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Twin Peaks: Episodio 1×04

posted by Omar Little 24 mayo, 2017 1 Comment

Twin Peaks Episode 4

Devorando a un ritmo insalubre la tarta de cereza de Showtime por si acaso arranca la temida guerra de las guerras o pierdo el más preciado de los sentidos, me planto ante la cuarta dosis,  la más floja del lote, aunque la que entronca mejor con el referente y con ese pueblo que da nombre a todo este fascinante embrollo.

El capítulo ha arrancado en ese casino desplomado por Mr. Jackpot. El gag era tan brillante que han seguido incidiendo en la cadena de casualidades hasta el punto de volver a ver el Agente Cooper petando varias tragaperras -dejando alguna para su odd couple, esa vieja con aspecto de homeless sobrepasada por el fortuito encuentro – hasta que topa con unos conocidos de Dougie (el Cooper paródico) quienes, después de un diálogo difícil de empeorar por un Rajoy puesto de ketamina, le recuerdan dónde vive. Esa desconexión lingüística propia de Rain Man, Despertares, Starman o algún relato de Oliver Sacks ha seguido estimulando el bajo vientre y removiendo la caja torácica cuando Cooper ha sido llamado por un gerente del casino desesperado por la situación de quiebra inmdiata, y minutos después, con el trayecto en limusina hasta su casa con recepción de la mujer de Dougie, no otra que Naomi Watts. Todo ese embolado lingüístico se ha dilatado más allá de lo estipulado para poder concretar un necesario y fantástico clímax, que ha tenido lugar al día siguiente, horas después de que la mujer del Dougie real descubra el botín acumulado por el Dougie falso, más que suficiente para pagar una deuda contraída (suponemos el motivo por el cual ese mafioso quiere aniquilarlo). Pero las risas más audibles se han traslado a la escena cotidiana del desayuno familiar, con Watts cocinando unos pancakes, y el hijo mirando el ridículo y divertido aspecto y actitud de su padre de reemplazo, ya sentado en la mesa, y en dinámica Zelig, ha empezado a comer el pancake, pero no ha sido hasta que Watts le ha puesto un café sobre la mesa, el momento en que el Agente Cooper ha vuelto a ser él mismo reaccionando emocionalmente y de forma independiente, expresado con ese intenso “Coffeeeee”, y luego con ese “hi” que consigue arrancar pese a la quemadura abrasiva que le ha provocado abalanzarse sobre el café hirviendo. Un movimiento cómico superlativo edificado alrededor de los hábitos y comportamientos asociados con el personaje, con lo que se apunta de nuevo a la autorreferencialidad de la serie y su lugar en el imaginario colectivo, y que de paso, sirve para insinuar una recuperación parcial de su identidad originaria (Fucking Damn Good Coffee).

Situaciones costumbristas, mundanas, alternadas con las acontecidas en Twin Peaks, donde la oficina del sheriff Truman, quien, por fin, ha hecho acto de presencia, se vuelca en seguir la pista de la mujer del leño. También vemos que Bobby forma parte del cuerpo policial, y en uno de los momentos más extrañamente carcas, lo vemos emocionarse ante la foto de Laura Palmer. Más estrambótico y fallido ha resultado ese infecundo diálogo entre el sheriff y Wally Brandon (Michael Cera), el hijo de la pareja compuesta por Lucy y Andy Brennan que gasta un look de Marlon Brandon en Salvaje, una excentricidad que viniendo de esa familia tiene su pase, pero no se ha acabado de entender el porqué de esa escena tan rídicula. De hecho, el relato que tiene lugar en Twin Peaks sigue siendo el más desfavorecido, más allá de la curiosidad que despierta recuperar alguno de los personajes que la siguen habitando – hay una subtrama de tráfico de drogas que promete emociones, no obstante.

Mucho más atrayente ha resultado la vuelta de Gordon Cole (David Lynch) y Albert (Miguel Ferrer), esa entrañable pareja del FBI que hemos seguido por South Dakota. Antes, pero, hemos recuperado el agente travestí interpretado por David Duchovny y principal candidato para reemplazar a James Comey. Pero volviendo sobre la pista del relato en South Dakota… magnética, poderosa – la presencia de Lynch es altamente cool, magnética y cómica… debería haber sido explotada mucho más, fuera de la serie incluso – y rara de cojones ha resultado la secuencia de interrogatorio entre el Cooper malo y sus superiores, con un MacLachlan postulando de nuevo para el Emmy en una secuencia que buscaba el no parpadeo. Igual de descolocados han quedado los dos agentes, quienes después de cometer la jugada machista de la jornada, se han enfrascado en una conversación sobre el desconcertante reencuentro con su ex-compañero, y ALbert aprovecha para contarle a Cole un traspiés laboral que tuvo años atrás cuando desveló una información confidencial al agente Phillip Jeffries (el interpretado por David Bowie en la original) pensando que iría en beneficio de Cooper, cuando en realidad fue usada para liquidar al agente del FBI en Colombia (¿o Columbia?). Finalmente ambos acuerdan buscar a alguien que conoce bien a Cooper para situarlo en la sala de interrogatorio con el Cooper detenido, y por lo que suelta Albert: “No sé dónde vive, pero sé dónde bebe” y un montaje que nos lleva de forma seguida al bar de Twin Peaks, todo hace pensar que el FBI pisará de nuevo la localidad en el siguiente episodio.

Lo que ya casi podemos confirmar es que el gesto de Lynch por terminar los capítulos con una actuación de un grupo relevante influenciado por Badalamenti y la serie, en el último caso, el trío femenino Au Revoir Simone, será una seña distintiva de la nueva temporada. Tras esa cortinilla musical nos queda el sabor del capítulo más “convencional” – lo que eso pueda significar en una obra de lynch-, casi, exclusivo del universo real, el más mundano, narrativo y prosaico, pero con esas notas extravagantes y bizarras que lo acercan a los dominios de su co-autor. Divertido, y más rebajado en cuanto explosión creativa. Estaremos de vuelta a ese mundo inesperado y fascinante el próximo 4 de junio. hasta entonces… helloooooo.


1 Comment

Alberto Varet Pascual 24 mayo, 2017 at 23:16

Me ha gustado mucho el último capítulo de Twin Peaks, aunque sigo sin entender por qué decide Lynch acabar cada episodio con una actuación musical que parece destinada a la pequeña gloria del grupo de turno. Supongo que está preparando la llegada de Julee Cruise. De hecho, este último capítulo ha dejado pinceladas de lo que puede pasar: la presencia final del FBI en el pueblo volverá a llenar de música la pantalla. Mientras tanto, se va sucediendo la aparición de viejos amigos y de nuevos personajes con una dosificación perfecta. Un gran episodio, a ratos emocionante, que me hace pensar que Lynch está cimentando una catedral de la nueva televisión. Ganas de más.

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