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Review: Mad Men 7×04 “The Monolith”

posted by Omar Little 7 mayo, 2014 3 Comments

The monolith mad men

¿Hay tope de altura en las oficinas de Madison Avenue? ¿Queda a estas alturas alguien que pueda seguir Mad Men con la piel flácida y sin llagas en las manos? Si el anterior capítulo se colaba entre los mejores de la serie, parecería lógico, que el siguiente bajara pistonada. Pero lejos de esto, Weiner y su crew, nos han vuelto a regalar una joya de la televisión, un nuevo rubí para una temporada pluscuamperfecta que amenaza con no desfallecer en ningún instante para coronar así la temporada de despedida que se merece esta ficción. ¿Están nuestras palmas y reservas de endorfinas preparadas para ello?

Un capítulo, que por su arranque con la cena en Los Angeles entre Pete y la espectacular agente inmobiliaria, hacía presagiar una bajada de nivel, el clásico capítulo de relleno que uno olvida. Pero nada de eso. Esa primera secuencia desencadenaría, a miles de kilómetros, en la otra punta del país, uno de los capítulos más vibrantes y gozosos ( y ya van…) de la serie de la AMC.

Un capítulo eminentemente humorístico y lleno de situaciones imborrables, pero como suele recompensar su equipo de guionistas, bajo esta capa, se escondía una visión mucho más amarga, en este caso, centrada de manera exclusiva en Don Draper, y en Roger Sterling y la relación con su hija.

Hemos sido deleitados por la vis cómica de Roger Sterling, Harry Crane, Peggy Olson, Ken Cossgrove y muchos otros. Pero pocos definiríamos a Don Draper por ese talante. Sin embargo, el capítulo The Monolith (con cuyo nombre ya acaricia la eternidad), ha servido para observar el mito desde otro prisma, y presentarnos un Draper puteado, chispeante, y que invitaba a la carcajada.

Aunque para ver ese perfil, hayamos tenido que presenciar mil humillaciones hacía la figura de Don. Ya comentamos en la anterior review, que la aclimatación del personaje a su nuevo estatus dentro de la agencia marcaría las próximas líneas maestras de la trama, como así ha resultado. Su reincorporación ha sido de todo menos tranquila, cómoda o atendida. Don se ha visto ninguneado, pisoteado en la cara, ubicado en el despacho donde se quitó la vida uno de los ex socios, privado del alcohol, pero lo peor, del poder, la influencia y la capacidad de decisión de antaño.

Algo que ha dado cancha a hacer un exquisito juego entre los roles de poder y sumisión, entre la clásica jerarquía existente en cualquier empresa. Así un Don humillado y perdido, ha sido asignado al equipo de Peggy Olson para la nueva cuenta conseguida por Pete, más como un acto de cobardía por parte de Lou, que como un acto de confianza. Algo que sorprende a todos, empezando por Peggy, quien sin embargo, ve su oportunidad de vengarse por el trato que Don le dispensó siendo éste el capo.

La situación ha dejado momentos impagables y eternos. Como esa reunión en la oficina de Peggy, en la que Don comparte sofá con un motivado copy, y dedica una mirada de odio hacia su responsable cuando ésta les pide 25 eslóganes para el lunes. Obviamente Don no se rebaja, y cuando lo llaman para verse en la próxima reunión con Peggy, rechaza asistir, ocupado como está en su despacho, echando una partidita al solitario (juas).

Por si no hubiera sido suficientemente pisado y meado encima, una reunión con Bertram Cooper, en la que un Don motivado le sugiere una nueva oportunidad de negocio, termina con la guinda del pastel,  un Don enfurecido por el trato vejatorio que le dispensa todo el mundo termina colándose en el despacho de Roger para protagonizar otro de los highlights de la jornada en el momento que decide robar un botella del bar, aprovechando la ausencia de su propietario.

Era cuestión de tiempo que el Don sobrio se rompiera, y ha sido robar la botella encerrase en su despacho difunto, y ser testigos de una de las cogorzas más épicas de Don. Un Don incontrolable, desatado a la broma que no duda a llamar a su colega Freddy, para irse a ver a los Mets. (¿todo ese significado oculto representado en la banderola de los Mets de dónde procede? ¿Alguien puede alumbrar mi cascada memoria?)

