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Vinyl: Review 1×10 “Alibi”

posted by Omar Little 19 abril, 2016 0 comments

Vinyl alibi 1x10

Si el otro día me daba por comparar Starz con la temporada del Leicester, el símil de la temporada del Barça y la de Vinyl le va como anillo al dedo. El serial de la HBO contaba con un plantel, un presupuesto y unos recursos para completar una temporada de ensueño, sin embargo la cosa se torció inesperadamente y prácticamente se jugaban el honor a una sola carta en el último match.

Si no has asistido a un show Rock’N’Roll con todos los ingredientes clásicos, ponte a hacer la cola para adquirir tu ticket.

Vinyl se ha plantado en su último partido envalentonado por el resultado del penúltimo capítulo, pero cansado por el recorrido previo. No se lo jugaba a una carta como he exagerado en el párrafo de arriba para darle la pincelada dramática, pero sí que la conclusión iba a influir bastante en la impresión global de la temporada.

Aquí por el momento nos centramos en un capítulo que ha hecho el recorrido más esperado, pero no por previsible, ha dejado momentos a retener. Si la primera parte ha abierto la puerta del despacho de par en par al FBI y a la trama criminal con Galasso, la segunda ha apuntado a la fiebre musical que distingue el ADN de la última gran producción de la HBO.

Con Richie consumando su alianza con el FBI para evitar colocar su inquieto culo entre barrotes, los primeros minutos han servido para poner la soga al cuello de Richie en el infernal atolladero en el que se ha puesto. No solo por la amenaza constante de un Galasso que revifa el olor Scorsese, si no por la implicación de su mejor amigo y partner de la manera más tonta y torpe que solo este es capaz de cometer. Una trama criminal que ha alcanzado su mayor pico dramático con el ajusticiamiento del testigo ocular incordiante en esa reunión a cuatro en la mesa de póquer de un almacén abandonado después de que Galiasso se oliese un chivatazo.

De manera paralela se han dado tímidas pinceladas a la eclosión de la música disco, un tema que por cierto si lo llevan con un oído tan irregular y perezoso podría ser la condena de la serie, porque como sabemos, el next big thing del Nueva York del periodo fue el estallido de la música disco y los clubs molones con fiestas bunga bunga. Una subtrama que ha terminado desvelando un astuto golpe por parte del empleado denigrado, que podría volver a colocarlo en las oficinas de arriba en lugar de mensajería y surtido de donuts y porros donde pasa ahora su tiempo.

También hemos asistido al romance de difícil encaje entre el líder de los Nastys Bits y la groupie homóloga de Peggy Olson, dejando una conclusión bien definida, e imperturbable desde el minuto 1 de la serie…. el hijo de Mick Jagger no tiene ni puta idea de actuar.

Cuando la cosa parecía que no terminaba de despegar, a los guionistas les ha dado por incurrir en la ensalada de clichés, aquella que tantas veces han servido a lo largo de la temporada. y como quien no quiere la cosa, a pocas horas del importante concierto de los Nastys como teloneros de los New York Dolls (para cerrar el círculo, recordad cómo empezaba la serie) hemos asistido a la galería de los malos hábitos de la leyenda negra del rock: separación acalorada, sobredosis de heroína, reanimación con chute de cocaína, recuperación milagrosa que acaba en tangana entre los dos hombres fuertes de la banda, groupie despechada, irrupción en el escenario con silbidos y go home (sí, rozando siempre la parodia), para a los pocos segundos terminar aplaudidos y vitoreados. Y por si fuera poco, y de regalo, se han marcado una invasión de cerdos sobre el escenario a lo que el líder de los nastys, como malote de manual que es, ha respondido a lo Jim Morrison.

Los últimos minutos han servido para hacer un guiño cómplice con el melómano, al señalar que el bar donde Richie se reúne para ratear con el poli que investiga a Galasso se convertirá, al cabo de poco tiempo, en el templo del punk y la new wave…. sí, el desaparecido CBGB. Pero el bautizo oficial del punk en Nueva York ha seguido con la inauguración del subsello Alibi en las oficinas, que ha terminado con una arenga de un Richie crecido con invitación final a grafitear todo mueble y liarla gordísima en su propio headquarter. Aunque lo más interesante ha venido justo al final, con un Richie entusiasmado, y en modo feliz sin drogas, con el alboroto a su alrededor y cruzando una mirada afilada con un socio aún desencajado e incapaz de recuperarse del mensaje con sangre lanzado por Galasso en las horas previas. Un mirada de dos posiciones vitales enfrentadas y alejadas, que marcarán sin duda el rumbo dramático de la segunda temporada ya anunciada.

Sin noticias de Devon, con muchas carnaza mitológica, y ritmo alto, pero sin recuperar el vendaval de la entrada, Vinyl se ha despedido con un estrategia previsible, ofreciendo los lugares comunes y clichés más políticamente (in)correctos. O sea, dando al espectador dosis poco ingeniosas y atrevidas, pero de goce efectivo e instantáneo.


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