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Los 10 mejores videojuegos de 2017

posted by Xavi Roldan 1 enero, 2018 0 comments

Como en Marvel y DC, cada año suceden tres o cuatro movimientos que ponen patas arriba el mundo del videojuego, para finalmente, y con el paso de los meses, terminar dejándolo un poco todo como estaba. Los hechos más destacables ocurridos este año en torno al universo gamer, esta vez sí, pueden calificarse de acontecimientos. El más obviamente relevante, la aparición de una nueva plataforma por la que nadie daba un euro y que a estas alturas ya ha vendido cerca de 14 millones de unidades. Una burrada. Pero no sólo eso. Switch también ha sido hogar, en la mejor tradición de Nintendo, de dos de los lanzamientos más importantes de su época. Una feliz noticia en un año en el que las polémicas se han podido contar por decenas: desde las malas praxis de youtubers bocazas y/o con la cabeza más puesta en el negocio (fraudulento) que las manos en el mando, hasta la implantación definitiva del modelo comercial basado en las cajas de loot y los sobres sorpresa, con sospechosas concomitancias con la ludopatía. Pasando por la turbia insistencia machoálfica y capullesca de trolls, truegamers, hijos del gamergate y demás coprófagos de las cavernas, responsables de uno de los episodios más lamentables del año, la cancelación in extremis de la primera Gaming Ladies. O por la agria polémica entorno a la presunta fecha de caducidad de los videojuegos con campaña single player, anunciada por una EA que no se ha ganado su mejor momento de popularidad, precisamente.

Un bonito panorama.

Pero quedémonos con lo bueno. Hablábamos de acontecimientos, y desde luego lo de PlayerUnknown’s Battlegrounds, nos guste o no, lo ha sido: los juegos de battle royale han venido para quedarse, por lo visto. También hay que destacar la definitiva explosión de los eSports como fenómeno de masas y, muy especialmente, la proliferación de títulos que han ofrecido un considerable mimo por la representación: algunos de los mejores personajes del año han sido mujeres interesantes, carismáticas, humanas, memorables. Estos títulos, y otro puñado más, están encapsulados en esta nuestra pequeña radiografía gamer de 2017.

10. Horizon: Zero Dawn (PS4)

Horizon Zero Dawn

El gran exclusivo de PlayStation 4 para 2017. El juego que iba a revalidar la máquina de Sony como lugar donde va a parar todo el hype de la parroquia gamer finalmente se mascó su hueco entre los corazones calludos de los aficionados. Y aunque resultó ser un popurrí de mecánicas prestadas, la aventura de Aloy terminó siendo uno de los sandbox más depurados, entretenidos, fascinantes y técnicamente musculados vistos hasta el momento. Un gozo a cada minuto, menos revolucionario que algunos títulos que se han perdido por el camino en este top 10, pero con la inestimable virtud de devolver rotundidad narrativa y emoción vitalista al cada vez más mustio universo del triple A.

9. Cuphead (PC, XBox One)

Cupheadcvideojuego

El juguetito formalista del año ha estado en boca de todos, y no podemos decir que no se lo haya ganado. Era mucha la expectación que había sobre Cuphead, y sus responsables no han decepcionado a nadie: el gameplay (un boss rush over the top, con algunos pasajes desengrasantes de run’n’gun a lo bestia) es quirúrgico, calculadísimo, muy enraizado en los juegos de acción retro: como un bully de película de los ochenta, Cuphead te deja con los pulgares rotos, la moral por los suelos… y la convicción de que cuando vuelva a por ti te va a pillar mejor preparado. Pero donde la cosa brilla como siete soles es en su apartado estético, mimado hasta el infinito, y que supone una traslación al medio digital de los cartoons americanos de los años 30. Una delicia pseudo-retro.

