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Review: Masters of Sex 3×08 “Surrogates”

posted by Paloma Méndez Pérez 1 septiembre, 2015 0 comments

Masters of sex 3x08

El capitulo octavo de esta tercera temporada ha tratado de algo tan sencillo, tan misericordioso y con un efecto tan positivo como el alivio. No buscan en Masters of Sex hacernos creer que existe una manera perfecta de vivir, en la que la felicidad se encuentra espontáneamente a tu paso. Aquí los buenos momentos se pelean largo tiempo, se disfrutan someramente y sus consecuencias son como para no haber deseado nunca vivirlos. Es por eso que en mitad de esas grandes pasiones se agradezcan estos momentos de calma temporal.

Sabiendo que lo que buscan los personajes de Masters of Sex es consuelo, ahora solo hay que encontrar a quien quiera proporcionarlo.

Libby Masters recibe consuelo sexual de su vecino, que insiste en preguntar sobre la ausencia que esta demuestra tras el encuentro carnal. Él, nos parece, busca más un alivio familiar de sentirse parte de un matrimonio, antes que un mero acto físico. Un alivio emocional, que Libby encuentra al explicarle como fue el final de Robert. Echábamos de menos al joven apuesto luchador por los derechos civiles. Ahora sabemos que murió en una estupidez de atropello y que dejó a Libby Masters así, sin sosiego alguno, preguntándose y preguntándole a Bill si es verdad que existe consuelo en otras personas. Ella parece estar buscando una respuesta. Ojalá la encuentre.

El ahogo de Virginia tiene fácil solución pero es la entrada a un laberinto y no sabe qué puede encontrar al girar la esquina, ni cómo de lejos está la salida. De hecho la salida ni se ve. Pasar un fin de semana en Las Vegas con un amante guapo, inteligente y sin preocupaciones económicas; Dan Logan (el personaje que interpreta Josh Charles, que ya es oficialmente nuestra tercera persona favorita) es algo a lo que difícilmente ninguna mujer sin compromiso diría que no. Es diversión, entretenimiento y placer hasta donde puedes imaginar esas tres cosas. Cuando descubres que ese amante temporal es un hombre que se está enamorando de ti hasta el punto de rechazar un contrato con muchos ceros, entonces es cuando se empiezan a pinchar los globos. Abrirle la puerta al inocente Bill Master con su caldico a cuestas, es como para sentirse hasta mal. Aunque seguro que pasa de tristeza a rabia casi inmediatamente cuando descubra que el programa de voluntarios se ha lanzado sin su conocimiento. El caldo olía a perdón desde aquí.

Betty (Annaleigh Ashford) y Helen (Sarah Silverman) han decidido que tener un hijo bien puede valer pasar por el trago de practicar sexo con quien no se desea. Si el doctor Masters no hubiera repetido varias veces la pregunta de la separación entre el sexo y el amor unos minutos antes, nosotros mismos la hubiésemos incluido en el cuestionario. Las conversación entre una Betty, más que harta de mirar para otro lado ante las dispersiones ajenas pero señalada con el dedo con total impunidad cuando es objeto de reproche moral, y Bill Masters, en su línea de subir o bajar el listón dependiendo si el baremo de aplica sobre el o los demás, debería aparecer en Wikipedia en la definición de hipocresía.

Personalmente de quien más me alegro que haya aligerado su carga en este capítulo es el Dr. Scully, quien ahora comparte trabajo con otro hombre amante de la música clásica y muy perceptivo y es que hasta ahí se cuentan en este capítulo.

En una semana sabremos si estos males eran como la gripe de Virginia o algo más serio, entonces a lo mejor si que los bálsamos han servido para algo


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