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Juego de tronos: Review 8×02 “El caballero de los siete reinos”

posted by Omar Little 24 abril, 2019 0 comments

Juego de tronos 8x02

Descolgados de la rigurosidad horaria con Juego de tronos por culpa de las vacaciones de Semana Santa, paliamos la ofensa con estas líneas básicas de este segundo capítulo que habrá dejado igual (o incluso más) insatisfechos a los que no vibramos con el primero.

“El caballero de los siete reinos” se presenta como la antesala de la gran escabechina. El Avengers de GoT. El “Reencuentro” de los personajes míticos que aún pululan por los Siete Reinos antes de que passen a engrosar el ejército blanco. Sin embargo, esa preparación, ya suficientemente observada en el primer capítulo, resulta insuficiente para el paladar, especialmente, en el contexto de una temporada final estimada en seis capítulos.

Para entendernos. la distancia de los guionistas con la biblia que marcaba el bueno de George R. Martin se recrudece en esta octava entrega. No ya por unos diálogos sin chispa ni adhesiones, sino por el brote de cierta emotividad que debe desesperar al gordo barbudo en su escritorio. Ha ocurrido en más de un momento en la última dosis recibida. La pseudo ceremonia para nombrar caballero a Lady Brienne por parte de un Jamie Lannister a quien, previamente, en la escena inicial, le había defendido su honorabilidad ante el escepticismo de Khaleesi, ha triangulado entre la vergüenza, la ternura y la indiferencia. Otra escena que ha levantado quejas y divisiones ha sido la de Arya desvirgándose (en una edad muy prematura, ¿no?) con el herrero Baratheon. Una escena utilizada para remarcar la emancipación y madurez de un personaje con números para caer en el próximo capítulo. Quien tiene papeletas para sobrevivir es Lady Sansa, quien es su reunión a solas con la reina de los dragones ha amagado con un acercamiento amistoso roto por la pregunta incómoda de….¿y qué pasará con el Norte cuando tomes el reino de hierro? La mirada que le devuelve Daenerys deja claro quien va sembrar discordia entre los supervivientes de la gran batalla. Una Daenerys que ha estado en la mira de todos. Primero de un Snow que la ha evitado para no tener que hacerle la cobra y contarle la verdad sobre su parentesco (hasta que se ha visto acorralado y ha acabado soltándolo en otro diálogo preciado, en el que se ha vuelto a dejar claro la ambición pérfida de Daenerys por el poder). Todo apunta a que este amor será más efímero que el de Cruise y Cruz. Por último, andaba malhumorada porque Tyrion le aconsejó mal con su hermana, ya que Cersei la ha terminado timando, organizando un poderoso batallón, junto a Euron, con la intención de ganar la otra batalla, la que definirá el mapa final. Por eso, Jamie se salvará en esta y apostaría que alcanzará la redención de forma notoria en los próximos episodios. Otro que está obligado a salvarse es un Bran que va cobrando protagonismo en su silenciosa postración. Él mismo ha ofrecido la clave para derrotar a los no muertos: acabar con un líder que saldrá a buscarlo – exponiéndose así  como cebo junto a un Theon Greyjoy que ya ha escrito su nombre completo en la lápida – para esparcir la oscuridad por todo el universo de Juego de Tronos.

Y junto a lo comentado, lo mejor han estado esas reuniones etílicas y estratégicas pobladas por los rostros más reconocibles que quedan por la serie (con la excepción de Cersei), un overbooking de rostros conocidos reencontrándose, lazándose pullitas o reconciliándose. Todo ello, servido con cierto humor, y cierto grado de emotividad (con incluso subrayados musicales) que no van con la serie (el humor es siempre bienvenido).

Estamos así ante un capítulo que ha terminado por limar todos los piquetes y espadas ante de la batalla por la humanidad. Que ha servido para cerrar heridas entre personajes enemistados. Utilizado también para hervir un poco más esas líneas dramáticas ya dibujadas en el primer episodio, pero que deja, en cómputo global, algo insatisfecho al personal por la distancia con la gravedad que ya se suponía a altura de la temporada. No es que como espectador pida sangre a borbotones (porque la habrá y con creces en cuestión de menos de una semana), pero sí algo más de calidad, más elementos de intriga palaciega y sorpresas y/o exclamaciones para una última temporada de tan poco metraje, y más con el tiempo sobrado de preparación que han tenido. Ya incluso a nivel de realización; ningún plano de los que hacen mella en la escafandra, y mira que el último lo ponía a huevo. Pero en fin, la semana que viene nos achantamos todos, y a llorar…


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