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Hitman 2 (PS4)

posted by Xavi Roldan 26 noviembre, 2018 0 comments
Killing it

Hitman 2

Si no está roto no hay por qué arreglarlo. Hace un par de años IO Interactive rescataba su franquicia más conocida, a esas alturas bastante pocha, y le inyectaba fuerzas renovadas ahí donde le flaqueaban. El primer Hitman de la nueva etapa llegaba para reverdecer los laureles de una saga que parecía haber entrado en barrena y demostraba que nada está muerto si uno sabe cómo resucitarlo. Volvía con ganas de convertirse en el gran estandarte de la infiltración, el sigilo y el asesinato con premeditación y alevosía, y lo conseguía mediante un formato episódico muy agradecido, formado por misiones estancas recorridas por una trama horizontal intrigante pero de más bien poco fuste. No importaba, ahí lo realmente relevante era la jugabilidad, que resultó ser a prueba de bombas y convirtió al infame Agente 47 en el centro de un adictivo juguete con múltiples capas de gameplay.

Y dos años después nada nuevo bajo el sol. Pero como decimos una segunda entrega sólo necesitaba hacer las cosas tan bien como la predecesora y tenía el tiro prácticamente asegurado. No hacía falta revisión, sino simple repetición de la jugada, cambiando el tablero y las piezas pero siguiendo las mismas reglas. Ahora 47 se va a hacer el sicario por lugares como Miami, Colombia, Bombay o un barrio residencial de Estados Unidos en un festival del asesinato planeado cuya única diferencia es su presentación al jugador: los cinco episodios de esta suerte de “segunda temporada” vienen todos juntos, a mayor gloria del binge-gaming, en lugar de por entregas separadas en el tiempo. El paquete entero, de golpe.

Pero a pesar de poderse devorar de una o dos tacadas Hitman 2 pide de nuevo calma. Mucha calma. Una paciencia que se ve recompensada siempre. Entrar como un elefante en una cacharrería en villas de narcos, en laboratorios clandestinos, en fiestas de la corruptela mundial o en mansiones de lujo habitadas por traficantes suele desembocar en una ensalada de tiros poco agradable -y letal- o en el mejor de los casos en una resolución chapucera de las misiones. Pero aquí venimos a ser elegantes. El juego pondera y premia la planificación minuciosa, la preparación a conciencia, la acción precisa y eficiente, la gestión del tiempo y los recursos, el estudio del entorno, la exploración del mapa y el uso creativo de objetos y disfraces. Y ofrece cientos de detalles, de personajes, de conversaciones a los que prestar atención y de subtramas opcionales y recompensa desbloqueando nuevas (y gloriosas) vías para asesinar.

De este modo en una partida de Hitman 2 es habitual explorar el terreno (pequeños mundos abiertos vivos y reactivos), encontrar huecos por los que colarse, suplantar personajes, cambiar varias veces de traje, distraer hasta al último guardia con asperger, dejar KO a varios sicarios y meterlos en armarios, o en neveras, o donde sea. Ganarse la confianza del objetivo, manipularlo para quedarse a solas con él, envenenarlo, aplastarlo, electrocutarlo, sepultarlo, rajarle la carótida, estrangularlo con un cable, descerebrarlo con un martillo o usarlo como alimento para un hipopótamo carnívoro… y abandonar el lugar con la sensación de haber dejado un trabajo bien ejecutado a las espaldas. Y menuda sensación. Hitman 2 es un festival del esfuerzo/recompensa de una precisión adictiva. Pura erótica del poder.

Todo lo demás da un poco igual, o importa sólo relativamente. Porque este es un juego donde lo que cuenta, más que la narrativa o el esfuerzo tecnológico, es la pura jugabilidad. La historia de la campaña está de nuevo contada sin grandes esfuerzos, mediante diapositivas narradas que engarzan las misiones. Tampoco la parte técnica es para tirar cohetes. Desde un punto de vista gráfico es muy correcto pero no deslumbra -aunque todos los personajes están modelados con esmero-, y a nivel de inteligencia artificial algunos NPC’s responden de manera errática o tienen comportamientos demasiado simples, moviéndose en áreas excesivamente delimitadas. Pero Hitman 2 no pretende ser, menos mal, un simulador de asesinatos realista, sino una experiencia de infiltración y sigilo globalmente satisfactoria. Y a este respecto funciona como un tiro en su propuesta de sistemas cuidados, posibilidades múltiples, ramificaciones inabarcables y rejugabilidad como parte inherente de la experiencia.

Al margen de la campaña, Hitman 2 ofrece extras jugosos, como la posibilidad de recuperar los mapas de la primera entrega, ahora un poco más pulidos (y que con las horas de experiencia que hemos acumulado prometen una revisitación aún más satisfactoria que la primera vuelta). También se ha implementado el llamado Modo Fantasma, un competitivo online que enfrenta a dos jugadores en una misma misión, un cooperativo en un mapa extra a la campaña -Sniper Assassin- y esos ya míticos objetivos escurridizos que aparecen y desaparecen para siempre en cuestión de horas. Un puñado de horas de juego, en fin, cuyo techo es la necesidad que tenga cada jugador de perfeccionar su técnica, de sacar jugo a cada recoveco, de explorar cada una de las posibilidades y de dominar cada una de las técnicas.

Si el primero fue una sorpresa mayúscula, Hitman 2 es una confirmación de similar magnitud.

8


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