serie. Al fin y al cabo, la ficción gravita alrededor de Don Draper, y las mujeres que le rodean son satélites en los que Weiner se apoya para seguir explorando su principal objeto de estudio. En ese sentido, el único personaje a quien realmente, dota de mayor protagonismo y profundidad es Peggy Olsen (y lo seguirá haciendo pese a haber dejado la agencia), la cual podría ser vista como el reverso femenino de Don.

Reply

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.