AcciónAnálisisAventuraLong drinksPlataformaRPG

Informe indie 2019 (Parte II)

posted by Xavi Roldan 11 diciembre, 2019 0 comments

2019 queda visto para sentencia con un buen puñado de videojuegos imperdibles descendidos directamente desde el planeta independiente. Como se suele decir, al final se ha quedado un buen año. “Lo indie” sigue dando alegrías a patadas, sigue poniéndose en crisis a sí mismo como concepto (hay aquí alguna burrada de horas y contenido que no cabría ni en la percha de un triple A) y, en fin, sigue invalidando cada día un poco más este tipo de listas, que no hacen más que segregarlos de sus congéneres de mayores ambiciones comerciales. Mea culpa. Pero ni que sea por aquello de dar cierta visibilidad a títulos semi (sólo semi) desconocidos dentro de una industria cada vez más mastodóntica de momento seguiremos con ello. Nuestra selección, justo aquí:

 

A Short Hike (PC)

El año pasado Celeste ya usaba la metáfora de escalar una montaña como reto de maduración. Sin embargo, donde en el juego de Matt Makes Games era plataformeo extremo y estrés traumatizante en A Short Hike es todo calma zen y exploración buenrollista. La cosa va de una joven pájaro que se marcha a vivir unos días con su tía al monte, descubre que no tiene cobertura y decide subir a la cima de una enorme montaña, el único lugar donde se puede recibir señal. Fin. Todo el resto depende del jugador: puede ir directo hacia la cumbre resolviendo los sencillos puzles ambientales o puede empaparse de ese microuniverso de animales antropomórficos participando en minijuegos, ayudando a NPCs o, simplemente, descubriendo todo lo que ese pequeño universo guarda para quien quiera dedicarle un par de horas. Un juego sobre cómo tratamos de superar nuestros miedos cotidianos, enfrentamos las malas noticias y, esto literalmente, decidimos que ha llegado el momento de empezar a volar libre como seres autónomos y responsables. Preciosísimo.

 

Afterparty (PC, XBOX One, Nintendo Switch)

Vale, quizá al final no nos ha sorprendido tanto como sí lo hizo Oxenfree, la anterior obra de Night School Studio. Especialmente teniendo en cuenta lo bizarro de su planteamiento inicial, ganar al propio Belcebú en un duelo de priva. Tampoco nos resultan simpáticas sus asperezas técnicas ni lo limitado de sus mecánicas. Pero Afterparty ha resultado ser un auténtico placer en su ejecución, digamos, artística. Su apartado visual, en su evocación de lo que probablemente sea el nightclubbing en las inmediaciones del Averno, es modesto pero muy atractivo. El acting de sus intérpretes, entregadísimo, garantiza gran parte de la gracia implícita en el guion. Y unas líneas de diálogo tronchantes echan el resto para mayor gloria de la comedia generacional pura y dura. Hay inconvenientes en Afterparty, pero también oficio y mucha, mucha coña.

 

Arise: A Simple Story (PC, PS4, One)

Con un estilo visual más o menos reconocible (un low poly cercano al cine de animación) y una mecánica base ya usada con anterioridad (la manipulación del tiempo) el estudio barcelonés Piccolo se las compone para armar una aventura a pesar de todo ello interesante y conmovedora. La de un anciano que, tras fallecer, revisita algunos momentos clave de su vida, transitando paisajes naturales y extrayendo de ellos algunos de sus más entrañables recuerdos. La gracia, que para avanzar es necesario resolver pequeños puzzles ambientales usando la mecánica del rebobinado temporal. El resultado, un juego siempre sorprendente gracias a su inagotable capacidad para exprimir los planteamientos de maneras siempre nuevas e imaginativas. Evocador en lo formal y excitante en lo mecánico Arise es más bonito que cien soles en bucle orbital.

 

Blasphemous (PC, PlayStation 4, XB One, Switch)

Blasphemous

Dark Souls. Ya está, ya lo he dicho. Es el peaje que tiene que pagar cualquier obra del estilo de Blasphemous, tan apegada a ciertos preceptos de gameplay popularizados por la obra de Miyazaki. Hay otro ineludible: Symphony of the Night. Blasphemous toma prestado de los dos en iguales cantidades -a ratos incluso parece otro Castlevania de la época PSX-, y aun así se las apaña para ser un juego único, con cualidades propias y, a la postre, un metroidvania excelente. Desarrollado por los sevillanos The Game Kitchen ostenta una personalidad rotunda y negrísima, basada en una imaginería cristiana cien por cien ibérica, la de los nazarenos, la penitencia extrema y el oscurantismo. Un desfile de conceptos e imágenes terrorífico, barroco y agobiante en el entorno de una España medieval decadente convertida en platformer de gameplay impecable, iconoclasta y más castizo-siniestro que el Tríptico elemental de España.

