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Primeras impresiones de Watchmen

posted by Omar Little 24 octubre, 2019 0 comments

Es sin atisbo de dudas uno de los platos gordos de una temporada seriéfila sobrada de estímulos. Especialmente en la despensa de la HBO, donde se acumulan, sin opción de tregua para el serieadicto, otros suculentos manjares recientes como la tercera de The Deuce o la segunda de Succession. Pero centremos ahora esfuerzos en uno de los nuevos buques insignia del canal de cable, la muy esperada adaptación del totémico cómic de Dave Gibbons y Alan Moore, Watchmen.

Cabe primero señalar el considerable distanciamiento por el que ha optado Damon Lindelof respecto a la obra maestra originaria. Quizá sabedor de los cansinos que resultan las riadas de trolls por redes sociales, el millonario showrunner ha decidido adaptar el universo Watchmen a la actualidad, desplazándolo del marco original de la guerra fría, para ubicarlo en un escenario muy contemporáneo, en el que un grupo de supremacistas (que han acogido la máscara de Rorscharch como elemento distintivo) amenazan a la humanidad con un complot fatídico: “tic, tac, tic tac”.  Al otro lado del espectro el cuerpo policial (en una indefinida crisis de credibilidad) y las milicias de superhombres enmascarados que los refuerzan para intentar dar caza, y con ello, pasándose por el forro algunas leyes, a esto grupo de militantes de extrema derecha conocidos como el séptimo de caballería. Hasta aquí un escenario contextual con reminiscencias a nuestro presente (desde el auge de la extrema derecha hasta la brutalidad policial y las identidades cubiertas por seguridad en un mundo descompuesto por el odio, el racismo y la ira). Limitando el foco, el arranque se cierne sobre Angela Abar (Regina King), una mujer negra que regenta una pastelería pero que, bajo su aparente normalidad, se descubre una justiciera en colaboración con la policía, con vínculos estrechos con el capo de estos, un Judd Crawford interpretado por Don Johnson. Un registro (el de superheroina) al que vuelve tras el intento de  asesinato de un policía por parte de un miembro de La caballería, en definitiva, el incidente incitador que hace arrancar todo este atractivo y complejo universo presentado en la primera dosis. En esta toma de contacto merece un espacio aparte el encuentro con Arien Veindt, un estrafalario y excéntrico millonario celebrando su aniversario con dos criados. Jeremy Irons interpreta a este personaje que en el cómic se convertía en el villano principal y que en esta ficción aún no ha aclarado su rol pero se ha presentado con interés elevado.

Ese contexto racial en Tulsa (Oklahoma) que a su vez lanza puentes de conexión con la fuente de la que parte. Una concatenación de easter eggs que no solo contentarán al acérrimo de los cómics, sino que sirven para ir rellenado y dando forma a este singular mundo paralelo, donde el presidente Redford (Robert, ¿de verdad?) lleva treinta años en la Casa blanca, las lechugas son parte de una firma macabra y a veces llueven calamares. Elementos que sin duda enrarecen la atmósfera, que imposibilitaran al espectador ajeno asentarse cómodamente en el tablero, pero que cumplen con una función narrativa y estética. Una vez familiarizados con esta peculiar realidad, cercana pero alejada (tanto del mundo real como de la novela gráfica de la que parte), una vez comprendidas sus leyes internas, el recorrido que sigue, y que seguirá con los siguientes capítulos, no puede más que dejar cuantiosas satisfacciones. Se divisa un manjar con un tratamiento maduro, complejo e inusual a un material original que se distinguía por ese enfoque adulto y crítico.


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