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Utopia: Impresiones 2×01 y 2×02

posted by Omar Little 21 julio, 2014 0 comments

Utopia temp 2

Dennis Kelly las reparte de dos en dos, endosa hostias por duplicado el muy cabronazo. Si la primera temporada de Utopia nos sacudió a la primera, para luego extirparnos un ojo, y seguir con el resto del trayecto como si nada, más bien gozándolo por todos los poros del cuerpo. En la segunda su propuesta se consume de modo distinto, a doble ración. No hace falta que se practique de forma seguida, podría suponer un empacho, satisfactorio al fin y al cabo, pero sí que deben consumirse los dos capítulos, como impensable resulta comerse las trufas sin la nata, para valorar su arranque en su plenitud.

Y a eso vamos, o sea que el que aún no se haya puesto en materia que salte ya del barco si no quiere perder la cornea.

Kellys es un tipo inteligente, un listillo con bagaje de freak, y me atrevo a apostar que devorador de cómics. A sabiendas que no podía contar ya con el factor sorpresa, esa primera impresión de la primera temporada que ya seducía simplemente por la fantástica carcasa estética, el tipo prefiera para la segunda reconvertirse en Arby, ser parco en las declaraciones, hermético sobre el trasunto de la segunda temporada.

Por eso sorprende bastante la forma de arrancar la temporada. Nos encontramos en Roma, Aldo Moro acaba de ser asesinado por las brigadas rojas, y según Kelly y sus compinches, toda esa trama fue orquestad por el ala dura del MI5. Los mismos que se citan en un coche en una plaza italiana para asesinar a bocajarro a un periodista con una fuente molesta, y con más información de lo necesario. Esa fuente molesta no es nada más que Carvel, el inventor del Janus, el virus con el que pretende esterilizar a la población y bloquear la superpoblación en el mundo. Ese científico no es otro que el padre de Jessica Hyde y Arby. De hecho la primera anda jugando correteando con un extraño en los alrededores mientras dentro del coche amenazan a su padre con acabar con ella, si no se pliegan a sus demandas. Bienvenidos a la precuela de los hechos acontecidos en la primera, 40 años antes de volarnos los sesos en Londres.

Una reconstrucción acompañada, otra vez, con un envoltorio formal que deja un regadero de erecciones: Formato cuadrado, textura granulada, colores del super 8, toda la estética que asociamos irremediablemente a la época en que se ubica. Por si no fuera poco, la trama va arrancando, con ese padre acojonado con la criatura creada e intentado no entregársela a Milner, el Sr. Rabbit con 30 años menos. Con quien le une una relación de amor y odio. De hecho, ambos personajes con sus respectivas parejas protagonizan los momentos más dramáticos de este primer minutaje, añadiendo un tono triste, grisáceo, que aplaca el saturado lumínico que nos acostumbro la primera temporada. Algo constante en todo un visionado que arremete contra el telespectador de forma extraña. No solo por el cambio de época y escenario, sino también por el sano encaje de adaptar la historia real (asesinatos de varios políticos, el de Aldo Moro) en la historia de ficción, el hecho de que los personajes conocidos sean ahora unos indefensos niños (por cierto, adoración eterna a la responsable de casting que ha dado con el Arby de pequeño), por la situación de introducirnos a dos protas nuevos (uno de ellos, el mismísimo Julio Cortazar) y ese tono y quehacer diferencial con respeto a la primera, que pillan al fan desprevenido. Termina el capítulo, uno se levanta, vuelve a aplaudir y solo le queda claudicar a lo nuevo.

Pero de repente aparece el segundo capítulo, y las tornas vuelven a dar un giro de 180 grados. La acción ya no es en el pasado, sino que se traslada a los hechos que acontecen ahí donde la primera temporada terminada. Sí, ya no hay rastro de ese tono sepia, y los colores chillones vuelven a colapsar la pantalla. Lo mejor de todo, es que recuperamos a los personajes carismáticos con los que nos ganaron en la primera season. Y diría que todos ellos, de hecho otra sorpresa ha sido comprobar que casi todos están vivos.

Un segundo capítulo que recupera el tono de la primera temporada a través del carrusel de personajes familiares, más alguna incorporación destacable, y que vuelve a plantear un escenario similar, con algunos tránsfugas sonados. Por ejemplo Arby (ahora Pietre, el nombre que le dio su familia), tras descubrir la verdad decide dar esquinazo a la organización para pasarse al lado de los buenos, previa relación relámpago (la más larga de su vida amorosa) con un achica que conoció en un pub. En el otro bando se ha pasado el querido árabe tuerto, bajo unos motivos poco esclarecidos, y que si no estuvieran rodeados por tanta brillantez y emoción, serían debatidos.

El escenario está listo para otras dosis de genialidad catódica, lo que ahora sin todo ese misterio de la trama tan potente que explotaba su primera temporada con toda la línea de la conspiranoia alojada en ese cómic. Seguro que habrá intentos, pero la verdad es que si tiran tanto por el pasado como por el presente, hay mil motivos para engancharse al tren. Ya solo por las dosis de humor negro bastardo (altas en el segundo capítulo), su formidable dibujo estético, y los personajes carismáticos y este deambular entre épocas con el que  a la vez que molifican su mitología, increpan al espectador a hacer un encaje de piezas, habrá chicha de sobra para volver a coronarla entre lo más alto del año. Démosle cuatro capítulos más.

¿Con que estilo intentará volarnos la cornea en el próximo capítulo? ¿Color sepia o saturados? Se aceptan apuestas.


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