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Review: The Good Wife 6×17

posted by Paloma Méndez Pérez 9 abril, 2015 0 comments

The Good Wife 6x17

Ya sabemos que estas cosas pasan cuando las temporadas duran 22 capítulos. Que algunas tramas se alargan más de lo conveniente mientras otras quedan ocultas varios capítulos para volver a retomarlas en algún punto de la temporada cuando la ausencia de drama lo requiera.

Lo que antes era una curiosidad, que el año pasado tornó en hazaña, esta temporada nos está dando algún capítulo interesante pero claramente de transición. Eso fue este capítulo 17. Digo hazaña porque en esta adoración a las series de temporada única como True Detective o series cuyas temporadas se estrenan en una sola entrega para que las puedas ver tipo maratón de 24, como cualquier creación Netflix; que algo alcance la calidad de la temporada pasada de The Good Wife, teniendo una duración tan larga, no solo se extiende 22 capítulos es que además tiene descansos y alcanza más de medio año, es algo extraordinario.

Alicia debe pactar la salida del bufete y está negociando la cantidad a recibir por su participación. No tiene mucho poder de negociación porque está obligada a vender por ley. Lo contrario daría lugar a un evidente conflicto de intereses. Ella lo sabe y Finn Polmar, que la representa, también. Pero mientras dura la negociación, Alicia está en el barco y no fuera, en la oficina del fiscal, a donde ya pertenece. No parece que las negociaciones, aunque hayan terminado con acuerdo, hayan dejado a todo el mundo satisfecho. A Alicia no, porque recibe menos de lo que cree que le corresponde y menos de lo que necesita para sus gastos y a los socios porque aunque pagan menos de lo que parecía que iban a pagar al final, se dan cuenta de que probablemente no les interese enemistarse con la nueva fiscal.

Y es que de eso va este capítulo, de satisfacción. Como obtenerla y como proporcionarla. Alicia descubre que aunque una negativa rotunda es mucho más clara y reconfortante, una respuesta basada en la utilización de los eufemismos y los puntos suspensivos es mucho más útil desde el punto de vista político. Es decir, que es el óptimo de Pareto de las respuestas. Mejoran ambos conversadores-negociadores aunque solo sea un poquito. Así el señor Redmayne abandona el despacho de Alicia convencido de su influencia en la fiscal, el exfiscal Castro considera que su opinión va a tener peso en su sucesora y el único con intención de enmendarse, que es Bishop, es el que menos contento se va.

La trama jurídica del capítulo es más sencilla, un caso de propiedad intelectual que parecía bastante fácil de ganar pero, insatisfacción es también la ausencia de privacidad. Hacer público un archivo con emails de empresa de 6 meses es asomarse al abismo de Mordor y traer el circo a la ciudad a la vez. Adultos chismorreando de otros adultos con los que pasan más de 12 horas diarias y que se haga público. Así vemos peleas, escupitajos, lanzamiento de bolis, indirectas, directas… y cualquier otra cosa que permita que aquellos que se dedican precisamente a resolver discrepancias acudiendo a la ley, se salten hasta los principios más básicos para meterle el dedo en el ojo al compañero porque dice quién dijo qué y cometió la imprudencia de escribirlo en un email. Lo que sí nos descubre esta trama de los email es cuantas cosas de la vida de Alicia desconocemos y que empezamos a entrever por los comentarios de Marisa cuando la fiscal le pide que revise los correos que podían hacerse públicos.

Al final no hay más poder que ese, el de conocer los secretos de alguien y que esa persona sea consciente de ello.


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