AnálisisDeportivo

NBA 2K19 (PS4)

posted by Xavi Roldan 2 octubre, 2018 0 comments
I Love This Game

NBA 2K19

Un pequeño disclaimer inicial. Llevo más tiempo del que quisiera reconocer sin tocar un videojuego de la NBA. Soy poco de juegos deportivos y aunque el baloncesto fue siempre lo mío lo practiqué más en vivo que con un teclado o mando en las zarpas. Ventaja para todos aquellos lectores que tengan curiosidad a pesar de no ser jugadores habituales de NBA 2K. Pequeño inconveniente para quien en cambio busque un análisis comparativo pormenorizado capaz de dilucidar los pros y contras de esta edición de la franquicia deportiva de 2K y Visual Concepts frente a sus predecesoras. Quiero pensar que a este segundo grupo de lectores están dirigidos el 90 por ciento de análisis que se han ido publicando en los últimos días. Sirva este pues para los que no son habituales del baloncesto digital y aun así puedan sentir una cierta curiosidad. A ellos les digo, ya de entrada: sin miedo. Esto es una auténtica fiesta, y descorchen lo que haga falta, que todos estamos invitados.

Esa ha sido mi primera sorpresa. NBA 2K19 se percibe de entrada como un auténtico elefante en todos sus aspectos: grande, robusto, sabio, perfectamente balanceado. Tanto que de primeras puede imponer un poco al neófito. Pero la sensación se diluye pronto: la complejidad existe, pero todo está perfectamente compartimentado y organizado. Uno siempre sabe a dónde va a ir, lo que va a querer hacer y cómo va a tener que comportarse. Tanto navegando por los menús (que por cierto en lo artístico no son ninguna maravilla), como eligiendo el tipo de juego, como personalizando la partida como, obviamente, jugando partidos. NBA 2K19, y aquí personalizo, me ha recibido con los brazos abiertos. Me ha mostrado un abanico de posibilidades sin atosigarme, prometiéndome que dentro de cada una de ellas se esconde la máxima depuración. Y así es. Esto da para perderse y para invertir horas a puñados sólo probando las posibilidades y estirando el chicle de lo que puede dar de sí el planteamiento jugable.

Porque los modos de juego son abundantes y ricos. Hay la posibilidad obvia de jugar partidos sueltos eligiendo -ojo mitómanos- de entre varias formaciones históricas de cada equipo. O bien encuentros rápidos con distinto número de jugadores, de 1 contra 1 hasta 5 contra 5. E incluso cabe la posibilidad de jugar partidos reales de la NBA que se están disputando en este preciso instante. Literal. Pero también la de desarrollar planteamientos de juego más extensos y dilatados, desde playoffs hasta superligas, pasando por la clásica temporada entera. Existe un modo entrenador para diseñar al plantel a gusto del consumidor. Hay tutoriales para aburrir, y por tener, tiene hasta una especie de visual novel. Todo ello en un nutridísimo modo offline. Y obviamente existe la imprescindible vertiente en línea para disparar el sentido competitivo frente a jugadores de todo el globo, controlando a un jugador o a un equipo entero, o para ver quién es más yonki del asunto en un pique entre amigos.

Y muy bien todo, sí. Pero ojo, aquí la estrella de la fiesta, o por lo menos quien acapara para si todas las miradas, es el modo carrera, la campaña. Al respecto la historia es resultona, funciona con ritmo, buenas ideas y un sentido del drama bien mesurado. Suelta considerable flow y la lógica del relato busca una textura narrativa cinematográfica (quizá incluso demasiado, con algunas cutscenes excesivamente largas) en la que no falta un buen puñado de rostros familiares. Un enfoque al que se adapta bastante bien esta historia de ascenso desde el fondo del pozo. De la liga china hasta las estrellas, no sin antes haber experimentado un arco de personaje predecible pero innegablemente bien escrito y en todo momento llamativo y estimulante.

En cancha, y este es el otro gran pilar de contenido, el juego es divertido y espectacular. Cuenta con un sistema de progresión individual que permite que cada miembro del equipo acumule experiencia en su propio campo y se haga fuerte en el aspecto de juego que más domine. Por otro lado la curva de aprendizaje del jugador va en aumento, de modo que la acumulación de horas de juego siempre posibilita abrir nuevas capas en conocimientos ya adquiridos: cuando se domina el pase se aprende por qué es mejor dar uno elevado o uno picado. Cuando se planifica un buen ataque se desvela la importancia de un bloqueo ajustado. Cuando se domina la entrada a canasta se puede empezar a decidir qué tipo de bandeja o mate se quiere servir. Y en el fondo si la cosa no termina de cuajar, por falta de horas de práctica o habilidad específica, en todo momento el apartado técnico -en los partidos es donde brilla de verdad- resulta sencillamente espectacular.

Por algo, en fin, estamos ante uno de los popes de los simuladores deportivos. Es una fórmula perfecta, finísima y instantáneamente adhesiva. Un juego no sólo perfeccionista sino también muy generoso, pensado para sibaritas y maniáticos, pero también para casuales y curiosos. También es un negocio, por supuesto. Uno marcado por una praxis ya inevitable, justamente denostada y tristemente presente en todos los productos de este tipo: ese estigma de los micropagos y las cajas. De eso hay en NBA 2K19, por supuesto. No tendría que sorprender a nadie y además debería recibir las críticas pertinentes. Pero sería injusto que ello enturbiara (no lo hace en ningún momento) la sensación de juego y depreciara el valor de lo que en el fondo es una experiencia de múltiples capas. Sí, un producto franquiciado donde apenas caben las sorpresas, pero al mismo tiempo un tiro desde media distancia que deja clavado al defensa y atraviesa el aro con el satisfactorio sonido de dos puntos en el minuto uno. Esos que dejan al espectador con una única certeza: no hay rival, el partido ya está sentenciado.

8


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