Cuando Freddy llega a las oficinas, saca a un Don que no se sustenta en pie, casi a rastras, no sin que antes Don le recrimine al responsable de las instalaciones de los ordenadores IBM  varias verdades incendiarias sobre su propio YO. Un juego revelador del juego de espejos que Don encuentra con ese personaje con talento que ha conocido esos días en la oficina (de hecho el único interlocutor que no lo menosprecia) y al que falta al respeto por los altos niveles de alcohol en sangre, como faltándose al respeto a sí mismo, o a un vestigio de lo que él fue.

Al día siguiente, ante la presencia de Freddy, y con una resaca histórica, su amigo le recrimina su actitud, especialmente el haber vuelto a darle a la botella, y le encomienda  ponerse el mono de trabajo para volver a escalar y demostrar lo que vale. Cosa que Don hace, llegando en un nuevo día a la oficina, con pensamientos renovados, y dispuestos  escribir esos 25 eslóganes para Peggy mientras suena una nueva joya de la época. Este tema de The Hollies.

Por si todo esto no fuera suficiente para subir al altar con Weiner, el capítulo se ha marcado una de las subtramas más antológicas de la serie, una que pide a gritos su correspondiente spin off. Cómo sino, corresponder a la genial y descabellada idea de enviar a Roger Sterling, y a su ex, a una comuna hippie a las afueras de Nueva York (la de Martha, Marcy, May and Marlene pero sin líder peligroso) para recuperar a una hija que ha abandonado a su familia para abrazar el hipismo. Si de por sí la premisa no resultará genial, va y encima nos regalan la opción de ver a Roger conociendo el lugar, fumando sus productos naturales y con tentaciones de probar alguna carne que se aloja bajo esa humilde morada sin electricidad ni calefacción.

Un capítulo brillante, desternillante y todo un goce desde el primer minuto hasta el último, donde todo se ha desarrollado con velocidad – estábamos pendientes de la recaída de Don, pero dudaba que el arco dramático se resolviera en un mismo capítulo (empieza en A, pasa a B y parece que vuelve a A o podría estar en C)- pero a la vez todo ha fluido con naturalidad, con solidez en este producto mimado al detalle. Y sí, puede que Don se haya propuesto dejar atrás el camino de la pena y la desolación, puede que incluso su existencia no se dirija hacia los presagios que la careta de la serie viene anunciando desde el capítulo 1, pero pondría la mano en el fuego,  que su via crucis está lejos de haber concluido, y que esta caída ha sido una insignificancia con respecto a  las que llegarán.

Bonus track

– También para elogiar todo el encaje propuesto con la instalación del sistema de computadoras en la oficina. Algo que remite directamente al título del capítulo (guiño a la obra cumbre de Kubrick), pero que también hace referencia a esa sensación de desplazamiento al que se ven abocados los trabajadores con la presencia de las máquinas, ese temor a quedarse obsoletos, y que personifica en todo su esplendor la situación por la que pasa Don Draper. Unos avances tecnológicos revolucionarios para la época, y cuyo proceder entre los empleados puede dar juego a nuevas risas.

– En series como Lost, True Detective o Breaking Bad se hablaba largo y tendido, se construían hasta teorías alrededor, cada vez que aparecía un autor y un libro en pantalla. En Mad Men eso no ocurre ni va a ocurrir, como tampoco es necesario puntualizar eso para describirla como una serie plegada a los detalles, es obvio viendo un par de capítulos. Sin embargo, en éste, hemos visto a Don leyendo una novela de Philip Roth, el mejor autor en vida en suelo norteamericano, y probablemente uno de los pocos, junto a Weiner, capaces de adentrarse en los recovecos del alma humana, sus deseos e insatisfacciones con esa profundidad. Así que si a alguien le va medida una novela suya, es a Don Draper.

– Recalco lo de la banderola de los Mets, ¿qué simboliza? ¿a qué hace memoria?


3 Comments

Juan Jesús 7 mayo, 2014 at 13:18

¡Hola de nuevo, Omar! La verdad es que ha sido un gran episodio, pero claro, los pilares en los que se sustentó el anterior eran increíblemente altos como para siquiera igualarlos, aunque el “monolito” ha resistido de una manera asombrosa.

He de decir que has expuesto todo lo que pensaba respecto al ninguneo hacia Don, algo un poco “despreciable” por parte de algunos componentes de la empresa, como puede ser esa mini-reunión con Cooper, que lo quería echar nada más puso sus “pies” (que no zapatos) en su despacho… ¡y eso que era para conseguir una oferta!

