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L.A. Noire (PS4)

posted by Xavi Roldan 16 enero, 2018 0 comments
 La ciudad desnuda
LA Noire PS4
Que el mercado del videojuego está rebosante de remasters y remakes no es algo que tengamos que asumir, es que tenemos que abrazarlo. Acercar viejos juegos a nuevos jugadores siempre es una decisión interesante, y si además se hace con cabeza y buen gusto, poco tenemos que reprocharle a la operación: ¿están llenando los refritos el hueco comercial que deberían ocupar nuevas IP’s? Desoigan a agoreros y odiadores profesionales. Cada año seguimos teniendo material fresco a un ritmo de producción notable, así que todo suma. Incluido un juego que tiene poco más de un lustro de vida, pero que ahora está al alcance de quien se lo perdiera en la generación anterior. Eso sí, a pesar de su rejugabilidad el título se orienta sólo a esos rezagados, porque el asunto trae pocas mejoras, más allá de las puramente cosméticas.

Y sí, en Playstation 4 se ve de lujo. En Switch sus misiones podrán adaptarse a viajes largos en metro. Pero en el fondo este L.A. Noire es exactamente aquel L.A. Noire, con sus más y sus menos. Quizá el cambio en el gameplay más destacable es el relativo a las opciones de diálogo, que pretenden ofrecer las distintas posibilidades de interacción de manera más clara y… no siempre logran su cometido. Pero por lo demás todo se mantiene más o menos donde estaba, así que no nos centraremos tanto en desplegar una comparativa como en señalar los vicios y virtudes de un título que desarrollaba el fugaz Team Bondi y se publicaba bajo el paraguas de Rockstar Games.

Quizá este último dato es lo que pueda llevar a engaño a más de uno. L.A. Noire está lejos de la saga GTA. De Red Dead Redemption. Es, como aquellos, un sandbox, pero poco tiene que ver con los procesos de narrativa emergente. A pesar de su open world, el argumento es puramente lineal, abierto a varias posibilidades, pero unívoco en su avance hacia un final concreto. Al respecto, su concatenación de misiones termina únicamente premiando o castigando al jugador mediante un sistema de puntos logrados o desperdiciados, pero en cualquier caso responde a un guión perfectamente cerrado. Lo contrario podría ser interesante (la traducción de un género tan codificado como el western hacia el terreno del sandbox que marcaba Red Dead Redemption daba pie a un híbrido fascinante), pero lo cierto es que de este modo el guión puede desarrollarse de manera cómoda, administrando todo su sistema de giros, sus progresiones dramáticas de manera firme y estable.

Ahí reside el músculo narrativo de L.A. Noire. En su historia, hundida hasta la coronilla en las formas y modos del cine negro del Hollywood de los 30 y 40, puro, clásico y sin dar su brazo a torcer para con posteriores manifestaciones tan reverenciales (pero más modernas) como las europeas de los 50 y 60. El resultado está cerca del neoclasicismo de Chinatown y L.A. Confidential, vale, pero las intenciones están claras: citar explícita o implícitamente El sueño Eterno, Perdición, Cayo Largo o Perversidad. Emular a Chandler, a Hammett. Reflejar el ambiente de oropel decadente de Tinseltown, esas ruinas del Hollywood pantagruélico que capturaban los decorados de Intolerancia, ya abandonados a la erosión del tiempo. Referenciar casos reales y que han marcado la iconografía de la crónica negra americana como el de la Dalia Negra o el de Jeanne French, protagonista del infame “caso del pintalabios”. Reflejar, en fin, un caldo de cultivo social que aún no presagiaba la llegada de una nueva era de presunta prosperidad pero que ya no podía soportar el peso de su propio pasado, turbio y paranoide. Todo un logro de atmósfera y caracterización basado en un guión de acero, unos diálogos brillantes y una banda sonora jazz de altos vuelos.

Y luego el gameplay ya tal.

Lo comentaba al principio. La apariencia de sandbox es, cuanto menos, engañosa. De hecho el Los Angeles que nos muestra es atractivo pero definitivamente vacío, falto de actividades y misiones secundarias. L.A. Noire es más una aventura gráfica, un point’n’click, que un juego de acción. Su núcleo jugable no se encuentra tanto en los tiroteos y las persecuciones -que los hay, pero de forma casi testimonial- como en la búsqueda de pistas, en el examen de escenas del crimen y en las entrevistas. Estructurado por misiones compartimentadas (aficionados al namedropping, Dragnet podría ser otro título a citar aquí) la mecánica es siempre muy parecida: se presenta un crimen, se acude a la escena del crimen, se recopilan pistas, se procede al interrogatorio de los sospechosos o implicados, se hace balance del interrogatorio. Rinse and repeat hasta que las entrevistas son las suficientes como para resolver el caso. Un proceso reiterativo que aboga, sin embargo, por el cuidado del detalle y por la minuciosidad a la hora de abordar las situaciones. Se nos anima a que observemos bien y entendamos las pistas, a que vayamos colocando las piezas del rompecabezas. Y, especialmente, a que interpretemos lo que nos cuentan los entrevistados. Al respecto, la captura de movimientos mediante tecnología Motion Scan da como resultado una expresividad facial de los personajes que casi roza el uncanny valley.

El problema es que el proceso es a menudo lento y mecánico, un tanto confuso y en ocasiones incluso torpe. No es un mal sistema, y desde luego encierra una mecánica original, curiosa y aún bastante inédita, explorada más desde las trincheras del indie (Her Story) que en aparatos triple A. Pero parece que un esfuerzo tan enorme, y tan exitoso, de capturar aroma, esencia, diálogos y personajes debería haber encontrado un gameplay tan tensado y comprometido como las mejores historias del cine negro más clásico.

Aun así, L.A. noire es un buen juego, excelente en muchos aspectos, un nuevo clásico justamente reconocido y una experiencia más que interesante que merece sin reparos el remaster y el tratamiento multiplataforma.

marco 75

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