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Review: Mad Men 7×05 “The Runaways”

posted by Omar Little 13 mayo, 2014 2 Comments

The Runaways

Ay, ay…que cerca está la soluciona final de la AMC.  Dos últimos capítulos de esta primera tanda cargan pesadamente sobre nuestras consciencias, y luego,  la nada que precede a la nada eterna. No es momento, aún de sacar los kleenex, pero es algo que mi pecaminosa y nostálgica alma no puede evitar recordarse. Pero antes, de ello, y como casi cada martes, pasemos a degustar con más detalle lo que nos ha ofrecido este néctar salido de la entrañas de Matthew Weiner.

“The Runaways” creo que es lo más próximo que va a estar esta séptima temporada a ofrecernos un capítulo de transición. Con ello, no digo que haya sido un capítulo prescindible, ni mucho menos, aquí ya no se desecha ni el “Previously” ni el “coming next”, pero sí, que hasta lo visto hasta ahora, ha sido el menos memorable de ellos.

Un capítulo que se ha dividido en varios frentes. Por una parte, todo el ajetreo en la oficina, donde uno no se acostumbra a ver a Don como un subordinado, como un creativo más a las órdenes de un Lou, que ha vuelto a ser objeto de burla, cuando sus súbditos descubren que está detrás de unas animaciones infantiles, ganándose así un poco más de descrédito como Big boss. Un asunto que ha generado momentos peliagudos, de pilladas in fraganti, un punto muy realista, porque todo sabemos, que en el momento más importuno, cuando nos estemos cagando con aquel o el otro, irrumpirá el aquel o el otro y nos dejará con la mandíbula y los huevos desencajados.

Algo así ha pasado en Sterling & Cooper y asociados, o quién coño gobierne allí. Sin embargo, el pulso humorístico altamente efectivo del anterior capítulo, se ha dilucido. Más allá de las meteduras de pata mencionadas, y el recochineo en la oficina con el descubrimiento, las otras gotas de humor se han vuelto en ácidas y finalmente trágicas (y totalmente inesperadas), en un vuelco de los acontecimientos muy crudo, con homenaje a Lynch incluido. El monolito se ha cobrado la primera víctima. Ginsberg se ha ido obsesionando con la sala de máquinas, hasta el punto de no permitirle trabajar, de crear conspiraciones en su cabeza, hasta incluso de creer en fuerzas ocultas que quieren atraerle hacia la homosexualidad. Lo que en un principio parecía una artimaña para echar un casquete con Peggy, o una chaladura pasajera, ha dado un giro de 180 grados, cuando éste se ha despedazado el pezón para entregárselo a Peggy como ofrenda en una caja muy Blue Velvet, y acto seguido salir de la oficina con camisa de fuerza directo al manicomio de Briarcliff, para dolor e horror de Peggy que ha tenido que hacer la llamada y presenciar el siniestro espectáculo.

En la otra costa, y gracias al milagro de la elipsis, hemos comprobado que el matrimonio entre Megan y Don no se ha roto, o al menos, no está roto del todo.  Lo que sí que existen son unos recelos entre ellos muy considerables, y eso no va a sanar las cosas, al revés, las va a empeorar. Algo que hemos comprobado con la desconfianza que Megan profesa cuando recibe la visita de Stephannie, la “sobrina” de Don, un bellezón hippie en estado a la que Megan ve como una rival directa en su lucha para instalarse en el corazón de Don. De ahí, que se deshaga de ella a la mínima,  pese al gran disgusto de Don, que viaja hacia LA un día tarde – entretenido por el castigo de Lou – y ya no da con la chica a la que había prometido ayudar en todo.

No todo son malas noticias para Don, en Los Angeles el hippismo y el amor libre están muy en boga.  Megan decide hacer un guateque en su guarida, en el que Don – al fin y al cabo un señor de los ambientes conservadores y adinerados de Madison Avenue – no se encuentra muy cómodo. Por ello, decide escaparse cuando Harry irrumpe de forma totalmente inesperada, yéndose de copas a un local sobrio y señorial, y éste le pone sobre aviso de los planes que tienen Lou y Jim para chutarlo de la agencia, ya que andan tras  Philip Morris, la compañía tabacalera a la que Don le abrió un tajo sangrante en sus cuentas cuando decidió escribir esa carta al New York Times. Ya de vuelta, Megan le tiene preparada una muy agradable sorpresa a Don. Ese trío con la amiga de Megan que lo afianza en los altares de los iconos televisivos. Dudo que sea el primero para el fucker de Don, pero sí que creo que es el primero en televisarse.

La conversación post coital que tienen por la mañana, y la reacción insatisfecha de Megan, terminan por confirmar que se ha asistido a todo un dibujo preciso de la enrevesada psicología femenina: sus artimañas, estrategias y comportamientos cuando lo que está en juego es el amor y la pareja.