El caso es que lo Don en este episodio era más que obvio. No iba a volver de la misma manera en que se situaba antes de que lo “despidieran”, aunque ese relego de Lou a Peggy, da una imagen de lo cobarde y escoria que es el nuevo director creativo, que prefiere darle un aumento a Peggy antes que enfrentarse a un rival mucho más digno de lo que él sería nunca. Porque si hay algo que tiene de bueno Don Draper es que en lo que a la venta se refiere (a la fachada, lo que es él al fin y al cabo, que a veces nos olvidamos de Dick Whitman). Como he leído en más de un post relacionado con esta joya de AMC, Don Draper vende hasta el humo si hace falta, al fin y al cabo, la inconsistencia de la moral del interior de cada uno de nosotros es lo Weiner quiere transmitirnos con sus guiones, aunque en este caso he echado en falta su mano, pues el episodio ha sido escrito íntegramente por Erin Levy (y no es una queja, que ha escrito más de uno solo o con Weiner y son magia pura).

También he disfrutado mucho de las escenas de la comuna hippy, en especial, cuando Roger quiere llevarse a su hija como un loco y acaba de barro hasta las trancas. Si el no hizo feliz a su hija y no le dedicaba nada de tiempo, ¿por qué le echa en cara lo mismo que hizo él? Demuestra que, a pesar de ser un tipo singular y el más divertido de la serie, es un hipócrita a la hora de llevar los hilos de su vida y que el dinero (a pesar de lo que piensa) no lo es todo.

A destacar de los demás compases del episodio: las conversaciones de Don con el responsable de los ordenadores de IBM, la borrachera de Don (en general) y, quizás lo que más puede repercutir en los siguientes episodios, ese resurgir gracias a su amigo Freddy en el que llega a la oficina con ganas de comerse el mundo de nuevo, Don Draper Style, obviamente (con premeditación, alevosía y más pena que gloria, como diría el sabio Sabina).

Solo tres más, ¡qué pena! 🙁 A disfrutarlos pues. Espero la siguiente review que, de corazón lo digo, de lo mejor que estoy leyendo acerca de la serie. Un saludo.

P.D.: ni idea acerca de la banderola de los Metz. Yo creo que significa más el hecho de poder evadirse de la oficina, que preveía que se le iba a venir encima, que un recuerdo del pasado, aunque en la cuarta temporada o alguna anterior, no recuerdo con total claridad, hubo un episodio en el que fue a ver el béisbol con su hijo y otro hombre. Y fue un evento importante en el devenir de la temporada, pero a saber si era el mismo equipo o no.

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Omar Little 7 mayo, 2014 at 14:02

¡Hola Juan Jesús! ¡Gracias de nuevo por tus palabras!

Que Lou y Jim vayan en contra de los intereses de Don era algo previsible, e incluso necesario desde un punto de vista estrictamente de guión, pero duele el trato que sufre por parte de Bertram Cooper, y especialmente de Joan, que le insinúa a Peggy como sacarse el marrón que le ha caído. Ahí Joan cae muy abajo.

No sabía que el guión de The Monolith no es obra de Weiner, aunque da igual, su presencia es divina, y se reflecta en todos los guiones de la serie.

Está claro que no podía superar al capítulo anterior, más que nada porque ese ya forma parte del Top de la serie, pero viniendo de algo tan inolvidable me ha sorprendido toparme con un capítulo tan brillante, con dos frentes abiertos tan jugosos y desternillantes. Solo por los tres momentazos que protagoniza Draper en la oficina, y los otros de Roger en la comuna merece estar en lo más alto. No me atrevo a pensar en lo que resta y me aterra vivir sin este pedazo de serie

Saludos!!

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Cristian 9 mayo, 2014 at 02:11

Excelente review como de costumbre, nos encontramos con un capitulo solido y que viene a mostrar el complejo contexto en el que Don se hizo parte, aun así y todo sigue destilando genialidad, concretamente con esta frase que le dice al tipo de las computadoras:

What man lay on his back counting stars and thought of a number?

Increíble como Mad Men con frases simples pero significativas (Draper Style)te puede dejar sin aliento, cada detalle esta trabajado al máximo. Es notorio como la relación Lou/Don va a ser parte del climax dramático en los próximos capítulos (no se si en los tres que quedan o para la segunda parte). Que gran temporada estamos teniendo, no me quiero ni imaginar como serán los últimos capítulos de la serie

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