AcciónAnálisis

Polybius (PlayStation 4)

posted by Xavi Roldan 21 noviembre, 2017 0 comments
Asteroids on steroids

Polybius

La de Polybius es probablemente una de las historias de serie B más alucinantes que haya dado jamás el mundo de los videojuegos. A la altura de la del E.T. de Atari, cuyos cientos de miles de copias no vendidas descansan bajo tierra en algún punto indeterminado a las afueras de Alamogordo. Solo que la de Polybius contiene la mística añadida de hacer referencia a un juego que jamás existió. O así se cree. Presuntamente este fue un título comercializado por no se sabe muy bien quién no se sabe muy bien cuándo -principios de los 80, supuestamente- que salió mal y tuvo que ser retirado… no sin antes haberse explotado como chiflada herramienta lobotomizadora: se dice que su gameplay febril y estroboscópico inducía a un estado de enajenación que pondría al sujeto a merced de cualquier manipulador que decidiera tocarle las teclas cerebrales, ya fuera para mandarle a quemar cosas, a colocar artefactos explosivos o, qué sé yo, a alistarse en la marina. Si Rod Serling hubiera estado vivo en los 80 no dudaría en atribuirle la autoría de una historia además condimentada por hombres de negro, casos escabrosos de fritura cerebral, mensajes subliminales y, supongo, copiosas micciones nocturnas. Con todo Polybius se ganó una presencia más o menos palpable en la cultura popular postmoderna que terminó de certificar la suya como una de las leyendas urbanas más delirantes de la Historia del ocio electrónico.

Ahora los tipos de Llamasoft, no se sabe muy bien si como acto de justicia gamer (había que reparar el hecho de que Polybius nunca llegara a ser una cosa) o como gran broma postirónica, han parido esta especie de sucesor espiritual de un juego que, insisto, nadie llegó a jugar jamás. Y han tomado aquel planteamiento shoot’em up en dos dimensiones que pretendía ser un Asteroids empachado de anabolizantes para convertirlo en una especie de rail shooter tridimensional a toda castaña potencialmente inductor de los más severos casos de tunnel vision. O más bien en un trance-shooter, quizá el término que se le pueda aproximar más. Porque Polybius 2017 es exactamente eso, una especie de viaje de enajenación a un espacio abstracto, un maelstrom de luces estroboscópicas, píxels, láseres disparatados, bueyes, colores flúor, space invaders, sonidos de módem viejuno, píldoras energéticas y huevos fritos gigantes, todo batiburrillado a lo bestia con vistas al infarto cerebral. Una diarrea mental donde rigen el surrealismo y el trip psicotrópico. Una genialidad o una broma pesada, no se sabe, que resulta absolutamente adictiva y que airea con descaro macarra unas mecánicas perfectas, incontestables.

Y ojo que estoy hablando de un juego en el que gran parte del tiempo uno ni siquiera sabe qué coño está ocurriendo en pantalla, si está vivo o muerto, si sigue disparando o está siendo acribillado, si está logrando hacer subir el multiplicador o está a punto de irse al garete junto con su partida. Pero si se logra mantener la epilepsia a raya esto se convierte en un majísimo exponente de esa tendencia (si es que la hay) de juegos que alean velocidad con violencia rítmica para forjar un mjolnir tan bruto como falto de matices, en la línea de Rez o del más reciente Thumper. Como aquellos, Polybius atrapa más por la visceralidad que por un argumento inexistente, resulta igual de frenético (aunque mucho más kamikaze) y también como los citados desemboca en un muy memorable viaje alucinante al fondo de la mente (perturbada).

7


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