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Milanoir (PC)

posted by Xavi Roldan 12 julio, 2018 0 comments
Poliziotti si muore

Milanoir

Ahora, justo cuando abandonamos el revival ochentero para devolverlo allá donde se merece, la zona negativa de las cosas muertas, y nos disponemos a echar mano de la nostalgia de los 90 llegan los de Italo Games y nos dicen que no, que ojo con los 70, otra vez. Y como declaración de intenciones es más que curiosa. Y también patriótica, pero se entiende e incluso se celebra: los italianos reivindican, por el poder que les otorga su propio legado cinematográfico, un género semiolvidado en el resto del planeta. Ese poliziotteschi que trataba de dar eurorespuesta a los thrillers urbanos llegados desde Estados Unidos, una especie de subgénero (dicho de otro modo, la versión italiana del polar francés) que, además de un curioso folklore, aportó un puñado de películas estimables. Así que nada, los 70 siguen vivos.

Por lo menos, aquí, en espíritu. Quizá los resultados globales de este el debut de Italo Games son algo más dudosos. Milanoir es, ante todo, una historia de polis, macarras y putas que cumple como tal. Se despliega en un argumento moderadamente enrevesado que se amolda con facilidad a las curvas del policíaco más o menos estándar. Su narrativa no embiste al jugador, pero cuanto menos lo arrastra con cierta facilidad y lo lleva hacia esos lugares que también pisaba el magnético Hotline Miami, con el que coincide en su estética pop de la ultraviolencia. El problema es que el ritmo no termina de acompañar. En una frecuencia cardíaca que debería estar marcada por las sístoles argumentales y las diástoles mecánicas se observa una cierta arritmia. Es como si no conjugaran las dos vertientes, o como si estuvieran coordinadas, pero a un ritmo demasiado desigual. Quizá es contundencia lo que le falte, tan sobrado como parece ir de actitud. U originalidad. O tino.

Como brawler callejero con pistolas Milanoir se conforma con poco. Con implementar una mecánica decente de twin stick shooter y poco más, quedándose en las ideas básicas y en una variedad más bien escasa. Su sistema de coberturas es simple y limitado, y aunque incorpora alguna que otra idea divertida, como la de poder hacer rebotar balas contra señales de tráfico apuesta por ir directo al grano sin parar a plantearse demasiada sofisticación. El gunplay es un sencillo disparo y recarga continuos, marcado por el frenesí que garantiza la munición ilimitada. Con ello se apuesta más por el flow que por la planificación estratégica del ataque, lo cual no juega en su favor: le falta complejidad para destacar sobre el resto y contundencia para ser, simplemente, un shooter infernal. Y resulta algo torpe en lo que debería ser la coda a cada uno de los capítulos en los que se divide la trama: el diseño de los bosses, frenéticos pero rudimentarios. El resultado jugable es divertido, sí, pero no logra trascender su propia irrelevancia.

Tampoco en el apartado artístico. Atractivo en las distancias largas, pero no particularmente sofisticado, simpático pero no rompedor y decididamente feucho en el diseño de los primeros planos de los personajes. Sí, hay encanto, uno que trasciende las cualidades inherentes de la parte formal del juego, y que viene ligado al significado que el jugador atribuye a la ambientación, propia del thriller americano pero decididamente europea.

Más entrañable en sus planteamientos que interesante en sus resultados, de Milanoir podemos decir lo que solemos en estos casos: que como debut planta bien unas intenciones, y que ahora sólo falta que el estudio plantee sus próximos proyectos encontrando potencia para hacer oír su voz, aliento para poder depurar sus mensajes y empuje para que cada vez les podamos reprochar menos errores. Pero por el momento habrá que esperar.

5,5


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