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Primeras impresiones ‘Una verdad innegable’

posted by Omar Little 11 mayo, 2020 0 comments

La escudería HBO se ha convertido, para cineastas desacoplados del amateurismo y las buenas intenciones del cine indie, pero también, de los resilentes a ser absorbidos y desarmados por la maquinaria desalmada del nuevo Hollywood, en un bastión indispensable para conservar y dar muestras de su talento. Una morada que, gracias al impulso de producciones audaces, sugerentes, de cuidada producción – los estandartes HBO -, para un público acorde a inquietudes de difícil satisfecho, mantienen a flote creativo a este grupúsculo de cineastas sin demasiada cobertura en el panorama cinematográfico y televisivo actual.

Hablamos por ejemplo de Derek Cianfrance y su nueva producción. El director de Un cruce entre caminos y Blue Valentine ha podido desplegar, sin restricciones presupuestarias ni censura de la nueva corrección, su estimable talento en Una verdad innegable (I Know this Much is True), una miniserie que despunta desde la mera presentación.

Escrita y dirigida en su totalidad por el autor norteamericano (matiz que muchas veces diferencia un producto de alta gamma con uno de mediana), Una verdad innegable,  con su primer episodio, se puede degustar desde hoy en HBO España – los otros cinco llegarán en los sucesivos lunes. La ficción es una adaptación del bestseller homónimo de Wally Lamb, alrededor de dos hermanos gemelos en la década de los 90. Uno de ellos aquejado de esquizofrenia mientras el otro hermano lidia con la enfermedad de su allegado y, por lo que insinúa el desgarrador final de su primer capítulo, centra sus esfuerzos en rescatar a este de un centro donde resulta internado en contra de su voluntad.

La serie se dispone desde sus primeros compases en un melodrama familiar amargo, de heridas que supuran drama y aflicción, y estas, irremediablemente, quedan trasladadas al ánimo del espectador. Estamos ante un producto de digestión nada complaciente, cuyo conflictos giran alrededor de esta familia golpeada por la tragedia y el infortunio. Todo ello podría haber deteriorado en una hipérbole dramática como cierto cine social inglés si no fuera por el ejemplar trabajo de Derek Cianfrance en una realización madura e intencionada, de suaves movimientos de cámara, atinada variedad focal, siempre sujeta al tormento anímico de los gemelos protagonista. La pareja a la que da vida, en un esfuerzo doble, un Mark Ruffalo que vuelve a reivindicarse como uno de los talentos olvidados, y/o menospreciados, de su generación. Un trabajo, realmente, apabullante.

Un empeño con olor a Globo de Oro y Emmy que queda reforzado tanto por los actores de primera fila  que lo acompañan (Melissa Leo, Juliette Lewis y Kathryn Hahn están de nota), como por la áspera y granulada fotografía de Jody Lee Lipes – tan propia del cine indie -, los pliegues dramáticos y los crudos diálogos de la escritura de Cianfrance y ese cúmulo de referencias visuales que parece incorporar en su paleta;. hay ecos, en la relación de los hermanos, de la tremebunda Good Time, pero también se insinúan acercamientos al drama del confinamiento mental, tal como Corredor sin retorno de Samuel Fuller o Alguien voló sobre el nido del cuco, de Milos Forman. Tal y como expone el angustioso final de esta inmejorable recepción de una minserie, de regusto cinematográfico, que sobresale como nueva candidata (y ya van varias de la misma casa) para terminar en los puestos altos de lo mejor de este funesto año, dentro de unos 7 meses.


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