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Review: Masters of Sex 2×07

posted by Paloma Méndez Pérez 27 agosto, 2014 2 Comments

Masters of sex 2x7

Están en Masters of Sex como The Fast and The Furious. En el capítulo anterior nos quedamos con Bill en la puerta de la casa de Virginia, hablando con alguien que digámoslo así, pasaba por allí y que se presenta como su novio. En el séptimo capítulo ya empezamos meses más avanzados, con clínica propia y la resaca de problemas habitual, aunque hemos cambiado las tensiones con las figuras de autoridad por los problemas financieros. Precisamente estos nos sirven para enlazar las 3 partes que conforman el capítulo. Presentación, nudo y desenlace de toda la vida.

Aunque para todos fuera evidente que Bill estaba recibiendo de su propia medicina, también es absolutamente cierto que se nos partió un poco el corazón viendo como descubría (nosotros también) la supuesta traición de Virginia. Fue un acierto darnos a nosotros la sorpresa y no contarnos previamente la situación amorosa de ella. Cuento esto, porque aunque ocurriera la semana pasada, es tal el salto en el tiempo de un capítulo a otro, que por un momento parece que jamás pasara nada y todo se haya resuelto aplicando de solución de mirar para otro lado.

Nada de esto es verdad, la tensión entre los personajes es mucho más patente que antes y aunque Virginia continúa con su trabajo es notoria la falta de confianza de Bill hacia ella, que se hace patente con la conversación a tenor de la contratación de Betty (siempre bienvenida). El Dr. Masters está digiriendo mal el dolor y el tiempo no está aliviando su herida. Al contrario, le está afectando llevándolo a pasearse abatido por su antiguo lugar de encuentro. La conversación con el camarero del hotel, en la que siguiendo la ficción que solían representar habla de Virginia como si hubieran estado casados, marca un punto en la narración, no por lo patético, mucho peores son sus escenas con la prostituta, sino por lo que nos revela: que la traición es hacia la intimidad que ambos tenían. Virginia que parece mucho más dispuesta a aclarar su situación con Bill, solo recibe reproches por parte de este, llamándola mala madre. Nada nuevo bajo el Sol, parece pensar nuestra protagonista, representación andante del dicho ese de la capa y el sayo.

Con esto damos un nuevo salto en el tiempo y pasamos de conversaciones sobre los deseos de maternidad de Libby a verla entrar en la consulta con dos bebés. Los niños y los problemas económicos usados para que nos quede claro el paso del tiempo. En esta parte central vemos a Bill siendo grosero e irrespetuoso, convirtiéndose en el borracho malhumorado que hace comentarios por absoluto despecho. Una deriva muy preocupante en Bill, que nunca destacó por sus habilidades sociales, su mano izquierda o su empatía. Todas las situaciones de conflicto deben de llegar a ese punto de ruptura, de ver el borde del precipicio, en el que si consigues dar la vuelta y reconducirlas, ya solo avanzas en una dirección. Salvan ese instante porque de nuevo Virginia tiene la calma o la inteligencia suficiente para no entrar en el debate, cuando Bill la acusa de tener un corazón caprichoso y desleal. En esta segunda parte además nos presentan a una Virginia con mucha más importancia profesional. De hecho, comenzamos viéndola protagonizar un video de los que usarán para documentar su estudio.

El desenlace nos lo trae Betty, mucho más profesional lidiando con la contabilidad de la oficina y una Virginia afrontando un pasado de parejas de los que a duras penas recuerda un detalle. Hay tronistas en HMYV con más capacidad de retentiva. Cómo para acordarse de alguien cuando la única pretensión era no pasar la noche sola. Aunque ya sabemos por esta serie, que solo porque tengas a alguien en casa no significa que no estés solo. Vuelta al hotel, una conversación entre Bill y el recepcionista de esas que no sabes si el individuo en concreto en muy listo o es muuu tonto que diría José Mota y reconciliación con su madre. Así los guionistas nos han situado en un periodo mucho más interesante de la vida de ambos investigadores. Es complicado de hacer cuando se trata de adaptar vidas reales, pero en este caso el resultado, aunque resulta un poco difícil de digerir, porque además choca bastante con los tiempos habituales de esta serie, parece que convence y resulta creíble.

Y es que hay cosas que no pueden deshacerse y cosas que no pueden recomponerse, como bien hemos aprendido del Dr. Langham.

2 Comments

Juan Jesús 29 agosto, 2014 at 21:03

Muy interesante la review de uno de los episodios más extraños, pues al principio parece que iban a avanzar un poco en el tiempo, unos meses, y luego se van años. Lo que nos muestran de Bill en este episodio (Michael Sheen hace una interpretación soberbia durante toda la serie, pero lo de este episodio es sensacional) da una imagen de lo vacío que se siente en realidad, pero esa actitud hacia Virginia es repugnante y denigrante hacia la mujer en general (raro ya que Bill no es un machista y misógino al uso – mírese Don Draper en Mad Men).

Por eso hubiera sido un insulto por parte de los guionistas usar todo este período de tiempo en el que relativamente no hay un avance significativo en la historia, y desde mi punto de vista lo hacen bastante bien, aunque algunas escenas al final (sí, me refiero a las del Dr. Langham) son irrelevantes.

Estoy muy contento con la trayectoria de la temporada, ahora que hemos llegado a la mitad, aunque haya habido un par de episodios que no me han convencido del todo. Sin embargo, con exquisiteces como «Fight» o este singular «Asterion» solo nos queda aplaudir a este serial de Showtime (y agradecerle a la cadena por haberla renovado por una tercera temporada) y pedirle que nos sigan mostrando este pasaje hacia un conocimiento del sexo como nunca antes se había mostrado.

Un saludo,

Juan Jesús

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Paloma Méndez Pérez 31 agosto, 2014 at 21:26

Hola Juan Jesús, un capítulo con un planteamiento extraño pero que los guionistas muestran de forma natural. Creo que en el resto de la temporada nos esperan muchas más sorpresas.

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