8. RiME (PC, PS4, XBox One, Switch)

Rime

A pesar de haber tenido muy mala pata en el timing de publicación, los madrileños de Tequila Works han logrado sobreponerse a la sombra, aún reciente, de sus propios competidores. Y sí, esto guarda muchas deudas hacia el Team Ico, y es una auténtica mierda que tan pocos meses le separen de The Last Guardian y el último Zelda, pero a golpe de emoción y belleza RiME se gana pronto a su jugador. Puzzles ambientales, un entorno mediterráneo precioso, un mensaje profundo, un final demoledor y, en general, un trabajo artístico deslumbrante sólo podían resultar en combinación ganadora. Bravos.

7. Persona 5 (PS4, PS3)

Persona 5

El producto con denominación de origen nipona ha tenido su año en la juegofilia de sobremesa. No sólo ha ofrecido un nivel envidiable (Yakuza 0 podría estar con comodidad en esta lista) sino que nos ha regalado algunos de los títulos más seductores y originales de la temporada. Persona 5 es, obviamente, uno de ellos. Un JRPG que resulta familiar, orgánico y sorprendente a cada paso, con un estilazo formal excitante, una banda sonora y unas animaciones de estilo anime que pulverizan el concepto de lo cool y un sistema de juego de ataque por turnos y conversaciones tan equilibrado que se hace francamente difícil echarle freno en algún momento. Y antes de que uno se dé cuenta, zas, se le han escurrido entre los dedos las cien horas que dura y ya no puede abandonar un mundo construido sobre una narrativa de personajes sólida como el monte Fuji.

6. Nier: Automata (PS4, PC)

Nier Automata

Dicen que la Gran Obra de Yoko Taro aún está por llegar, a la espera de que al buen hombre le den todas las comodidades creativas y las facilidades económicas que se merecería. A la vista de este Nier: Automata da miedo pensar a dónde puede llegar este hombre cuando se suelte de verdad. Porque es este un hack and slash perfectamente imperfecto, tan lleno de conceptos interesantes, de mecánicas milimétricas y variadas (también hay cambios de perspectiva hacia el shoot’em up, bullet hells, elementos de JRPG…), de quiebros, de sorpresas maravillosas e ideas felices que si esto no es una obra definitiva poco le falta. Un juego tan satisfactorio a corto plazo como demoledor a largo, que pide compromiso (lo de desbloquear sus decenas de finales es de chiflados) pero que luego recompensa con meses de zumbido cerebral.

5. What Remains of Edith Finch (PS4, XBox One, PC)

What Remains of Edith Finch

Cumbre de los mal llamados walking simulators What Remains of Edith Finch es una pieza de cámara (casi literalmente) que explora, como en sus grandes referentes, el peso en el presente de los fantasmas del pasado. En este caso los de una familia sobre la que pesa una maldición mortal. Nuestro cometido, ir descubriendo las historias personales de cada uno de los miembros a través del entorno y de una serie de flashbacks que se van activando progresivamente. El gancho, que cada historia tiene sus propias mecánicas. Y el auténtico valor, que algunas de esas mecánicas son absolutamente brillantes: la secuencia de la procesadora de pescado se graba a fuego en la memoria gamer no sólo por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta, logrando esa perfección del discurso videolúdico global que tantos anhelan pero al que tan poca atención se le termina prestando. Hay mucha genialidad aquí.

4. Night in the Woods (PS4, PC, Mac, Linux)

Night in the Woods

Los parias siempre han tenido un encanto especial en cualquier narrativa, especialmente en las relacionadas con la juventud, los ritos de paso y los slice of life adolescentes. Con ese momento en que uno debe significarse y decidir si se convierte en un outsider o en un ser social. La joven protagonista de Night in The Woods manda a tomar viento a sus estudios universitarios y vuelve a su pueblo de infancia, junto con sus padres y su antiguos amigos, con los que perdió el contacto de manera poco sana. A ver qué. Muy sensato. Night in the Woods es una polaroid de ese momento preciso, el retorno, y empieza a rodar con un descubrimiento macabro que resucitará amistades perdidas y resquemores olvidados. Saca ese paria que todos llevamos dentro y construye el mejor retrato generacional nostálgico posible, sustentado sobre un “pace” casi propio del realismo mágico y sobre un precioso apartado artístico, casi salido de un cuento infantil macabro poblado de animales antropomórficos y fantasmas que tocan el saxofón.