 

Children of Morta (PC, PS4, Switch)

children of morta

Demostración palpable de que los esquemas más recurrentes pueden seguir dando buenos frutos, Children of Morta se adhiere firmemente a la fórmula del roguelike… y funciona como un tiro. Y es así porque, además de esgrimir un puñado de mecánicas sencillas y efectivas y un crawleo por mazmorras más que competente, guarda en su corazón una historia familiar emocionante y delicada, la de esos Bergson que tienen en sus manos el destino del mundo cuando la Corrupción empieza a apoderarse de él. El estudio Dead Mage arma un action RPG eficaz y adictivo que, además de todo, es tremendamente bonito. Una de esas aventuras que va creciendo una vez se supera su primer pico de dificultad y que luego se recuerda con el corazón calentito.

 

Dicey Dungeons (PC)

Hace seis meses cantábamos las bondades de Slay the Spire, uno de los mejores indies de la cosecha 19 que basaba gran parte de su encanto en combinar el espíritu de los dungeon crawlers -sólo el espíritu- con las mecánicas de batalla de cartas. Pues bien, Terry Cavanagh, vaca sagrada del desarrollo independiente (suyos son Superhexagon y VVVVVV: reverencia severa), ha rizado el rizo ya ha basado el gameplay de su Dicey Dungeons en los juegos de dados. El asunto trata de hacer tiradas, encarnando a un personaje que es, en sí mismo, un dado -con distintas clases posibles-, y lanzando ataques al oponente en función de los números conseguidos. De por sí la cosa ya provoca adicción, pero es que además el guion (oponentes y diálogos tronchantes) y el aparato audiovisual (estética cartoon de los 60 y musicote, de nuevo, de Chipzel) son de notable alto.

 

Disco Elysium (PC)

Disco Elysium es sentarse con moderada curiosidad ante un point ‘n’ click con posibilidades y de repente encontrarse recogiendo cachitos de cráneo esparcidos por la habitación sin saber muy bien cómo ha llegado uno a esa situación en tan poco tiempo. El RPG occidental más ambicioso desde, no sé, Divinity: Original Sin II es la carta de presentación inmejorable e insuperable de los estonios ZA/UM, que se han propuesto no dejar las cosas como estaban nunca más: costará encontrar una aventura gráfica tan majestuosa. Su propuesta cercana al rolazo clásico encierra infinitas posibilidades, alegorías y sugerencias en un entorno de distopía (o extraña ucronía socialista) vestido de neonoir con investigación policial, temática social y guantes de fregar platos de por medio. Es tan, tan bueno y está tan, tan bien escrito que uno no tiene claro si casarse con él o cerrar la paradeta: los estonios se han pasado el género, ya nos podemos jubilar todos.

 

Kind Words (lo fi chill beats to write to) (PC)

El setting de Kind Words es mínimo: un personajillo sentado ante un escritorio en su habitación y música electrónica más o menos relajante. Fin. En realidad esto va de escribir cartas. De escribir cartas a desconocidos y leer las suyas, que van llegando de manera más o menos aleatoria, y que suelen expresar temores, descontentos, miedos y frustraciones. Alegrías y frases inspiradoras. Y ya está. Pero repito: son reales. Y demandan una respuesta, un feedback de alguien que esté dispuesto, al otro lado, a compartir una opinión sincera o unas palabras de ánimo: Kind Words es un juego que apela a, simplemente, la voluntad de ayudar por ayudar, sin necesidad de conocer a quien necesite esa ayuda. El riesgo, que pronto la experiencia se convierta en un recipiente para frases banales de libro de autoayuda, en un recetario de eslóganes de Mister Wonderful. Pero eso ya depende de los usuarios: el ADN de Kind Words está escrito con los cromosomas de la solidaridad y el altruismo. Y eso para los tiempos que corren es algo medio impresionante, ¿no?