Ha habido también algo de tiempo para hurgar en el escenario de Betty Draper, quien en una cena social mete la pata al hablar de la guerra del Vietnam (es curioso lo poco que ha salido a la palestra el tema durante la serie, es digno de estudio sin duda) y se gana una discusión con Henry. También se nos ha recordado que Sally Draper es ya más adulta que su madre. Pero sigo sin encontrarle el punto a Betty como ama de casa insatisfecha en esta última temporada. Veremos si mejora.

Pero nadie se iba a ir a dormir sin una sonrisa de oreja a oreja. En la última secuencia se nos ha brindado un golpe maestro del Sr. Draper de antaño, una jugada arriesgada, ingeniosa, imprevista y efectiva…Tras conocer las intenciones de Lou y Jim, de cómo a través del nuevo negocio que quieren cerrar pretenden apartarlo de la agencia, Don se personifica en la reunión secreta con los jefazos de Philip Morris y vuelve a hacer gala de sus habilidades persuasivas más seductoras, atestando a la vez un impecable derechazo a las caras de los compañeros de agencia que asisten incrédulos al número. Tal es su éxito, que se marcha de allí con la cabeza en alto, resplandeciente, recuperando su YO impoluto, genial e imbatible. Antes de cerrar el episodio se permite dedicarle un socarrón “gracias” a Lou, cuando éste sale de la reunión y le dice que es increíble (en un tono poco simpático) y le dedica un portazo y una mirada de jefazo a Jim, cuando éste le dice que no se crea que con el numero anterior ha ganado la partida. La partida ha empezado, y Don va a ir por todas para enterrar a esos dos mamarrachos. Nosotros estaremos allí puntuales para atestiguar el resultado.


2 Comments

Juan Jesús 13 mayo, 2014 at 23:35

¡Qué penita que solo nos queden dos semanas de Mad Men! Y es que esta temporada está siendo de las más divertidas, de mayor profundidad en los personajes y… se pasan los episodios volando.

Este 7×05 (“The Runaways”) ha sido para mi el segundo mejor episodio de la temporada, solo por debajo del impecable “Field Trip”. Y es que a pesar de que ha faltado gran parte del reparto, con un poco de Don por aquí, otro de Peggy por allá y una pizca de locura (una pizca por no decir un montón) han hecho las delicias de sus fans. Y es que desde que comenzó, se veía que iba a ser un episodio increíble. No pude parar de reír durante esa reunión creativa en la que los dibujos de Lou (al grito de “Scout’s Honor”) provocaron esos piques, pullas e insubordinación hacia un jefe cobarde que se cree muy superior y en realidad no lo es tanto. Un espectáculo para los ojos del espectador. Chapeau!

También me ha sorprendido los celos de Megan, la aparición del personaje de la “sobrina” de Don, el hecho de que Betty… ¡no es tonta porque habla italiano! (yo creo que entra en el top 10 de los personajes de series más odiosos de la historia) y la sorpresa del pezón de Ginsberg, cuya locura era algo que se veía venir por su tejemaneje con “el monolito”, pero que nunca pensé que llegara a tanto.

Y si hay dos hechos más que destacables en este “The Runaways” son el trío, que puede ser la puntilla definitiva al matrimonio (o no, como bien has indicado, pues Megan, al igual que casi todas las mujeres -sin ofender- son impredecibles y nunca saben lo que quieren) y ese final que me ha hecho levantarme del sillón. Don entrando a la sala inesperadamente y dejando a cuadros tanto a Lou como Jim en plan “Chuparos esa”. Y es que después de lo que lió con su carta contra el tabaco (en la cuarta temporada creo), ahora está delante de los más perjudicados por ello y toreándolos como él solo sabe, pues si algo que Don hace como nadie, es eso: llevarte a su terreno como una mala víbora. Y para acabar cito literalmente una de las frases que más serán recordados por esta primera tanda de episodios, cuando Lou se queda descolocado al salir de la reunión con Philip Morris:

– You are incredible!
– Thank you!

¡ES-PEC-TA-CU-LAR!

En resumen, un episodio más que notable para una serie que está en una de sus mejores temporadas y, desgraciadamente, la última season.

Un saludo, Omar Little, nos leemos 😉

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Omar Little 14 mayo, 2014 at 07:47

¿Sí Juan Jesús? A mí me ha parecido el más flojo, sin serlo, de lo que llevamos de la última. Totalmente de acuerdo con que el trío puede haberse convertido en la gota que colma el vaso en la relación entre Megan y Don. Y sí, final épico. Un Don en estado de gracia repartiendo manotazos de ingenio y oratoria a diestro y siniestro. Impagable ese ¡Gracias! que le espeta a Lou.

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