Super 8 – J.J. Abrams

A la Amblin usanza

J.J. Abrams suele envolver sus proyectos con un velo misterioso, que como parte de una estrategia publicitaria previa,  le reporta unos beneficios considerables en taquilla. Este verano pretende repetir la hazaña rodeado de blockbusters de quilates que se basan en famosos superhéroes de papel, sagas que se cierran y otras que se reabren. Pese a no partir de ninguna franquicia explotada, ni de ningún popular superhéroe, ni contar con rostros conocidos en su reparto, Super 8 no deberían tener ningún problema para plantar cara a estos competitivos rivales a partir de este próximo viernes.

Y es que la película del nuevo niño mimado de Hollywood lleva tiempo levantando expectación a su paso. Unido al dato de que Steven Spielberg ejerce de productor (y padre espiritual) da que pensar en un más que probable nuevo logro para su promotor.

También ayudará una historia familiar que se ubica en los límites de un pequeño pueblo de Ohio en el verano de 1979. Allí un grupo de seis chavales se encuentran engrescados en terminar un corto de zombis con la Super 8 de uno de ellos. Todo se tuerce cuando se encuentran rodando cerca de una estación de tren, y son testigos de un espectacular accidente que termina por hacer descarrilar un tren procedente de la Area 51. El incidente libera a una extraña criatura que alterará por completo la vida de los habitantes de ese pequeño pueblo.

Ya con la lectura de las cinco líneas de su argumento se perciben las coordenadas referenciales a las que ha recorrido su creador para edificar su obra. Aún resulta más evidente si uno se planta delante de la pantalla y absorbe toda esa puesta en escena, todo ese estilo, toda esa textura, y en definitiva todo ese corpus fílmico que huele a tantas películas de finales de los sesenta y de los ochentas, y que tanto hicieron para solidificar el imaginario colectivo de toda una generación y de las que los precedieron.

Super 8 no esconde en ningún momento ser un entregado atributo a un cine añorado. A esos sueños de fantasía que empaquetaba Hollywood, y que tuvieron en la figura de Steven Spielberg y su productora Amblin a sus mejores prescriptores. La sombra de E.T., Encuentros en la tercera fase, Los GooniesCuenta Conmigo (el propio Rob Reiner asesoró a Abrams) traspasa el simple guiño o homenaje, para postularse, en ciertas ocasiones, como una cita explícita.

Pero la película del de Alias, lejos de la redondez que se puede atribuir a algunos de los filmes de más arriba, encalla en cierto sentido con la misma piedra que convierten esos trabajos universitarios documentados con absoluta rigidez, pero que no obstante olvidan arrojar luz nueva al tema, en copias insulsas. El director de Star Trek ha olvidado el siglo en el que vive. Del mismo modo que su pieza es un sentido homenaje a un tipo de cine que muchos jóvenes descubrirán por primera vez (si se acercan a verla), también parece que no haya tenido muy en cuenta los gustos y actitudes de estas nuevas hornadas, y eso puede ser un error de concepción dado el tono familiar, y en ocasiones infantil que irradia el filme. Incluso cuando decide envalentarse con ideas nuevas en la creación de su criatura, patina justo en el momento que deja de ser una fuerza invisible con un sonido aterrador (a lo humo negro de Lost) para convertirse en una fea criatura que mezcla los Aliens con las figuras rocambolescas de Transformers, una caracterización que salta con la línea adoptada por la historia que se cuenta y el mundo bucólico (aunque no idílico) de ese pueblo de Ohio a punto de pisar los 80′s.

Pero las dudas que genera la cinta no sólo se ciñen a la falta de espontaneidad, personalidad, e impulso nuevo en la copia de una fórmula que funcionó tan bien para los chicos de finales de los 70′s y en los 80′s, sino también en el recorrido del largometraje. Super 8 es un filme entretenido, que se consume de forma agradable y sin preocupaciones. Pero también es verdad, que va de más a menos. Ese tono tierno y mágico de los primeros compases, que coinciden con la presentación de los entrañables jóvenes protagonistas, con los que se consigue arrancar más de una carcajada y sobre todo sonrisas de complicidad, unido a las primeras señales que exploran ese trasfondo temático ligado a la familia, al sentimiento de pérdida que invade a padre y hijo tras la muerte de ella, termina transformándose en un tiovivo mecánico (pero efectivo) programado para rellenar los vacíos narrativos que se han destapado con solvencia en su inicio. Eso repercute en que esas sensaciones iniciales tan positivas, y que acogen su máxima expresividad con la genial y espectacular secuencia del tren descarrilando, se diluyan a medida que la película se llena de acción (a veces acción no del todo coherente con lo qué está sucediendo) Con lo que esa magia inicial se convierte, ya en su último tramo, en un empache de la peor vena de Spielberg, esa que tiende a la emoción superficial y a la cursilería dañina para cualquier persona que supere los 12 años o no nade instalado en El país de nunca jamás.

Resulta curioso la mezcla de sabores y sin sabores con que te deja el último filme del creador de Perdidos. Por un lado, satisfecho de reencontrarte con un estilo de hacer cine que ya creías extinto, pero por otra parte, decepcionado por no encontrar signos de personalidad propia, giros que te dejen clavado en la butaca, y elementos más excitantes, o cuestiones más adultas  que la hagan más añorada, más recordable. Es esa suerte de película a la que uno tiene poco que recriminar, pero tampoco demasiado para abrazarse. Lo que queda más claro es que a ese supuesto genio apodado JJ, le queda un largo camino por recorrer si quiere comparase en igualdad con su maestro, y productor de ese filme.

Super 8, pese a todo lo comentado, no deja de ser un interesante e encomiable blockbuster de anclaje nostálgico, que por su distancia formal y temática con los otros estrenos de este verano, se debería ganar una oportunidad en las salas de cine, y puede que incuso a algunos les consiga robar un pedacito de su corazón.

PD: De aquí unos diez o veinte años…¿el director de casting de esta película podrá atribuirse el logro de haber descubierto a Ellen Fanning  o Joel Courtney como en su día sucedió con Drew Barrymore, River Phoenix o Josh Brolin?

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