3. Super Mario Odyssey (Nintendo Switch)

Super Mario Odyssey

Lo comentábamos más arriba. Con un catálogo interesante pero aún poco nutrido la recién nacida Nintendo Switch ha jugado una doble carta de presentación irreprochable. Un vendeconsolas en dos movimientos al que nadie se ha atrevido a toser: ¿quién osaría poner en duda la eficacia de dos de las franquicias más veneradas de la historia del medio? Uno de ellos copa el número uno de este ranking. El otro es, obviamente, esta nueva aventura del limpiatuberías italiano que ha terminado siendo lo que todo el mundo esperaba. Otro título de jugabilidad perfecta, estética colorista, plataformeo adictivo, que requiere una mente activa. Una nueva muestra que los japoneses cuando se lo proponen son capaces de hilar tradición y modernidad con un flow aplastante, logrando rescatar conceptos clásicos para dispararlos directamente hacia el futuro. Recupera, si es que alguna vez se perdió, el perpetuo sense of wonder de la experiencia nintendera.

2. Hellblade: Senua’s Sacrifice (PS4, PC)

Hellblade Senua's Sacrifice

Esta es la tercera ocasión en la que hablamos de la aventura (calvario) de Senua, y no se nos ha acabado la cuerda para alabar la obra magna de Ninja Theory. Un juego que funciona como tal, como experiencia lúdica, pero que sobre todo hace las veces de tesis sobre las mecánicas y la narrativa. Es perfecta la implementación de ambas y la retroalimentación que se va desplegando a lo largo de la historia, dando como resultado una experiencia radical de jugabilidad. No siempre agradecida, pero es que justo de eso se trataba. Nuestra protagonista sufre de un trastorno psicótico. Nadie dijo que esto tenía que ser fácil. En esta tesitura hablar de que a nivel técnico Hellblade es asombroso, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un juego indie, casi resulta un poco frívolo: estamos ante una de las experiencias más emocionalmente duras vividas en años. Y ese es el único dolor que pervive, meses después de haberla jugado.

1. The Legend of Zelda: Breath of the Wild (Nintendo Switch)

The Legend of Zelda

Decíamos del último Mario que es puro sense of wonder. Algo así puede decirse también del nuevo Zelda. Es calzarse los joycons de la Switch y dar un salto cuántico hacia lugares remotos de la memoria gamer. No hacia el primer Zelda que jugamos. Más bien hacia el primer juego que descubrimos, el que nos abrió las puertas a todo esto. Es literalmente imposible poner un pie en el nuevo Hyrule y no percibir el cosquilleo de lo nuevo, lo emocionante. No sentir que todo está vivo a pesar de las millas de terrenos despoblados. Igual que es fútil resistirse al magnetismo de la mística, de la magia de los puzzles, del encanto de estos pueblos, de esa leyenda y esos entornos familiares, pero aún por descubrir. El resultado es un viaje que cuenta a cada minuto, a lo largo de un mundo al que se quiere volver, se tengan o no objetivos. Da igual poner en barbecho una misión, principal o secundaria, porque a menudo lo que nos pide el cuerpo es, simplemente, pasear, cazar, craftear cosas, buscar las novecientas y pico semillas diseminadas por el extensísimo mapa. Correr, saltar, cabalgar, escalar. Zurrarnos con criaturas aviesas o usar nuestros recién adquiridos poderes. Contado así parece todo muy simple. Y sí, esa es su virtud, apelar a la pureza lúdica más radical y emotiva. Eso es lo que nos lleva a jugar a Breath of the Wild como si, exactamente eso, nuestros pulmones sólo filtraran aventura al respirar. Una cumbre, un juego infinito. Una pieza pivotal en este medio.

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