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Review: Masters of Sex 4×1 “Freefall”

posted by Paloma Méndez Pérez 13 septiembre, 2016 0 comments

Masters of sex 4x1

Estreno de la 4 temporada de Masters of Sex y de su entrada definitiva en los 70, con lo que significa de cambio no solo estético, también en una población que pasaba de comprar libros de sexo a escondidas, a acudir en masa a conferencias sobre el tema. Problemas legales, la confesión de su relación con Virginia y el matrimonio de esta con Dan fueron el cierre de la pasada temporada, que dio protagonismo a secundarios como la hija de Virginia o Betty y su pareja.

Pero en el que probablemente es el pico más alto de su fama, la relación entre el Doctor Masters y la Señora Johnson no pasa por su mejor momento.

Un comienzo en paralelo que indica lo fácil que se puede cruzar cierta línea y las consecuencias que tiene. Bill en un bar hablando con el primer borracho que se encuentra, mientras presume de ser piloto y representante de sujetadores. Virginia haciendo lo mismo con un camarero al que le cuenta cierto pasado como Miss y su paso por la facultad de medicina. Todo eso para acabar ambos teniendo conversaciones a la mañana siguiente que ninguno quiere. La que tienes cuando un juez te manda a Alcohólicos Anónimos y la que mantienes con un hombre al que le doblas la edad con el que acabas de serle infiel a tu marido. Lo dicho; lo peor que ambos podían hacer no era acostarse el uno con la otra, por mucho que vayamos por la cuarta temporada de este drama.

Mientras, una consulta abandonada a su suerte pilotada por Betty (Annaleigh Ashford) quien junto a Libby Masters (Caitlin FiztGerald) es la única secundaria a la que el primer capítulo da cabida, espera la vuelta de la pareja de doctores a quienes vemos separados durante casi la totalidad del metraje del primer capítulo. Buena idea esta de centrarse en la historia de ambos protagonistas por mucho que la temporada pasada la salvaran un poco entre todos, aunque el capítulo más memorable era el que se desarrollaba en una mesa de un restaurante con solo 4 comensales. Esto no es Juego de Tronos donde hay que dedicar una hora solo a recordar quién está vivo y quién ciego. Esta es la historia de una pareja que cambió la forma en la que se comportaban es resto de parejas.

En lo que la serie no ha cambiado, o mejor dicho sus protagonistas, es en su determinación. Mientras que Virginia imagina fácilmente su futuro como articulista en Playboy, Bill no sabe no contesta. Es incapaz de recuperar la relación con sus hijos, Libby ha tirado su ropa, anda como alma en pena desde que Virginia se fue y no aparece ni por la oficina, como él mismo dice “hace años que no traigo a un niño al mundo”. Un quererlo ver todo negro para alguien por quien hacen cola en la puerta de su oficina para pedir su consejo. Es gracias a Betty por quién se reconduce algo su autoestima. Libby como siempre, en su línea de “no sé cómo he acabado aquí”. Esta vez reunida en un grupo de feministas. Mal no le va a venir. Siguiendo con la liberación de la mujer, que acompañó al movimiento de despertar sexual de la sociedad de los años 70, Virginia mantiene un diálogo que bien podría incluirse en una serie contemporánea, sobre la continua obligación que las mujeres tienen de probar su valía, como una audición o como la serie brinda como símil, como el concurso de Miss America. Bill, como decimos, tiene un tránsito algo más epifánico por medio del trato a un paciente a quien recomienda que se sincere con su esposa en lo que respecta a su fetichismo. Forma de encontrar alivio esa de sincerarse que aplica sobre sí mismo en varias ocasiones durante el capítulo y especialmente en su conversación con Virginia.

El momento culminante se produce gracias a Hugh Hefner y su mansión Playboy a la que Virginia acude para buscar trabajo en su nueva carrera en la prensa escrita (y para demostrar que el White Russian no se inventó ayer) y Bill reclamado por la oferta de invertir en la consulta. Una idea magnífica reunir al final del capítulo a los dos investigadores que revolucionaron el sexo, en la sede de la revista que llevó el desnudo erótico a la normalidad más absoluta. Clarificadora conversación sobre el futuro de las sociedades que podría fácilmente sintetizar todas esas cuestiones sobre las que pivotan las relaciones humanas.

Y es que hay cosas que unen más que un matrimonio y no son las hipotecas, ni las bodas civiles es una llamada de Playboy. Ya se sabe, o que Playboy ha unido…


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