AnálisisShooter

Metro: Last Light (Xbox 360)

posted by Hazuki 26 noviembre, 2013 0 comments
El banquete funerario de la civilización

Metro Last Light Xbox 360

Los que me hayan leído mínimamente sabrán de mi devoción hacía la saga Metro, algo que sale a colación en cualquier conversación,  con o sin canapés de por medio. Por eso, sería de ser inútiles, no aprovechar la ocasión para volver a encumbrar los dos títulos de 4A Games. Si Metro: 2033 fue un juego infravalorado, su segunda parte, y gracias en parte a la buena campaña de marketing con el que la distribuidora Deep Silver apoyó su lanzamiento, se ha conseguido sacarlo de las cuevas relativas a lo culto para situarlo en un campo mucho más visible (así lo indican sus ventas), pero aún, sin obtener el reconocimiento, que a mi juicio, se merece por parte de prensa y público.

Porque creo no estar explotando en exceso mi vena hiperbólica si digo que el último título de 4A Games presenta una de las atmósferas más genuinas y logradas de esta generación que hemos empezado a despedir. Algo que ya relució con intensidad en su primera parte. De hecho, Metro: Last Light es totalmente respetuoso con los pilares que convirtieron a su hermano menor en un chico respetable en la comunidad gamer: una ambientación alucinante, con la que logran imprimir autenticidad y vida propia a todos los pixeles del juego; una jugabilidad que se erigía como un cruce entre el survival horror y el FPS, con más presencia de este último; un apartado gráfico de gran calidad y detalle; y una historia madura de corte post-apocalíptico, cargada de contenido político y crítica hacía la sed bélica de las naciones, y el peligroso armamento nuclear.

En esta ocasión la historia se ubica en 2034. Otra vez el jugador se pondrá en la piel de Artyom para recorrer el claustrofóbico metro de Moscú, donde los supervivientes de la hecatombe nuclear resisten la desaparición de la especie, y se enfrentan entre sí desde distintos frentes militares: nazis, comunistas, y el imperio. La historia (que cuenta con la participación de Dimitry Glukhovsky, autor de los bestsellers en los que se inspira la saga) arranca tras los acontecimientos que cerraban Metro: 2033. Artyon buscará la redención a toda costa desde distintos escenarios y frentes, erigido como una especie de salvador para evitar el colapso definitivo de una raza humana, que bajo suelo moscovita, anda enfrentada en una guerra civil para apoderarse del letal armamento descubierto en el D6, y con él imponer su orden y fuerza al resto de facciones.

El jugador, a través de Artyom, volverá a recorrer esos escenarios desolados, angustiosos, esta vez con más salidas al exterior, un exterior igual de tétrico y gélido que su interior. Y como apunté, es la recreación de ese oscuro futuro, donde la vida depende de la máscara antirradiación, o del número de balas que dispongas ante el encuentro con un mutante, la gran baza de este título. Un universo cuidado al detalle, que trasmite vida propia en cada uno de sus recovecos, poblado por gran cantidad de personajes que componen líneas de diálogo brillantes, cargadas de drama, ira y desazón sobre sus realidades ficticias (en mi transcurso del juego intenté no perderme ninguna línea de diálogo, porque resultan impagables). Un desaliento vital, una pesadumbre angustiante, un desgarro interno y una esperanza enterrada por los escombros que contagia al jugador a lo largo de su travesía en el juego, como nunca antes se ha planteado en un videojuego, y que este inmenso trailer con música de Portishead ya parecía adelantar. Un tono atrevido,  que sin embargo no hubiera resultado factible sino contará con un acabado técnico lustroso: modelados realistas y de gran variedad, texturas repletas de detalles, juego de luces bien aplicados sobre el escenario, etc.

En cuanto a su jugabilidad, único punto a recriminarle a su antecedente, Metro: Last Light ha perfeccionado el sistema de juego planteado en la primera parte. Los movimientos del jugador son más fluidos, el sistema de combate se ha pulido, mejorando considerablemente la IA de los enemigos (restando dificultad, y convirtiendo sus acciones en pasos más lógicos dentro del escenario), una de las losas importantes con las que tuvo que verse Metro: 2033. Una jugabilidad que ha querido potenciar la vertiente FPS de la aventura tal y como pone de relieve un extenso y mejorado arsenal, con gran variedad de armas y mejoras que aplicar.  Con ese objetivo han logrado crear grandes estadios de acción desenfrenada, como ese apoteósico final que deja al jugador sin aliento y sin yemas. Se puede actuar en sigilo, pero casi siempre, las acciones terminarán con una montaña de casquillos de bala. Precisamente, la munición, moneda de trueque en esta sociedad subterránea, no escasea como en la primera parte, donde el jugador debía hacer virguerías y tirar de calculadora para salir victorioso de los combates.

La obra analizada tampoco ha querido desprenderse del componente terrorífico, creando grandes instantes de terror, una vez más, gracias al inmejorable trabajo de ambientación. Pero sobre todo, destacable resulta la labor global para llevar al jugador hacía estadios de tensión enfermizos, ya sea combinando todos los elementos técnicos, gráficos, sonoros (un inmensa partitura, con silencios aterradores y sus efectos de sonido), la impecable dirección artística, etc., con otros elementos propios de la jugabilidad, como es el control y la combinación de armas e ítems esenciales para sobrevivir en el infierno moscovita, ya sea la munición, la salud, como la linterna y su carga, o especialmente esas máscaras antirradiación, tan necesarias para sobrevivir a la zonas de radiación pese a que sus cartuchos escasean más que las flores, y que cuando se rompen (dejándote la visibilidad en pantalla bastante jodida), o cuando se acaba el oxigeno, consiguen ponerte de los nervios . Todo esto, combinado con la existencia de malsanas criaturas, que te atacan en manadas y en el momento menos previsto, hace que la experiencia jugable sea bastante espelúznante, alcanzado cotas de terror paralizante (donde poco importa si es en el interior o el exterior, o de día o de noche).

Llegados a este punto, no queda más que encumbrar a Metro: Laast Light como uno de los mejores títulos de un año para enmarcar, presentando la que probablemente sea la atmósfera más realista y lograda de toda la generación, a la vez que apuntilla sus puntos fuertes: gráficos, historia y música, y poniendo más que parches en un sistema jugable, que potencia la carga shooter sin perder la identidad que define la saga, ni su componente más cerebral y terrorífico. El Apocalipsis nuclear y la decadencia de la raza humana nunca había lucido mejor, ni experimentarlo había sido tan estimulante, inspirador y aterrador.

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