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Informe indie 2018, vol. 2

posted by Xavi Roldan 6 diciembre, 2018 0 comments

Se termina el año y seguimos sin The Last Night, sin Sky, sin Below. Los tres prometen sacudir el panorama en el momento en que salgan, pero esta campaña la hemos cerrado sin ellos. Que no salten las alarmas: de 2018 nos llevamos una cosecha de indies absolutamente modélica. Una nueva mano de títulos que demuestran dónde reside el auténtico talento a la hora de diseñar videojuegos y que de nuevo permiten al desarrollo independiente sacar pecho ante un mercado del entretenimiento tan dado a los blockbusters y al acartonamiento creativo generalizado.

Ya le tomamos el pulso a la cuestión hace medio año, con la primera mitad de 2018 cumplida. Ahora toca cerrar el balance indie con esta nueva tanda de diez imprescindibles jugados desde julio hasta hoy mismo.

Dead Cells (PC, PlayStation 4, Xbox One, Nintendo Switch)

Dead Cells

Los parroquianos del early access ya iban avisados, y venían representando a ese coro de voces que claman que “da igual que esto no esté terminado,ya es uno de los juegos del año”. Acertaban. También el equipo de Motion Twin al confiar en el feedback proporcionado por su comunidad, que ha terminado redondeando un juego ya de por sí perfecto. Un exquisito roguevania, sólido como el hormigón armado y de irresistible poder adhesivo, cuyas mecánicas perfectas, su pacing y su sistema de progresión milimétrico aún nos lo mantienen pegado a las manos. Un pixel art que te atrapa en un torbellino de colores, un fluido repertorio de animaciones líquidas y un adictivo sistema de mazmorras procedurales ponen la parte artística en un título infinito, maravilloso, probablemente el más satisfactorio del año. En el podio.

Donut County (PC, Mac, PlayStation 4, iOS)

Nació como una broma y ha terminado siendo… una broma. Pero, eso sí, una muy buena. El diseñador Ben Esposito rescata una cierta filosofía Katamari para hacer un juego-ensayo que gira entorno algunas de nuestras neuras sociales más cotidianas. Especialmente una: la de acumular mierda. La mecánica es muy simple: el jugador controla un agujero que se va tragando cosas. Objetos, plantas, animales y residuos diversos. Al principio el agujero es pequeño y apenas puede absorber un guijarro. Pero a poco que va engullendo ítems va creciendo hasta ser capaz de hacer desaparecer edificios enteros. Un poco chifladura y otro poco genialidad, sí. Los entornos de tonos pastel y los NPCs simpaticotes ponen la parte artística, tan generadora de feel-goodness como, en el fondo, inquietante. Si existe un premio al gameplay más estúpidamente satisfactorio, Donut County se lo lleva para casa: puro corte por lo sano para TOCs del orden.

Guacamelee 2 (PC, PlayStation 4, Nintendo Switch)

Guacamelee 2

En un año especialmente generoso en metroidvanias (a este mismo artículo me remito) ha tenido que ser un viejo conocido el que nos regale algunos de sus mejores momentos. Guacamelee 2 es un digno sucesor que, en general, supera en todo a su primera entrega siguiendo una máxima irrevocable: hacerlo todo igual pero más grande y mejor. Juan Aguacate se convierte una vez más en el héroe que necesita el mexiverso, pero aquí su aventura es más profunda y compleja. Se han añadido algunas mecánicas y, con el resto, se ha preferido no tratar de cambiar algo que de entrada ya funcionaba. Por otro lado el juego está visualmente mucho más depurado y apuesta por más y mejores momentos de catarsis. Por ejemplo, la que aflora al haber alcanzado una plataforma después de encadenar tres golpes especiales y cambiar al universo paralelo, todo en el mismo salto. O la que aparece cuando, convertidos en un pollo de tres metros, aplastamos a cientos de enemigos sin apenas decir pío: en términos de pollo-maelstrom gigantes, Guacamelee 2 patea todos los culos.