 

Lonely Mountains: Downhill (PC, PS4, One)

Si A Short Hike era sobre encumbrar una montaña esto sustenta su jugabilidad en bajarlas. Saludada como una de las sorpresas indies de la temporada Lonely Mountains: Downhill es un arcade de los de montarse en una bici y descender cuestas controlando las curvas, el pedaleo y la aceleración. Calculando el binomio riesgo/recompensa y decidiendo si explorar caminos secundarios o ir a la directa, si atajar para arañar segundos o simplemente disfrutar del trayecto. Su valor añadido es su delicioso aparato artístico, de formas low poly y sonidos de la naturaleza -cero música- hipercalculados, destinados a ofrecer una experiencia estética zen en baja resolución que es más bonita y evocadora que todas las cosas de este mundo juntas.

 

Mutazione (PC, PS4, iOS)

Hablando de cosas bonitas, Mutazione ha resultado más hipster que una fiambrera de cronuts tallada por un carpintero islandés. Solo que también más nutritiva. Esta historia de una chica que viaja a un paraje seminatural para acompañar a su abuelo moribundo, quien vive entre una población mutante, es elegante en lo visual, en lo sonoro y en lo expositivo. Pero se convierte en algo más que una experiencia cuqui cuando empieza a hundir las manos en la tierra de sus propias propuestas temáticas: la búsqueda de las raíces familiares y de la propia identidad, la asunción del pasado, la comprensión de la diversidad y la libertad a la hora de decidir las maneras de vivir. Y, bueno, la cosa esa de plantar semillas hasta que crezcan jardines musicales. Lo típico.

 

Sayonara Wild Hearts (PS4, Switch, iOS)

Sayonara Wild Hearts

Uno no puede fiarse de Simogo. Los suecos tan pronto publican una obra tan opresiva como Year Walk como salen con esta maldita fantasía estroboscópica que se presenta como un “videojuego de álbum de pop” y termina siendo un pelotazo adrenalínico de hora y media de duración. Es decir, breve pero intenso, y muy capaz de provocar reacciones extremas fundamentadas en la sinestesia, similares a las que producía Tetris Effect. Pero ¿qué es Sayonara Wild Hearts? La respuesta corta sería “es todo”. La larga, “una fantasía punk otaku, una chifladura vaporwave de colores flúor, un juego de ritmo, uno de baile, un arcade de conducción, un shoot ‘em up, un shooter on rails y un disco conceptual sobre el amor, la pérdida y la reconstrucción a través de la aceptación”. A menudo, varias de estas cosas al mismo tiempo y en todo momento homenajeando los clásicos del medio, de Tetris a Ikaruga, de Out Run a Rez, de Asteroids a Space Harrier, de Gradius a Excitebike. Subidón de antología.

 

Telling Lies (PC, iOS)

Sam Barlow ha optado por el continuismo, cierto. Pero eso no es necesariamente malo, teniendo en cuenta que veníamos de una obra tan interesante como Her Story. Como en aquella, la mecánica del juego parte de un buscador de videos que debemos manejar para reconstruir una historia. Tan sencillo y tan complejo. Pero si en el predecesor debíamos esclarecer las circunstancias de un crimen a partir de las declaraciones a la policía aquí debemos infiltrarnos en la vida de cuatro personas interrelacionadas que han terminado metidas en un lío bastante escabroso. Uno que mezcla investigación policial, ecoterrorismo, videosexo y asuntos familiares en una historia de engaños de narrativa robusta y emocionante.

 

Untitled Goose Game (PC, Switch)

A todos nos apetecía hacer el ganso, pero pocos esperábamos que este terrorista palmípedo lograría regalarle a House House un éxito tan notable, por lo menos en el memeverso. El goose del título fue la insospechada estrella del otoño gracias a un juego tan sencillo, tan pequeñito, tan modesto en su factura como bonito e inteligente. La cosa va, como si de un Goat Simulator cute se tratara, de encarnar al dichoso ganso para lograr ciertos miniobjetivos, basados todos ellos en trastornar la apacible tranquilidad de un vecindario de la campiña inglesa. En su cruzada anarquista, el pájaro se dedica a ejecutar pequeños gestos de disrupción social que provocan situaciones de caos de igual tamaño y su consiguiente festival de humor. Conscientemente bobo… pero ejecutado de manera brillante y exquisita, apelando a los gags primigenios del cine mudo (El regador regado, obvio) y usando poquísimas herramientas artísticas (colores pastel, música de piano) y mecánicas (andar, graznar, sisar objetos con el pico, mover las alas y permanecer cabizbajo para el sigilo) para convertirse en la joya jugable más achuchable del año. Honk!

 

Informe indie 2019 (Parte I)

 


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.