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RiME (PC)

posted by Xavi Roldan 6 junio, 2017 0 comments
Sing your way home
Rime caratula

Maldito timing. Después de años de desarrollo y retrasos agónicos RiME ha tenido finalmente la mala pata de salir pocos meses después de The Last Guardian y casi al alimón con Zelda: Breath of the Wild. Y eso, obviamente, lo va a convertir de partida en diana de comparaciones odiosas, justificadas o no y, en cualquier caso, de las que saldrá perdiendo. No por falta de calidad. Todo lo contrario. Es sólo que los adversarios con los que se mide son pesos pesados, dos tótems instantáneos de una generación que venía ya pidiendo a gritos su gran clásico. Puede haberlo encontrado en esos dos (también en Bloodborne, pero ya tal) y como digo RiME puede quedar como un hermano pequeño. Un título modesto planeado y ejecutado por un estudio modesto. Y, si es así, será una auténtica lástima porque, como suele ocurrir con ciertas sensibilidades indies, el impacto real del juego es de los que se quedan zumbando en las muelas durante meses. Y su alcance artístico es, decididamente, cualquier cosa menos modesto.Firma la gesta el estudio madrileño Tequila Works, que ya nos endulzó media primavera cuando ponía a andar las ruedas dentadas de su diabólico The Sexy Brutale. RiME es menos lúdico que aquel, pero también es mucho más grande y más libre. E infinitamente más lírico. Es un sandbox de puzzles lógicos, exploración y plataformas protagonizado por un chaval casi mudo (sólo grita y canta, a placer del jugador) que naufraga y se despierta en una isla desierta presidida por unas ruinas que parecen propias de una civilización perdida, a medio camino del misticismo atlante y el clasicismo de la antigua Grecia. Vestigios en cualquier caso de una era de la que ya sólo queda el recuerdo… y una cierta magia que lo imbuye todo. Un mundo que respira su propio aire y que sirve como escenario para un viaje físico pero también, como suele suceder, espiritual. Un camino hacia la iluminación a partir del descubrimiento y el autoconocimiento. Algo que empieza como un clásico coming of age y termina como… bueno, como otra cosa. Otra cosa más profunda y melancólica. Otra cosa que conviene no desvelar demasiado, so riesgo de minimizar el impacto emocional.

Algo, en cualquier caso, que termina justificando un viaje ya de por si emocionante, emotivo e impregnado de una especie de permanente sense of wonder. Y que despega al juego de sus evidentes precedentes y le confiere entidad propia. Y ojo, que los referentes pesan: hay algo de Zelda en RiME, especialmente de un Wind Waker con el que comparte esa tan cuca estética que marca el renderizado cel shading. También guarda una solera muy Studio Ghibli, un punto macabro que remite a Limbo y un flow cuasi-zen que es puro Journey, además de conectar en sabor a sal, tacto arenoso y aroma mediterráneo con The Witness. Pero la definitiva conexión cardio-encefálica se produce con las tres obras maestras que componen el corpus creativo del Team Ico de Fumito Ueda. RiME es deudor directo de The Last Guardian, muy especialmente de Ico y un pelín menos de Shadow of the Colossus. De todo ello extrae su narrativa silenciosa, sus personajes infantiles frágiles en lo físico pero tremendamente carismáticos. También el amor por las maravillas arquitectónicas inexistentes, la conexión con la naturaleza y la animalidad, la tendencia a presentar puzzles sin apenas dar ninguna indicación y, esto ya es puro Ico, la perturbadora presencia de esos vaporosos espectros negros.

Pero RiME, como decía, logra sobreponerse a su propia invitación al name-dropping compulsivo y se construye una personalidad sólida, un sistema emotivo de alto octanaje dramático y un gameplay diáfano y sin fisuras. Una aventura breve y poco desafiante pero muy intensa a lo largo de varias regiones que poseen su propia textura, sus propias condiciones, sus propias flora y fauna y su propia intrahistoria. El juego hace al respecto un trabajo soberbio de construcción de escenarios, con un un estupendo diseño de niveles y un espectacular sentido de la narración y la estética (qué bonito es todo, por Yorda). Sabiendo ofrecer, en sus enigmas, variaciones siempre excitantes de los mismos temas y triquiñuelas: desde los trucos con las perspectivas hasta el plataformeo puro y duro, las dislocaciones mindbloweantes de escenarios y los juegos de luces y sombras. Conduciendo al jugador a lo largo del viaje a golpe de inventiva y, por supuesto, empatía. Un viaje que habla, no sin cierto sentido de la paradoja, de la soledad y la amistad, de la vida y la muerte, de la voz y la incomunicación, del pasado y el futuro. Un viaje que, finalmente, cristaliza en una coda catártica donde todas las piezas terminan de encajar, a pesar de que alguna de ellas tenga que llevarse uno o dos martillazos.

Así que bien pensado el tercer párrafo de este análisis quizá no deja de ser un peaje irrelevante por el que me veía obligado a pasar. Obvienlo. RiME es especial, es único y es precioso. Una espera que ha merecido la pena y que, seguro, terminará acumulando más años por detrás que por delante: lo seguiremos rejugando y recordando durante más tiempo del que estuvimos esperándolo. Obra mayor.

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