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The Deuce: Impresiones 2×01

posted by Omar Little 11 septiembre, 2018 0 comments

The Deuce 2x01

Tras el más que estimable rulo por los bajos fondos neoyorquinos que supuso la primera temporada de The Deuce, los afiliados a  la noche y a sus perversiones llevábamos días mirando de reojo el calendario para la llegada del segundo cargamento. Uno cuyo primer fascículo llegó ayer a los puertos HBO para deleite de los seguidores de David Simon, el Nueva York canalla y el porno y su industria primeriza.

Si la primera temporada ya puso en valor su distanciamiento sobre aproximaciones similares (léase Vinyl) a través del sello Simon bajo una fórmula que aunaba sexo, dinero y Rock&Roll, la segunda temporada, ya de entrada, parece anunciar una profundización del método Simon. Y es que The Deuce se acerca peligrosamente (para los que caemos abatidos a cada final de la última temporada de las producciones del de Generation Kill) a The Wire y Treme, a su tono etnográfico, a su mirada transversal con Rayos X. En el horizonte busca erigirse como una crónica social de cuando Nueva York era una zona de guerra devastada de la que resultaba complicado esquivar la atracción de sus neones. Y en esa exploración minuciosa de los submundos alrededores de la zona de Times Square, George Pelecanos, Richard Price, Simon y compañía se ponen las vestimentas de Zola para desnudar los vicios, males y contrapuntos de un sistema regido por el dinero y el anhelo desmedido de un triunfo balsámico. Una mirada exenta de moralismo y maniqueísmo, pero con punzada crítica, sin que ello repercute negativamente en su ritmo ni en perder de vista el componente de entretenimiento (en ese sentido The Deuce resulta un visionado crudo, pero estimulante).

La segunda temporada de The Deuce arranca como un fascinante y trepidante travelling horizontal por todos esos estamentos que atañen el desarrollo de la serie (el de The Corner nunca reduce su mirada a un solo campo o gremio) y que sirve para actualizar los estatus de unos personajes que, pese al marco social y las pinceladas realistas siempre distinguibles en la asociación Simon/HBO, siguen siendo el eje rotor. Candy ya no es Candy, ahora es una afamada directora y actriz porno con anhelos artísticos y rompedores, los gemelos han subido varios peldaños y aumentando algunos ceros en sus cuentas corrientes con una red de rentables negocios. Frankie como el responsable y honrado, y Vincent como el reverso desatado y derrochador que pone en jaque la estabilidad mental y financiera de su entorno. También la novia del primero, cogiendo consciencia feminista, y por supuesto, el desfile de prostitutas y chulos, polis honrados y polis corruptos y en sus inmediaciones la cada vez más lucrativa industria del porno. Toda una galería de personajes, sus miedos, sus motivaciones, sus miserias que sirven para completar este complejo y ambicioso puzzle de los trasnochados y perdedores del American Dream.

No hay ningún rincón, ni ningún personaje que quede fuera del campo de estudio de estos sociólogos en roles de creadores televisivos, el esplendoroso arranque de la segunda temporada certifica lo comentado. The Deuce parece estar comunicando que no descarta convertirse en el fresco seriéfilo más atinado del Nueva York de los 70 (algo impensable sin el amalgama sonoro que despertaba). Y busca llevarlo a cabo con unos guías carismáticos, profundos, que no entienden de circuitos unidimensionales y que prefieren la carta de matices.

Y si con la primera temporada quedó alguna duda sobre la viabilidad de tamaña empresa, la segunda parece más resuelta, con los  engranajes más lubricados y dispuesta a ofrecer un memorable viaje por el lado salvaje y despiadado del sueño americano en uno de sus epicentros, convertido, en esos días (y  en los del presente), en un bulevar de sueños rotos o en descomposición.


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