Just Shapes & Beats (PC, Nintendo Switch)

Si por nosotros Donut County se lleva para casa un premio inventado, Just Shapes and Beats perfectamente se podría embolsar otro parecido: el del título más honesto. Esto va de shapes, y va de beats. De formas y ritmos. Es un cruce entre juego rítmico y bullet storm, no muy original (la aplastante simplicidad de Super Hexagon sigue ahí arriba, en lo más alto del diseño de videojuegos) pero sí tremendamente endiablado e irremediablemente cool. Uno controla a una pequeña pieza azul y simplemente debe ir esquivando los objetos que aparecen en coordinación con una música electrónica trotona y bestia, de dubstep garrulón para arriba. Hay de paso una especie de narrativa soterrada y un sistema de bosses que le dan al juego un mayor empaque, pero si se nos gana es por su inteligente diseño basado en la velocidad desbocada y en el shock audiovisual constante.

Return of the Obra Dinn (PC, Mac)

Return of the Obra Dinn

Cinco años es suficiente tiempo para cocinar un hype desmesurado. El anterior trabajo de Lucas Pope, esencial Papers, Please, lo merecía, y este Return of the Obra Dinn aguanta las expectativas y, qué demonios, las supera con creces. Además ha permeado al ruedo de lo mainstream y parece que ha encandilado a casi todo el mundo, a pesar de su propuesta visual y mecánica rugosa como el papel de vidrio. E insistimos: bien merecido que se lo tiene. Porque estamos hablando no solo de una de las obras maestras del año sino de una de las cumbres del juego de investigación detectivesca. Haciendo uso de una estética propia de los antiguos Macintosh (esto es una especie de puntillismo digital que nos catapulta directamente a 1986) Pope nos sumerge en el Obra Dinn del título, un bajel británico del siglo XIX que ha regresado, sin tripulación, tras llevar un lustro desaparecido. Nos toca reconstruir el escenario escrutando las impresiones fantasmagóricas de las muertes de todos y cada uno de los más de medio centenar de personas que campaban por el barco cuando sucedió cierta serie de eventos macabros. Un puzzle diabólico que pide del jugador tanto como está dispuesto a recompensarle.

Suzy Cube (iOS, Android)

¿Otro clon de Mario? Pues… más o menos, sí. Pero uno muy bien parido, que sabe trasladar las mecánicas de un Mario de plataformas en 3D (quizá Galaxy es el que más resuena aquí) de manera precisa y satisfactoria al ámbito móvil. No hay ideas muy renovadoras en Suzy Cube, pero todas las que hay son interesantes y están estupendamente implementadas. La curva de dificultad es la adecuada, el binomio riesgo/recompensa está planteado con inteligencia, los controles se adaptan bien al formato móvil y el apartado visual sabe jugar muy bien su filosofía low poly para ofrecer un personaje entrañable en un colección de entornos variada. Todo más que en orden en uno de los mejores plataformas que podemos jugar hoy día en un smartphone.

Tetris Effect (PlayStation 4)

Tetris Effect

Hasta qué punto es Tetris Effect un juego indie no lo tenemos muy claro. Pero lo que sí es innegable es que, partiendo de una base que ha sido tomada como paradigma de todo un lenguaje (el Tetris original) la de Tetsuya Mizuguchi resulta una obra completamente indisociable de su autor. El nipón ha seguido trazando, con este nuevo paso, su propia odisea por la sinestesia surcando un universo de sensaciones viscerales y síndromes de stendhal electrónicos encadenados. Lo ha hecho remakeando el clásico universal a su manera y el resultado ha terminado siendo más satisfactorio incluso que sus anteriores Rez y Luminees. Porque por un lado toma una base jugable simplemente perfecta (tres décadas después sigue resultando imposible encontrar una fisura en el engranaje mecánico) y por el otro entrega un festival abrumador de luces, colores, música, ritmos y psicodelia generalizada que conduce inevitablemente al éxtasis absoluto o a la calma más trascendental. Tremendo.

