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Momentos sublimes en los videojuegos: El Día D

posted by Hazuki 11 marzo, 2010 1 Comment

Cuando un servidor a los 15 años vio por primera vez en el cine Salvar al Soldado Ryan, supo de primera mano a qué reaccionan las glándulas suprarrenales. La exacta recreación que  Steven Spielberg despliega a lo largo de unos extensos cuarenta minutos iniciales de su película pasaron al instante a formar partes de los anales de la historia del cine. El director de La lista de Schindler consiguió que el espectador se sumergiera en el tremendo horror que se fraguó en las playas de Normandía del 43. Uno era partícipe de un espectáculo mayúsculo, pero a la vez, consciente de la cruenta batalla que se libró en ese escenario de la contienda mundial.

Cuando uno ya creía que ya no podría acercarse más a esa dantesca experiencia, surgió Electronic Arts con un FPS titulado Medal of Honor, que mira tú por donde (Spielberg puso su granito de arena y produjó el título) en su segunda pantalla el jugador se dirigía con esas lanchas remolcadoras hacía la más espartana de las batallas de la II GM.

Me acuerdo que la primera vez que me puse a jugarla se me erizaron hasta los pelos de la nariz. La pantalla recorría todo el itinerario que Tom Hanks y los suyos hacían en la película. Empezabas al borde de ese vehículo anfibio viendo a tus compañeros vomitar por la borda mientras el sargento impartía instrucciones y ánimos de cara a un destino de signo dudoso.

Luego llegabas a la playa donde te recibía una oleada de silbidos de balas pasando por tu lado. Una vez allí uno debía resguardarse dónde pudiera ante la lluvia de morteros, ráfagas de metralleta, compañeros enloquecidos, otros en llamas, y partes mutiladas (creo que confundo la película con el videojuego).  Luego el jugador debía abrirse paso como pudiera por ese infierno hasta llegar a un montoncito de arena justo debajo de los grandes búnkeres alemanes. Y como en la peli, el artillero debía abrir paso entre los alambres, para que los pocos supervivientes  pudieran adentrar entre la línea enemiga y aniquilar la letal maquinaria alemana.

Más allá de la misión, lo que EA logró en esta pantalla, motivo para bajarse los pantalones y lo que sea, es recrear con exactitud el horror de la guerra, y no el de una batalla cualquiera, sino el de la más cruenta de ellas. Eso lo construyó mediante brillantes y eficaces encriptados, pero también tenía un gran peso, a la hora de transmitir sensaciones al jugador, el increíble detalle gráfico de por entonces, los espectaculares efectos de sonido, y todo ese caos reflejado con el sonido  y la imagen, que iba calando al jugador mientras esperaba el momento oportuno para salir de su refugio y avanzar unos pasos más. De hecho tenía cierta libertad de moverse a sus anchas, a pesar de que el camino estuviera en sí bastante marcado.

Esta pantalla no sólo supuso una inolvidable experiencia (por eso hablamos ahora de ello), sino que fue la señal más convincente de que estábamos ante un gran juego bélico, ante uno de los FPS más admirados y recordados (a pesar de que las secuelas no estuvieran a las alturas), y que consolidó la moda del shooter bélico, además con un digno y adictivo juego on-line.


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