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The Walking Dead: Impresiones 5×11 “The Distance”

posted by Omar Little 23 febrero, 2015 0 comments

TWD 5x11

Y finalmente llega el capítulo que te reconcilia con el mundo, que te llena de aire de nuevo los castigados pulmones por el alquitrán de la mediocridad, ese capítulo que te arrastra a seguir adicto a esta serie pese a los constantes altibajos.

No crucéis la verja al menos que estéis al día

Tras el más que aceptable “Them”, The Walking Dead recupera su mejor versión con “The Distance”, un capítulo eléctrico de principio a fin, cargado de tanta acción que no da tiempo de fijarse de las debilidades del guion, de los raccord de luz o las actuaciones penosas.

Todo arranca con la llegada de este impoluto nuevo personaje a la granja. Un elemento en sí, incitador acelerado de todo lo que ocurrirá justo después. Rick, se pone muy en serio en el papel de boss, y con esas pintacas Viggo Mortensen en La carretera, cada vez impone más, y da miedo, en el sentido que es capaz de hacer lo que sea para salvaguardar a los suyos. Como líder que las ha visto de todos los colores, Rick se muestra altamente receloso ante las loables intenciones con las que se presenta el extranjero: acogerlos en una aldea fortificada, llena de servicios, lujos y gente mentalmente sana.

El tipo actúa como un relaciones públicas de manual, ganándose pronto la confianza de la mayor parte del grupo, especialmente de Michonne, sin embargo, la mayor traba la encontrará en un Rick, que como es lógico en su situación, no se cree ni una palabra.

Tras comprobar que el tipo no miente, al menos, a corto plazo, Rick acepta dirigirse con el coche y la caravana al Pleasentville prometido.

Por el camino, y de noche, tiene lugar una de las secuencias más excitantes y vibrantes vistas en esta serie, cuando en un momento de intercambio de preguntas que siguen haciendo dudar de las intenciones sanas del nuevo tipo, el coche conducido por Glenn se ve abocado a un Carmageddon sin fin en una secuencia que brilla tanto por la intensidad lograda como por la forma de capturarla, ese coche tintado de sangre que no deja ver lo que ocurre el exterior haría tocarse de gusto a Eli Roth.

Por si no hubiera sido poco, el ritmo trepidante no afloja cuando después de intentar arrancar el coche, el grupo de Rick se tiene que esconder en el bosque ante el acoso zombi, y ser dividido a su vez en dos partes, ante el constante ataque de hordas zombi. Tensión dirigida con buen pulso técnico que ofrecen recompensas sanadoras a los telespectadores más escépticos con el producto de la AMC.

Finalmente los cuatro sobreviven y se dan cuenta que vuelven a estar separados del grueso del grupo. Pero por suerte esa nueva separación dura poco, y se rencuentran en una especie de casa, donde el resto del grupo les esperan con el otro extraño, el compañero del pijo impoluto, que ya les había dicho que estaba por los alrededores vigilándolos. La manera en que el otro grupo da con él, y lo salva de la muerte, es de esas cosas que mejor correr un tupido velo. El que deciden destapar, un poco tarde, pero dentro del tipo de serie, se podría considerar atrevido, es el de la homosexualidad, porque resulta que ambos hombres, los dos extraños se declaran un gran amor.

Algo que no se la puede sudar más a un Rick que sigue albergando sus dudas, pero que se queda solo ante ellas, ya que el grupo que acoge a la nueva pareja gay con plena ilusión. Es interesante como está división de pareceres, crea voces discordantes sobre el liderazgo de Rick, a las que éste ve incapaz de achantar.

Pese a ello, y como zorro listo y antes de llegar a la aldea perfecta, Rick decide esconder una pistola en la clásica batidora para lo que pueda pasar.

El capítulo concluye con una expresión en los ojos de Rick delatadora, cuando finalmente acepta que pueden haber encontrado un nuevo hogar, justo en el momento que al detenerse enfrente de la verja de entrada oye el murmuro lejano de unos chicos divirtiéndose.

Ese final, y la llegada a la aldea despliega dos grandes incógnitas que se resolverán en los próximos 45 minutos. ¿Son de fiar esa nueva gente?, y una de más interesante, desafiante y arriesgada, de ser así, ¿se adaptarán al nuevo entorno? y si son incapaces de vivir en una atmósfera afable y tranquila. No van por ahí los tiros ni de broma, ese sería material para cine de autor europeo, pero me contentaría con alguna pincelada en ese sentido.

De momento me quedo con un capítulo frenético que se encuentra entre lo más alto de la temporada, cuya tensión la ha marcado toda la cadena de sucesos que ocurren durante el viaje al nuevo destino, como las confrontaciones internas según la dispar opinión, y esa ambigüedad que despierta ese Benjamin Linus en la ficción, como fuera de ésta, a los ojos del espectador.

 


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