The Gardens Between (PC, Mac, PlayStation 4, Nintendo Switch)

Su planteamiento minimalista, compartimentado en fases-puzzle autoconclusivas, podría emparentar The Gardens Between con Monument Valley, o con Captain Toad. Y su sistema de rebobinado de las acciones nos catapulta de nuevo hacia el seminal Braid. Pero hay algo más detrás de The Garden Betweens. Y eso es personalidad e inteligencia. Lo primero lo pone un enfoque artístico detallista, preciosista y muy buenrollero. Lo segundo, un diseño de niveles asombrosamente calculado basado en una serie de sistemas que el jugador debe hacer confluir haciendo avanzar y retroceder la acción, tomando piezas desperdigadas de un puzzle que, una vez recompuesto en la línea temporal, le permitirá completar cada fase. Suena complicado, pero a la práctica es maravillosamente sencillo. Y reconfortante. Muy bonito.

The Messenger (PC, Nintendo Switch)

The Messenger

La recuperación de lo clásico alcanza su paroxismo. Si gran parte del indie asume para sí los códigos estéticos de los 80 y construye un discurso postmoderno (cuyas cumbres son Shovel Knight y Undertale) The Messenger directamente parece un juego salido de la época de los 8 y los 16 bits. Excepto por un componente altamente meta uno podría llegar a creer que este juego es algo así como un port de un original de la NES y la SuperNES (juega con ambas estéticas), o alguna clase de clásico perdido recuperado para nuestros días por obra y gracia de la emulación. Pero no es esa, o no es la única, gran arma de The Messenger. Su plataformeo atesora una precisión y un ritmo frenéticos, y sus diálogos están llenos de humor y chascarrillos acertados. Tiene bosses carismáticos, un companion adorablemente asesinable, un sistema de progresión leve pero firme y algunos escenarios calculadamente feos que conviven con otros francamente bonitos. No va a cambiar la Historia del medio pero es una estupenda carta de presentación para Sabotage Studios y una nueva confirmación del sello Devolver.

The Missing: JJ MacField and the Island of Memories (PC, PlayStation 4, Xbox One, Nintendo Switch)

Pocas frases son tan contundentes para definir la última obra de Swery (el genio chalado responsable de Deadly Premonition) como “un videojuego en el que tienes que hacerte pedazos para sobrevivir”. Y es que es exactamente eso: JJ está muerta y puede despedazarse y recomponerse a su antojo para resolver los obstáculos que se le pongan por delante. Algo más que la enésima iteración de Limbo (o más bien de Inside) The Missing conjuga plataformas y rompecabezas (literalmente) en un purgatorio siniestro en scroll lateral, sí. Pero articula un poderoso discurso entorno al amor incondicional. El de una adolescente que lucha por adaptarse en su entorno mientras busca a la chica que ama. Tremendamente macabro, oscuro hasta el agobio, inmerso en una ambientación entre el horror gótico y la pesadilla postindustrial, The Missing usa la catarsis gore para hablarnos del amor que trasciende la propia vida. Del dolor que -me remito a aquella primera frase- nos hace literalmente pedazos y de la agresividad terrorífica de un mundo hostil en el que, durante la adolescencia, nos vemos obligados a sobrevivir.

Y por no sacar esto de madre hemos decidido poner un límite y finalmente nos hemos quedado con diez títulos… en una lista que podría haber sido más larga. De habernos encontrado más espléndidos fácilmente podríamos haber incluido aquí 11-11: Memories Retold, una melancólica historia de familia y amistad encuadrada en la Primera Guerra Mundial y basada en una interesante narrativa bicéfala. O The Hex, la nueva fantasía perturbadora de Daniel Mullins, responsable de Pony Island. O Wandersong, una aventura musical de extrema cuquez cuyo apartado artístico hace pensar en lo que podría ocurrir si alguien le hubiera encargado la nueva película de Terrance & Phillip a Pendelton Ward. O Unforeseen Incidents, Unavowed, Youropa o Do Not Feed the Monkeys, a los que no hemos podido hincar el colmillo aún a pesar de su buena recepción generalizada. Por otro lado intuimos que de haber publicado unos días más tarde este artículo Gris se habría colado entre los destacados. Pero el calendario ha mandado. ¿Quizá logrará figurar en nuestro ranking anual? La respuesta, en unos días…


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