Piloto

Piloto: The Leftovers (HBO)

posted by Omar Little 6 julio, 2014 2 Comments

The Leftovers poster

The Leftovers se presentaba la semana pasada como una de las salvaguardas televisivas para el verano. Una semana después podemos catalogarla como la última tomadura de pelo de Damon Lindelof, quien ha contado con el beneplácito de la HBO, que nadie lo olvide.

A continuación vamos a revelar por qué recomendamos no picar en el último anzuelo del canal de cable yanqui.

A Lindelof la mayoría lo conocemos por ser la mitad responsable de Lost. Al contrario que su compañero Carlton Cuse, Damon Lindelof fue sometido a un escarnio público constante por redes sociales, harto de esos juicios indiscriminados que colapsaban a diario su cuenta en Twitter, decidió abandonar esa red social. Lo que al parecer no ha entendido el Sr. Lindelof (no defiendo, ni defenderé a los trolls), es que esos agravios hacia su persona procedían por su participación en el fenómeno televisivo más mayúsculo desde el cambio de siglo, y en concreto, por la tremenda decepción que supuso para muchos su resolución, entre los que siempre me he incluido.

Lejos de atrincherarse en su hogar para ejercer las labores de hogar o fugarse algún convento benedictino para finalmente marchitarse de la memoria de los heridos teleadictos, el aventurero Lindelof regresa a la primera plana televisiva adaptando la novela homónima de Tom Perrota (co-creador del asunto). Y lo que pone de manifiesto ya solo con su piloto, son las grandes virtudes que atesora Perdidos. Porque vale, su resolución no estaba a la altura, pero como demuestra este Leftovers, crear todo el mapa de enigmas y misterios con los que atrapar y arrastrar al espectador en tu universo catódico no está al alcance de todos.

Sino echen un vistazo a este nuevo producto. La premisa es muy clara, un día cualquiera el 2% de la población desaparece de la faz de la tierra sin dejar rastro ni explicación. Ahí tiene un embrollo argumental, muy similar, al 100% de las producciones que han intentado, fracasando estrepitosamente en el intento, seguir la estela de Perdidos. Sin embargo, y a tenor de lo visto en el piloto, parece que la cosa queda en eso, en plantear una idea, supuestamente insólita y rompedora. Pasan los minutos, excesivos por cierto, y no se da un solo avance en la resolución de ese misterio, y lo que es mucho más grave, nos la sopla bastante que no se dé.

En su lugar, se opta por poblar la trama con ciertos elementos desconcertantes, como por ejemplo esa especie de secta que actúan como trolls silenciosos, vestidos de blanco impoluto y que fuman más cigarros que Proschineski minutos antes de un partido. Tanta ridiculez junta da hasta pavor, pero el cambio de giro y registro obligado que se va a dar sobre este segmento de la población, que se mantiene apartada, y que provoca enemistad con el resto de los mortales, se me anticipa más ridícula aún.

Como esta secta extraña y silenciosa no supone un gancho del todo fiable, los guionistas y Lindelof deciden reunirse una noche  para marcarse una maratón de Skins (la serie), Sprink Breakers, cualquiera de Larry Clark y apuntar en una libreta VanGaalera lo qué la juventud de nuestros días hace para transgredir. Ok, rociemos con unas gotas de sexo, drogas, y juegos sexuales la parafernalia, y nos ganaremos el público teen. Otra vez llamando a la puerta…del ridículo.

Al parecer el señor Lindelof, sabedor de la que le podía caer, se esforzó en declarar meses antes de la llegada del piloto que su nueva serie no se enfocaba en el enigma, sino en las consecuencias de éste en una serie de personajes…que en el mejor de los casos, y esto va de mi parte… tienen el carisma José Montilla. No hay ni uno de ellos que despierte la más mínima simpatía y/o interés, ya no hablo de identificación.

Podría seguir hablando de lo encorsetado de la serie en un look neutro, de una música de Max Richter que suena demasiado rimbombante por lo poco que acompaña, de un montaje torpe, una realización a veces tosca, de intentar impregnar el relato de cierta alegoría al 11-S (algo sobado), pero en definitiva todo conduciría a localizar su problema en un mal diseño, especialmente en la arquitectura del relato.

Al fin y al cabo lo más memorable que me llevo de este primer visionado son dos apuntes. Uno,  el guiño de que uno de los desaparecidos sea Nick Nolte, y el juego que puede dar su afición al whisky cuando regrese.  Y segundo, el terror que comporta comprobar que Steven Tyler y sus genes se han apoderado de la bella fisonomía de Liv Tyler.

Haría bien el señor Lindelof en ser más astuto, y en escoger mejor sus proyectos, porque de seguir así lo próximo que va a recibir es una montaña de cartas con ántrax.


2 Comments

Charles Deleuze 6 julio, 2014 at 18:43

Contrario a lo que piensa el comentarista, a mi la serie me ha gustado bastante, creo que logra captar la desesperación y el desasosiego que produciría un fenómeno así si llegase a ocurrir, la música de Max Richter acompaña perfectamente a las imágenes y de hecho me parece muy adecuada para la serie, las actuaciones están bien y de hecho veo mucha gente preocupada porque no se dan pistas del misterio, debemos esperar al fin y al cabo este recién es el primer episodio. El único pecado de la serie es que uno de sus creadores sea un hombre que muchos odian y que preferirían perder una mano antes que reconocer que ha hecho algo bien, es victima de su pasado. En fin para mi la serie es es muy interesante y con muchos elementos para enganchar ademas al menos en su piloto tiene un ambientación muy bien lograda opresiva y melancólica. Espero que la gente pueda superar los prejuicios y disfrutar todo lo bueno que tiene para ofrecer The Leftovers

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Omar Little 6 julio, 2014 at 20:01

Bueno en mi caso no se trata de un caso de prejuicios. Yo fui un fanático de Perdidos hasta su última temporada, que me supuso un sonado batacazo. Pero al contrario de muchos, eso no eliminó el grato rastro que la serie había dejado en mí. Le asignó muchísimas virtudes como gran producto de masas que fue. Pero en el caso de The Leftovers, lo que me he encontrado es un producto vacío, sin punch, de personajes intrascendentes y sin carisma, una ficción que tira por los recursos fáciles y manidos. En definitiva sin nada a lo que agarrarse. Es solo el piloto, y muchas veces se emiten juicios de valor precipitados, pero en mi caso, no voy a seguir viéndola, al menos, que me lleguen voces de que la cosa ha cambiado mucho… y mucho tendría que cambiar. Un saludo

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